Santiago de Quiroga
La sanidad tiene un problema que se llama Elena Salgado. De su pasó por el Ministerio de Sanidad nos queda su evidente recelo y desconfianza hacia médicos, farmacéuticos e industria. Es Salgado y no otra, la responsable de la rebaja lineal del precio de los medicamentos anunciada por el presidente José Luis Rodríguez Zapatero la semana pasada, apenas un mes después del recorte de 1.500 millones de euros, que acabará con el margen del sector en España, algo más de 1.000 millones de euros. Recortes sobre los recortes. Jesús Acebillo lo dijo el viernes pasado en un discurso coherente, lleno de datos y realista: el sector entra en pérdidas por decreto ley. Nadie sabe en qué momento la medida adicional del recorte del precio lineal apareció de la nada, ya que no estaba en las medidas iniciales lanzadas por Moncloa en su documento de las 9 a.m. Y nadie duda de que fue la vicepresidenta segunda y ministra de Economía quien la introdujo.
La ministra Trinidad Jiménez trasladó una mirada de sorpresa evidente cuando escuchó la rebaja del precio de los medicamentos que Zapatero anunciaba. Me tranquiliza que no impulsara ella la medida y me inquieta que una desinteresada ministra de Sanidad —reconvertida en ministra de Economía y vicepresidenta segunda— lleve las riendas del sector sanitario desde el Ministerio de Economía. En breve veremos cierres de plantas, despidos y traslados de centros de investigación. Un nuevo modelo, sin duda.