La atención de las consultas dermatológicas forma ya parte de la práctica habitual de la farmacia comunitaria, pero los profesionales reclaman más herramientas, formación y estructuras que permitan consolidar su papel en este ámbito. Así lo recoge el informe 'Optimización de la atención farmacéutica para las afecciones dermatológicas en la práctica farmacéutica comunitaria', elaborado por la Federación Internacional Farmacéutica (FIP) dentro de su Programa multinacional de evaluación de necesidades (MNAP, por sus siglas en inglés).
El documento recoge los resultados de una encuesta global a profesionales de farmacia y de un panel internacional de expertos. En total se recibieron 409 respuestas, de las que 142 respuestas válidas procedentes de 51 países se incluyeron en el análisis final. Los resultados muestran la frecuencia con la que las cuestiones relacionadas con la piel llegan a la farmacia. El 85,9% de los participantes afirmó atender consultas de dermatología a diario o varias veces por semana. Entre las situaciones más habituales se encuentran la piel sensible o reactiva, señalada por el 69,7% de los encuestados; el acné, por el 64,1%; la dermatitis atópica o eccema, por el 63,4%; las infecciones o infestaciones cutáneas, por el 62,7%, y los problemas relacionados con el cuero cabelludo y el cabello, por el 60,6%. La FIP advierte de que estos porcentajes reflejan la experiencia declarada por los participantes y no constituyen estimaciones de prevalencia de estas patologías en la población.
La confianza de los farmacéuticos también varía en función del tipo de problema dermatológico. El nivel de confianza positiva —entendida como sentirse "muy confiado" o "algo confiado"— fue mayor ante el acné, el 91,5%; las consultas relacionadas con el cuero cabelludo y el cabello, también el 91,5%; la dermatitis atópica o eccema, el 90,1%; los problemas dermatológicos en bebés y niños pequeños, el 89,9 %, y las cuestiones relacionadas con el sol, el 89,8%.
Por el contrario, la confianza disminuye ante situaciones potencialmente más complejas o que requieren una mayor capacidad de valoración y derivación. De este modo, Eel 65% mostró un nivel de confianza positivo ante posibles signos de cáncer de piel, el 49,1% ante los efectos cutáneos de los tratamientos contra el cáncer, el 41,3% ante la psoriasis y el 34,1% ante la rosácea.
El informe también identifica dificultades concretas. En el caso del acné, los profesionales se sienten especialmente preparados para valorar la gravedad y decidir cuándo derivar, con un 92,9% de respuestas de confianza, así como para ofrecer recomendaciones de cuidado de la piel junto al tratamiento, con un 89,4%. Sin embargo, el diagnóstico diferencial constituye una de las principales áreas de dificultad: el 37,3% manifestó no sentirse confiado en esta tarea.
En la dermatitis atópica, el principal reto es diferenciar el eccema de otras enfermedades inflamatorias de la piel, una tarea que el 59,2% considera complicada. Asimismo, el 48,6% señala dificultades para identificar signos de alarma que indiquen la necesidad de derivar al paciente.
Un papel todavía poco estructurado
Pese a la frecuencia de estas consultas, el papel que desempeñan los farmacéuticos en dermatología continúa siendo, en muchos casos, poco formalizado. Solo el 3,5% de los participantes declara proporcionar o dirigir un servicio estructurado de dermatología o salud de la piel.
La falta de protocolos constituye uno de los principales obstáculos, puesto que solo el 22,5% de los encuestados afirma disponer de guías, protocolos o marcos locales o nacionales para abordar los problemas dermatológicos habituales. Por el contrario, el informe señala que muchos profesionales trabajan sin este tipo de herramientas.
Además, el 59,9% de los participantes afirma que los farmacéuticos de su entorno no tienen actualmente autoridad para iniciar o adaptar tratamientos para problemas dermatológicos frecuentes, mientras que el 52,1% señala que no existen servicios estructurados para las enfermedades de la piel en su práctica.
La remuneración, otra de las asignaturas pendientes
El informe también apunta a limitaciones estructurales que dificultan la consolidación de servicios dermatológicos en farmacia. El 88,7 % de los encuestados asegura que los farmacéuticos no reciben una remuneración adicional por la atención dermatológica.
La FIP señala así que "los profesionales ya están prestando atención a pacientes con problemas dermatológicos, pero en muchos casos lo hacen sin la autoridad, las estructuras de servicio, las herramientas de apoyo a la decisión o los mecanismos de financiación necesarios para desarrollar modelos de atención más consistentes y sostenibles"
Entre las principales barreras identificadas aparecen las relacionadas con el sistema y las políticas, la ausencia de remuneración, la falta de herramientas e información prácticas y las limitaciones de tiempo y de espacio privado para realizar las consultas.
Formación práctica y basada en casos
La formación aparece como otra de las prioridades del informe. Los participantes señalan que han recibido formación en dermatología principalmente mediante talleres o seminarios web breves, una vía citada por el 57%; durante los estudios universitarios de Farmacia, por el 54,9%, y mediante formación impartida por fabricantes o la industria, también por el 54,9%.
De cara al futuro, los formatos preferidos son eminentemente prácticos. El 60,6% apuesta por cursos online interactivos basados en casos reales y escenarios de toma de decisiones, mientras que el 53,5% prefiere módulos o vídeos online breves que puedan completarse en pequeñas sesiones.
El panel de expertos coincide en esta necesidad y pone el foco en competencias como el reconocimiento diferencial de las lesiones, el triaje, la toma de decisiones sobre derivación, el conocimiento de los tratamientos tópicos y el consejo al paciente. También destaca la necesidad de una colaboración más estructurada entre farmacéuticos, dermatólogos, médicos de familia y otros profesionales sanitarios.
En este sentido, los expertos no plantean necesariamente convertir la dermatología en una especialidad farmacéutica independiente. La propuesta pasa por reforzarla como un área de competencia avanzada dentro de la práctica farmacéutica, garantizando unos conocimientos básicos para todos los profesionales y ofreciendo vías de formación avanzada para quienes quieran profundizar en este campo.
España, entre los ejemplos de desarrollo de la dermofarmacia
El informe incluye además una aproximación específica a España. Según los expertos consultados, la formación universitaria en Farmacia aborda la dermatología desde una perspectiva asistencial en el ámbito de la farmacia comunitaria, con contenidos relacionados con la fisiología cutánea, la farmacología aplicada a las enfermedades dermatológicas y la dermofarmacia. A continuación, la especialización posterior se desarrolla principalmente mediante programas de formación continuada, másteres y cursos especializados.
En la práctica, el documento señala que la dermofarmacia está "fuertemente integrada" en la farmacia comunitaria española debido a la frecuencia de las consultas relacionadas con la piel. Los farmacéuticos actúan como primer punto de contacto, ofrecen consejo sanitario, participan en el manejo de problemas dermatológicos, educan a los pacientes y derivan al médico cuando es necesario.
El informe destaca asimismo el papel de las organizaciones profesionales españolas en el desarrollo de protocolos, programas formativos y herramientas para facilitar la implantación de servicios. También señala la existencia de una red de más de 22.000 farmacias comunitarias como factor que favorece la accesibilidad de estos servicios.
Entre los ejemplos españoles recogidos por la FIP figura un servicio dermofarmacéutico que incluye la revisión de la farmacoterapia del paciente, la valoración de factores ambientales y personales que pueden influir en la piel, la revisión de la rutina de cuidado y, cuando corresponde, el consejo sobre complementos alimenticios relacionados con la salud cutánea.
Avanzar hacia servicios liderados por farmacéuticos
El informe identifica distintas posibilidades para ampliar los servicios de salud cutánea liderados por farmacéuticos. Entre ellas figuran actividades estructuradas de cribado de problemas de la piel mediante cuestionarios específicos, programas de seguimiento de enfermedades cutáneas crónicas, terapia iniciada por el farmacéutico y consultas de dermatología dirigidas desde la farmacia que permitan ofrecer atención entre las consultas médicas y reforzar la colaboración con especialistas y atención primaria.
Además, la FIP plantea seis líneas de actuación: desarrollar guías prácticas e interactivas sobre fotoprotección, acné, reparación cutánea, dermatitis atópica y toxicidades cutáneas relacionadas con la oncología; reforzar la formación mediante modelos flexibles y continuos; facilitar la implantación de servicios dermatológicos liderados por farmacéuticos; generar evidencia sobre su impacto económico y sistémico; promover la colaboración internacional y el intercambio de buenas prácticas, y contar con dermatólogos para el desarrollo de guías y formación cuando sea necesario.
En definitiva, el informe dibuja una farmacia comunitaria que ya participa de forma habitual en la atención de problemas dermatológicos, pero cuyo potencial, según la FIP, está condicionado por la falta de protocolos, herramientas prácticas, formación específica, estructuras de servicio, capacidad de actuación y remuneración. El objetivo pasa por dotar a los profesionales de los recursos necesarios para que esta atención pueda desarrollarse de forma más estructurada e integrada con el resto del sistema sanitario.