Uno de los desafíos que tiene por delante el Sistema Nacional de Salud (SNS) es gestionar la medicina de precisión, pero para ello es necesario adaptar la organización a diferentes niveles. En el caso concreto de la oncología, las nuevas moléculas están permitiendo que en muchos tumores se hable ya de tratamiento individualizado. Pero seguir avanzando en esta senda requiere de un consenso entre la administración, los pacientes, las sociedades científicas y la industria. Todos son muy conscientes de las dificultades que se están encontrando por el camino: inequidades en el acceso a los tratamientos y desigualdades en los servicios, deficiencias en la financiación... y es por aquí por donde hay que empezar. Todos los agentes de este proceso estuvieron representados en el encuentro ‘Trabajando juntos en Oncología. Por una gestión eficaz’, organizado por Wecare-u en colaboración con Merck en Murcia.
Como indicó Francisco Agulló, director gerente del Servicio Murciano de Salud (SMS), a estas dificultades hay que añadir la sostenibilidad del sistema, que muchas veces se ha visto comprometida por el alto coste de los avances científicos y técnicos. Pero la innovación es el futuro para acercarse a la precisión, y las comunidades se encuentran inmersas en búsqueda de nuevas fórmulas que permitan alcanzar este equilibrio. En la Región de Murcia, Agulló explicó que el modelo organizativo se basa en optar por potentes servicios en grandes hospitales para centralizar el conocimiento, “descentralizando la asistencia lo máximo posible”.
La directora general de planificación, María Teresa Martínez, llamó a la responsabilidad para que las ventajas clínicas de las innovaciones sean suficientes para financiar un fármaco y garantizar la equidad. La experta está convencida de que es necesario evaluar más los procesos para obtener resultados. Por ello, este proceso requiere un cambio en el modelo organizativo y adecuar un acceso equitativo de las innovaciones. En este sentido, “el ritmo de desarrollo es inseparable de la investigación clínica”, apuntó el jefe del servicio de oncología del Hospital Morales Meseguer, Francisco Ayala. Asimismo, considera que hace falta abrir el debate social de lo que se está dispuesto a pagar por una innovación.
En esta línea se posicionó el oncólogo infantil del Hospital La Arrixaca, José Luis Fuster, que puso sobre la mesa el interrogante de quién debe establecer la relación precio-beneficio. Agulló no cree que deba ser un clínico, sino un órgano multidisciplinar con la participación de los pacientes y a nivel nacional o autonómico. Los gestores, a su vez, deben tomar decisiones basadas en criterios de coste-efectividad y no sólo en cuestiones económicas.
La directora de planificación de la consejería explicó la situación en la Región de Murcia. Tras analizar los costes de los fármacos oncológicos en los últimos tres años, el aumento ha sido importante entre 2014-2015. “En el último se ha detectado un incrementado rondando el 15 por ciento con respecto a 2014”, añadió Casimiro Jiménez, subdirector general de farmacia e investigación, al tiempo que mencionó la necesidad de seguir trabajando con herramientas apropiadas que permitan conocer la efectividad de los tratamientos en pacientes concretos. “A partir de aquí plantear las relaciones con los proveedores de productos y servicios farmacéuticos”, indicó.
Pero la industria también tiene responsabilidades. José Luis García, gerente médico de oncología de Merck, explicó el compromiso que tienen. Es el caso de cetuximab (comercializado como Erbitux), “un fármaco que lleva desde 2004 mostrando beneficios a los pacientes” en cáncer colorrectal. En este sentido, García indicó la importancia de constatar esos resultados en salud y la efectividad clínica real del medicamento. “Los intereses son compartidos por parte de la administración o los decisores, gestores o pagadores y la industria”, afirmó García, que además indicó la implicación de Merck por facilitar la llegada de nuevos fármacos a los pacientes.
Pero el ejercicio de evaluación sigue pendiente en el SNS. Es necesario “empezar a cambiar la dinámica en el abordaje de tratamientos con fármacos de alto impacto sanitario y económico”, aseveró el gerente murciano. “Esos resultados ayudarán a mejorar a los estudios, con nuevas hipótesis y evidencias, y a mejorar la práctica clínica”, aseguró Agulló.
En todo este contexto, mantener el equilibrio entre sostenibilidad y equidad es una obligación. Para ello la vía por la que apuesta el Servicio Murciano de Salud es instaurar modelos personalizados de reembolso basados en esta evaluación. Por tanto, las compañías tienen que colaborar en la búsqueda de acuerdos con las autoridades sanitarias para conseguir que los tratamientos lleguen a los pacientes garantizando la sostenibilidad.
Es aquí cuando, a juicio de Jiménez, hay que preguntarse cómo saber qué fármacos son efectivos y a qué pacientes deben ir dirigidos. Este ejercicio pasaría por hacer registros de pacientes que permitan realizar un seguimiento y una evolución de la efectividad de los tratamientos en enfermos concretos. “A partir de aquí plantear relaciones con los proveedores como son los acuerdos de riesgo compartido”, indicó Jiménez. Sin embargo, José Luis Alonso, jefe del servicio de oncología del Hospital La Arrixaca, recordó que además de centrarse en la accesibilidad de las innovaciones, no hay que olvidar que el SNS tiene que analizar cómo se puede asumir esa entrada. “Imaginar nuevas herramientas de gestión y de financiación es clave”.
La industria, con el foco puesto en el paciente, abre la puerta a la colaboración con todos los agentes. Para García es indudable el impacto presupuestario que las innovaciones están teniendo en el sistema, pero gracias a ellas la supervivencia y la calidad de vida en diversas patologías es una realidad. En este sentido, “las compañías, además de dar soporte a la investigación científica, deben analizar qué pacientes deben beneficiarse de determinados fármacos para evitar caer en ineficiencias”.
Una herramienta son los biomarcadores. Su aparición ha hecho posible que se puedan seleccionar qué tratamientos son los más adecuados para cada paciente, asegurando la optimización de terapias. Como explica Ayala, existen biomarcadores para algunos pacientes pero hay muchos fármacos todavía sin un marcador. En este sentido, la administración y las autoridades deben hacer un esfuerzo por luchar contra fragmentación de estos indicadores en el SNS, y dar pasos hacia la personalización.
Para Manuel Molina, director general de Salud Pública y Adicciones, además de reorganizar los modelos de reembolso, hacer más transparentes estos acuerdos y establecer el coste-beneficio es necesario invertir en prevención, ya que “no hay suficientes recursos”. La participación de los pacientes en todas estas fórmulas es imprescindible para el manejo de su enfermedad. Como indicó el vicepresidente de la Alianza General de Pacientes (AGP), Emilio Marmaneu, la falta de adherencia al tratamiento es otra cuestión que inquieta en la práctica clínica y que se suma a las ineficiencias del sistema. En esta línea, el presidente de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), Agustín Navarrete, subrayó la necesidad de protocolizar los procesos y la importancia de que el clínico trabaje en la humanización de la asistencia.