Santiago de Quiroga
La iniciativa de Lilly España de mostrar los estándares de calidad a los responsables del informe de la directiva sobre falsificación de medicamentos es todo un acierto. La directiva se debate entre incluir o no la venta por Internet de medicamentos falsos, o dejar para otra nueva directiva el abordaje de la realidad social que es el mercado de medicamentos falsos utilizando la red de redes. Internet es la principal fuente de medicamentos falsificados, y la falta de control hace que se deba trabajar en medidas específicas, nuevas y eficaces.
Atentar contra la salud pública falsificando medicamentos no puede ser una falta administrativa: no estamos hablando de reenvasar azúcar. Entre la vehemencia de Reino Unido, con su dura campaña “alguien está cometiendo un asesinato”, en la que un hombre yace en un callejón, muerto, y la “falta administrativa” hay margen para actuar. La directiva debería ya incluir aspectos que permitan una mayor concienciación de la sociedad sobre la compra por Internet. ¿No tratamos de explicar, a través de campañas magníficas, que el consumo de drogas tiene consecuencias? Es cierto que es difícil legislar algo no definido. Gilbert K. Chesterton, célebre escritor nacido en el siglo XIX, decía que “cuando una cosa merece la pena, incluso merece la pena hacerla mal”. Proteger la salud bien vale una directiva completa, desde el comienzo.