Las elecciones al Muy Ilustre Colegio Oficial de Farmacéuticos de Valencia (MICOF), celebradas el 10 mayo de 2026, han dejado tras de sí una controversia que trasciende el mero resultado electoral. Lo que hoy está en discusión no es únicamente quién debe dirigir la institución colegial durante los próximos años, sino algo mucho más relevante: la integridad del proceso democrático y el respeto a las normas que garantizan la igualdad entre todos los colegiados.
El recurso presentado contra el resultado electoral pone el foco sobre una cuestión especialmente grave: la admisión de votos por correo que presuntamente incumplían de forma evidente lo establecido en los estatutos colegiales. Según se ha denunciado, se aceptaron sobres contenedores que incluían múltiples papeletas de distintos votantes, cuando la normativa exige la individualización y certificación de cada voto emitido. Además, únicamente el sobre exterior iba certificado, mientras que los sobres interiores se entregaban abiertos, comprometiendo no solo la trazabilidad del sufragio, sino también las garantías mínimas de secreto y autenticidad del voto.

No se trata de un tecnicismo administrativo ni de una interpretación menor del reglamento. Las normas electorales existen precisamente para evitar cualquier sombra de duda sobre la limpieza del proceso. Cuando las reglas se flexibilizan una vez iniciada la votación, o se aplican de manera desigual, el daño institucional es inevitable. La democracia colegial no puede depender de interpretaciones acomodaticias ni de soluciones improvisadas al margen de los estatutos.
La cuestión adquiere todavía mayor relevancia si se tiene en cuenta que, de excluirse esos votos irregulares, el resultado final de las elecciones habría sido distinto. Es decir, no estamos ante una incidencia inocua o irrelevante desde el punto de vista cuantitativo, sino ante una circunstancia potencialmente determinante para la proclamación de la candidatura vencedora.
En cualquier proceso electoral serio, el cumplimiento de las normas debe prevalecer sobre la conveniencia del resultado. Admitir votos que no reúnen las garantías exigidas supone trasladar a los colegiados un mensaje peligroso: que las reglas son negociables cuando el contexto lo permite. Y eso erosiona profundamente la confianza en las instituciones profesionales.
El MICOF representa a miles de farmacéuticos valencianos y desempeña un papel esencial en la defensa de la profesión y en la interlocución sanitaria. Precisamente por ello, su legitimidad democrática debe ser incontestable. No basta con celebrar elecciones; es imprescindible que estas se desarrollen con absoluto respeto a los principios de transparencia, igualdad y seguridad jurídica.
El recurso ahora planteado debe analizarse con rigor, independencia y valentía. Porque la verdadera fortaleza de una institución no reside en evitar el conflicto, sino en ser capaz de corregir aquello que compromete su credibilidad. Mirar hacia otro lado ante posibles irregularidades no protege al colegio; lo debilita.
Las instituciones colegiales, como cualquier estructura democrática, solo conservan su autoridad cuando las normas son iguales para todos y se aplican sin excepciones. El voto por correo es una herramienta legítima y necesaria para facilitar la participación, pero jamás puede convertirse en una vía para relajar las garantías electorales básicas.
La transparencia no puede depender del resultado. Debe ser la condición previa que lo legitime
*Sergio Marco es candidato a las elecciones a la presidencia del Muy Ilustre Colegio Oficial de Farmacéuticos de Valencia (MICOF)