Santiago de Quiroga
No han bastado las duras críticas de Alberto García Romero o la reacción de Carmen Peña del Consejo General o de la patronal FEFE. A la farmacia española le falta llegar con más fuerza a los decisores. Quizá es momento de reflexionar sobre cómo se relaciona la farmacia con los poderes, especialmente el Ministerio de Sanidad. En las comunidades autónomas los colegios, la distribución y las patronales mantienen una relación fluida, pero es el ministerio el que regula, y los varapalos se están multiplicando. Algo hay que hacer. El RDL 8/2010 pone a 7.500 farmacias en pérdidas, y el empleo se verá afectado. Si nos tenemos que apretar el cinturón hagámoslo, pero sin echar por tierra la viabilidad de la oficina de farmacia. Antes de eso hay que hablar de copago, de una política de genéricos adecuada y de eliminar todas esas medidas que han estado socavando la rentabilidad de la farmacia en estos últimos diez años.
Pero para ello es hora de realizar acciones eficaces y de buscar aliados con los que plantear alternativas y soluciones, llegando incluso a las medidas de fuerza. Hemos visto hace escasos meses pulsos de la farmacia con un Ministerio de Sanidad —recordemos el caso irlandés, cuya ministra de Sanidad acabó rectificando— que tomaba medidas lesivas sin justificación. ¿Quieren sacrificios? Muy bien, pues que rectifiquen y corrijan el histórico RD 5/2000. Eso es competencia de Sanidad, no viene impuesto por nadie.