¿Innovación o hipocresía? La farmacia española ante el dilema de los lockers

"La lógica es implacable: si una máquina no puede sustituir al farmacéutico en la oficina de farmacia, tampoco puede hacerlo por arte de magia cuando la instalan las administraciones públicas"

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En España, la tecnología avanza en la farmacia a dos velocidades, dependiendo —claro está— de quién tenga el mando a distancia. Mientras el farmacéutico comunitario asiste, entre atónito y resignado, a cómo se le exigen las máximas garantías profesionales en cada dispensación bajo el mantra de que el acto profesional es indivisible, observamos un fenómeno curioso: la proliferación de lockers de recogida de medicamentos en servicios de farmacia hospitalaria.

La ecuación es sencilla: si la entrega física del fármaco forma parte inseparable del acto de dispensación —esa secuencia sagrada que incluye la validación de la receta, la selección, la verificación y el diálogo indispensable con el paciente—, ¿cómo es posible que la automatización sea una amenaza en la farmacia y una innovación asistencial en el hospital?

Luis de Palacio, expresidente de FEFE y galardonado con el Premio a la Trayectoria en Farmacia en los Premios Fundamed 2025

Para resolver esta duda, es útil mirar hacia Italia. Allí, la FOFI, con la firmeza que se espera de un órgano que se toma en serio la integridad de la profesión, ha construido una doctrina cristalina: la dispensación requiere asistencia "personal y directa" del farmacéutico en todas sus fases, declarando que automatizar la entrega no es conforme con la normativa vigente. Tan serio se toman esto, que han frenado incluso el uso de taquillas en la propia distribución directa pública, como ocurrió tras el requerimiento formal (diffida) de Federfarma en Parma. La lógica es implacable: si una máquina no puede sustituir al farmacéutico en la oficina de farmacia, tampoco puede hacerlo por arte de magia cuando la instalan las administraciones públicas.

Aquí, sin embargo, preferimos el silencio. Mientras en Inca o Alicante se normaliza la entrega 24 horas mediante taquillas, nuestras organizaciones colegiales parecen haber tomado votos de silencio. Resulta fascinante la acrobacia intelectual necesaria para defender que, en el mostrador, la entrega automatizada destruye el acto profesional, pero que, en el hospital, esa misma tecnología es progreso sanitario.
Solo hay dos salidas honrosas ante esta contradicción. Si la entrega es parte del acto profesional, el locker hospitalario exige una justificación jurídica mucho más profunda que la mera comodidad operativa. Si no lo es, entonces permitamos a la farmacia comunitaria usar sistemas equivalentes bajo garantías equivalentes. Lo que es insostenible es mantener esta asimetría regulatoria donde, por razón del operador, la técnica es o bien un pecado capital contra la profesión o bien la vanguardia de la innovación

Quizás sea hora de que nuestras instituciones dejen de mirar hacia otro lado y defiendan, con la misma contundencia que la FOFI, que nuestra profesión no es un servicio prescindible que pueda delegarse en un tótem metálico. Porque la pasividad no es prudencia, es claudicación. Si el silencio sigue siendo la respuesta, no nos sorprendamos si el sistema termina convenciéndose de que, al final, el farmacéutico tampoco era tan necesario en el mostrador.

*Luis de Palacio, expresidente de Federación Empresarial de Farmacéuticos Españoles (FEFE) y galardonado con el Premio a la Trayectoria en Farmacia en los Premios Fundamed 2025.


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