El plan de Trump coge forma

Mientras el mundo sigue mirando su guerra comercial a golpe de aranceles, Trump ha cerrado otro de sus frentes abiertos: el de los precios de los medicamentos

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El presidente de EEUU, Donald Trump, está empezando a cumplir sus promesas. Mientras el mundo sigue mirando su guerra comercial a golpe de aranceles, Trump ha cerrado otro de sus frentes abiertos: el de los precios de los medicamentos. Y lo ha hecho con la misma lógica que aplica a sus negociaciones comerciales.

El lanzamiento de TrumpRx.gov, un sitio web para ofrecer descuentos en 40 de los fármacos más caros y populares del país, más que una iniciativa sanitaria es un gesto político. El objetivo es que los estadounidenses paguen precios equiparables a los más bajos de los países desarrollados, el llamado modelo de 'nación más favorecida' (MFN, por sus siglas en inglés). En la práctica, significa obligar a las farmacéuticas a vender en Estados Unidos a precios similares a los de Europa o Canadá.

Trump lo resume en una frase tan simple como contundente: los estadounidenses estaban “subsidiando” a los pacientes del resto del mundo. Su promesa de reducciones de hasta el 90% es tan ambiciosa como políticamente rentable. Pero el método elegido dice tanto como el objetivo. La Casa Blanca no se ha limitado a negociar. Ha dado ultimátums.

En agosto, Trump envió cartas a los CEOs de 17 grandes farmacéuticas exigiendo compromisos vinculantes para bajar los precios. Sin rodeos, sin negociación discreta, sin la diplomacia tradicional de Washington. El mensaje fue claro: o aceptan el nuevo marco o habrá sanciones, aranceles u otras medidas. Desde finales de septiembre ya ha llegado a 16 acuerdos con grandes compañías farmacéuticas para alinear los precios con los pagados en otros países desarrollados.

Pero Trump no solo quiere bajar los precios, sino que quiere reconfigurar la industria farmacéutica global. En este sentido, su estrategia incluye forzar a las compañías a fabricar en territorio estadounidense y reducir la dependencia de proveedores extranjeros, especialmente en los principios farmacéuticos activos. En este contexto, la creación del programa FDA PreCheck para facilitar nuevas plantas es la otra cara de la misma moneda: presión por un lado, incentivos por el otro.

Tanto en Europa como en España, el sector lleva avisando meses de que hay que tomar muy en serio las amenazas y presiones de Trump a la industria. Pero todavía es más importante articular una reacción, desde Europa, como puso sobre la mesa Farmaindustria. Fina Lladós, presidenta de la patronal de la industria farmacéutica española, dejó bien claro hace unos meses que había que “reaccionar”.


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