Los quebraderos de cabeza que llevan los impagos de la factura farmacéutica a las boticas de muchas comunidades autónomas se pueden convertir en un problema más allá del económico. Los responsables sanitarios de las distintas comunidades autónomas parecen no darse cuenta de lo que les puede venir encima. No se trata de ajustar y apretar el cinturón a los farmacéuticos, algo que se hace periódicamente con bajadas de los precios de los medicamentos, reducciones de márgenes, deducciones... No, no es eso. El problema es que una administración pública no puede permitirse el lujo de ahogar a sus proveedores y, encima, no pagarles. Es inaceptable y, en este caso, cuando estamos hablando de algo tan importante como la salud de los ciudadanos españoles, los es todavía más. Y es inaceptable que, visto lo visto, se eche la culpa al empedrado y se digan frases como: “Es lo que nos hemos encontrado”. Si es lo que se han encontrado y no tienen mejores soluciones para acabar con ese problema... ¿Para qué se presentaron a las elecciones?
La situación es tan grave que no se trata de ver de qué color es el carné político de responsable autonómico de turno. No, el problema no es ese. El problema es que hay un colectivo, el farmacéutico, que, además de contribuir de manera muy importante con las arcas autonómicas y centrales, es un agente sanitario de primer orden. Un sector al que habría que cuidar y, en ningún caso, tratar a palos y apretar y apretar como si fuera la gallina de los huevos de oro. Porque, señores responsables autonómicos y centrales, ni tienen ya huevos, ni son de oro y dudamos de que quede algo de gallina con todo lo que le ha caído encima al sector en los últimos años.
Los farmacéuticos están preocupados. Los hay que no cobran las facturas correspondientes a casi cuatro meses, y esa lista no hace más que incrementarse. Están al límite, y no es una frase hecha. Tan al límite que, incluso conscientes, como siempre lo han demostrado, de su papel fundamental para garantizar la salud de la población, plantean un cierre patronal. Así lo acordaron en Castellón. Y así ocurrió en verano en Castilla-La Mancha. Señores políticos, tomen nota o esto se nos hunde y luego...