Santiago de Quiroga
Tuve la oportunidad de acudir el año pasado a la Asamblea general con la que se estrenaba mi buen amigo Alberto García Romero, presidente del COF de Madrid. Despedíamos el año, un día de finales de diciembre, con la noticia de que la desregulación que amenazaba cambiar la planificación farmacéutica se frenaba. El asunto era de tal relevancia, que la sala donde se celebró la asamblea estaba llena a rebosar. La semana pasada tuvo lugar la Asamblea general de este año y la diferencia respecto a la del anterior fue notoria. Sigue siendo curioso que las comparaciones del presupuesto reflejen el estimado del año que finaliza y no el presupuesto, ya que no se puede ver en qué medida se desvía el presupuesto. Esa ligera desviación que hay es, por otro lado, perfectamente asumible.
En la asamblea hubo cierta tensión entre los farmacéuticos que acudieron. Apatía, porque fue una asamblea con poca participación (algo más de medio centenar de farmacéuticos). Los retrasos en los pagos de la Comunidad de Madrid producen ya quejas aireadas, que indican que la situación es insostenible para algunas farmacias. No tiene fácil papeleta García Romero, que debe lidiar con el retraso de pagos de las recetas, cuando los farmacéuticos creen que la clave es negociar bien, y que es el presidente el que debe hacerlo.