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El sol es un arma de doble filo para las pieles atópicas

El sol es un gran aliado para las pieles atópicas, ya que los rayos ultravioleta tienen un efecto en las células del sistema inmune de la piel inhibiendo la inflamación y actuando sobre los gérmenes infecciosos.

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redacción Sant Just Desvern | viernes, 20 de julio de 2012 h |

El sol es un gran aliado para las pieles atópicas, ya que los rayos ultravioleta tienen un efecto en las células del sistema inmune de la piel inhibiendo la inflamación y actuando sobre los gérmenes infecciosos. Sin embargo, el clima caluroso y húmedo da lugar a un exceso de sudoración que tiende a empeorar los síntomas de estas alteraciones cutáneas.

En este sentido, puede aparecer un sarpullido por calor llamado miliaria rubra, causado por un bloqueo de las glándulas sudoríparas, por lo que se acumula sudor en los conductos ecrinos. Sus síntomas son eritema, la piel se pone roja y áspera, pequeñas ampollas, sobre todo en los pliegues cutáneos y áreas cubiertas por la ropa, y aparición de heridas derivadas del rascado.

Uno de los grupos de personas que debe tener especial cuidado con la exposición solar son las que sufren dermatitis atópica, eczemas, eritemas y otras alteraciones de la piel. En estos casos, se recomienda evitar la exposición solar durante el mediodía, aplicar fotoprotectores con un factor solar elevado que no contengan colorantes, perfumes, conservantes ni parabenos para evitar una reacción fototóxica, aclarar la piel con agua corriente después de cada baño en mar o piscinas, secar la piel sin frotar y aplicar una crema hidratante en todo el cuerpo para contrarrestar los efectos de la deshidratación.

Asimismo, se debe tener en cuenta que una inadecuada exposición a los rayos ultravioleta también conlleva efectos negativos sobre la piel, como las quemaduras, la aparición de manchas, envejecimiento de la piel y el aumento del riesgo de padecer melanomas y cáncer de piel. Debido a esta situación, es necesaria la educación sanitaria a todos los grupos de edad, y en especial a las personas con pieles sensibles y con enfermedades cutáneas.

Entre los consejos más destacados hay que distinguir entre los urbanos y los de playa o piscina. Usar ropas ligeras, como el algodón, el lino o la seda, lavar la ropa con jabones no iónicos, pobres en aditivos y sin suavizantes y ventilar habitaciones para favorecer la eliminación de ácaros o sustancias irritantes se erigen como los hábitos a seguir en ciudad, mientras que en la playa se debe utilizar protección, no permanecer mucho tiempo en el agua y ducharse después de cada baño para eliminar los residuos de las piscinas.