El vaso tiene que estar lleno

Como deseo para 2026, desde aquí pedimos que el vaso de la legislación farmacéutica nacional, que todavía debe definirse, no se quede a medias

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Cerramos el año con el acuerdo en Bruselas que se traducirá en el nuevo paquete legislativo europeo. Se trata de una norma fundamental para la industria comunitaria y, por extensión, para el tejido nacional. Establece el terreno de juego al que se tendrá que ceñir el sector en asuntos tan sensibles como el de la protección de los datos y patentes que son una de las bases de la innovación.

Y, por desgracia, Europa vuelve a quedarse corta. Son numerosas ya -quizá más de las deseables- las ocasiones en las que Europa no ha sido capaz de responder con la contundencia y la flexibilidad necesarias a asuntos llamados a marcar el rumbo de la geopolítica mundial. Podemos hablar de temas migratorios o de asuntos geopolíticos, pero aquí nos centraremos en lo que nos atañe.

Esos ocho años de protección, más las eventuales tres prórrogas anuales pactadas en el acuerdo de los Trílogos, dibujan una protección máxima de 11 años. Y eso en el mejor de los casos. El dato contrasta con los 12 años que ofrece Estados Unidos y ya ni hablemos de los ecos que llegan desde China. Esto va de vasos comunicantes: espacio que dejas libre, espacio que ocupa alguien. Y si Europa quiere recuperar su lugar como foco de competitividad, esta propuesta no es suficiente.

El director general de Lilly en España, Juli Gay-Ger

El tema, que ha sido el centro de las conversaciones del sector en las habituales reuniones prenavideñas, también se tocó en un reciente encuentro en Madrid entre periodistas en Madrid y el nuevo director general de Lilly en España, Portugal y Grecia, Julio Gay-Ger. Al ser preguntado, subrayó, en la misma línea en la que se han posicionado patronales como la EFPIA o Farmaindustria, que con el acuerdo se dan pasos adelante, pero también subrayó que se necesita más. De hecho, Gay-Ger dejó una metáfora muy atinada y que puede ser especialmente útil para nuestros legisladores: “El vaso ahora está medio lleno o medio vacío, según lo quiera ver cada uno, pero para ser competitivos, el vaso tiene que estar lleno”.

No hace falta decir mucho más. Lilly, una compañía que se sienta en la misma mesa que gigantes como Apple, sirve como perfecto ejemplo de lo que supone contar con un tejido industrial farmacéutico fuerte en tu territorio. En el caso de España, solo hay que recordar el reciente anuncio de una nueva inversión de 175 millones de euros en la planta de Alcobendas. Una inversión que, igual que ocurre con todas las compañías que apuestan por el territorio, tendrá un efecto multiplicador: reforzará la investigación y generará empleo muy cualificado.

Si el vaso no está lleno, el futuro se va a complicar. Los efectos no los notaremos hoy, quizá tampoco serán demasiado palpables en 5 años, pero en una o dos décadas Europa habrá perdido el pulso por ser un foco de innovación. Si sirve como deseo para 2026, desde aquí también pedimos que el vaso legislativo farmacéutico -que en los próximos meses tiene que terminar de definirse, también en el ámbito nacional- esté lleno. Que no se quede a medias. Será positivo para toda la sociedad.


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