Santiago de Quiroga
En el pasado se han cometido errores. Esto lo podemos aplicar a tantas cosas que resulta una obviedad. La industria farmacéutica no hacía público sus ensayos clínicos, preocupada por la dura competencia. Lilly abrió el camino de la transparencia al publicar en una web todos los ensayos en marcha. Es cierto, en ocasiones se ocultaban trabajos que no habían salido muy bien. Quizá por errores metodológicos del estudio, por cuestiones de seguridad del fármaco o por falta de eficacia. En algunos casos se frenaba la investigación y se anunciaba y venía el desplome en bolsa, si cotizaba. Hemos visto casos de estos muy recientes.
Quizá alguna compañía, en el pasado, no puso mucho entusiasmo en la publicación del estudio. En el pasado, algunos médicos han acudido a congresos acompañados de sus parejas.
Si a las puertas de 2010 se cuestiona que la industria tiene la capacidad de hacer las cosas bien, ser transparente y conjugar su interés comercial con la protección del paciente, nuestra sociedad tiene un problema. Y el sector, en su conjunto, otro. Cuestionar que la industria no puede ser fuente de información porque es sesgada, es negar la evidencia: son los expertos que trabajan en los ensayos y su rigor —el que lo pierde tira su prestigio— lo que hace que sean escogidos para investigar.
Sería un gran fracaso quedarse sólo en la mejora de los prospectos, como alternativa a la DTC.