La Casa Blanca no lo maquilla: “El acuerdo representa una reducción histórica en la reducción de dos medicamentos más empleados en Estados Unidos”. Esta es una de las primeras frases del comunicado con el que anunció el acuerdo que, en la práctica, ensaya la cláusula de la nación más favorecida a los medicamentos frente a la obesidad.
El movimiento demuestra que el plan de Donald Trump comienza a dar sus frutos y que sabe muy bien lo que hace, más allá de cualquier excentricidad. Y mientras el presidente norteamericano aplaude, Europa debe preocuparse por un acuerdo que garantiza que Novo Nordisk y Lilly también rebajaran a EEUU el precio de otros fármacos, más allá de aquellos contra la obesidad.
El sector lleva avisando meses de que hay que tomar muy en serio las amenazas y presiones de Trump a la industria. Pero todavía es más importante articular una reacción, desde Europa, como puso sobre la mesa Farmaindustria. Lo dijo meridianamente claro Fina Lladós, la presidenta de la patronal de las compañías innovadoras en su discurso de la Asamblea General Extraordinaria: “Hay que reaccionar”.
Y fue más allá, desgranando las consecuencias de tendrá no ofrecer una réplica efectiva al plan de Trump: “Necesitamos una apuesta decidida de los líderes europeos por la innovación y la investigación en ciencias de la vida para que Europa vuelva a ser líder mundial. De ello depende no sólo la seguridad sanitaria y la salud de los ciudadanos en Europa, sino también la seguridad económica y la competitividad de los países europeos”.
Mientras Trump sigue dando pasos y recoge los frutos de su presión, Europa sigue parada o, haciendo una lectura muy optimista, trazando con gran lentitud su respuesta. El tiempo corre y EEUU avanza, recabando cada vez más inversión en innovación. Esto va muy en serio. Esperemos que cuando llegue la reacción comunitaria no sea demasiado tarde.