Así se puso de manifiesto en la Jornada de Estudio sobre Financiación Sanitaria en España organizada por la Fundación Bamberg y Lilly
Los economistas no descartan nuevos recortes en Sanidad si no se acometen reformas estructurales en la racionalidad y gobernanza del SNS
carlos b. rodríguez
Madrid
Desde un punto de vista político el discurso de la sostenibilidad del sistema sanitario público va unido casi siempre a demandas económicas. Pero desde un punto de vista económico la clave para abordar la sostenibilidad está en la disposición política para promover reformas estructurales. La semana pasada, expertos en economía de la salud pusieron su diagnóstico sobre la mesa: la crisis de financiación no es más que la manifestación externa de problemas más profundos que afectan a la racionalidad y gobernanza del sistema. Las propuestas se conocen; la cuestión es si hay valentía política para afrontarlas.
La respuesta a esta pregunta se complica a solamente dos meses de unas elecciones autonómicas. La idea general, de hecho, entre muchos de los expertos reunidos la semana pasada por Lilly y la Fundación Bamberg en una Jornada de Estudio sobre Financiación Sanitaria, es que a partir de junio aflorarán nuevos desequilibrios en el sistema, y con ellos nuevos recortes, si no se actúa antes.
“No son tiempos de egoísmos ilustrados. Todos tendremos que asumir sacrificios”, señaló Luis Ángel Oteo, jefe del departamento Directivo y Gestión de Servicios Sanitarios de la Escuela Nacional de Sanidad.
La reforma del sistema de financiación parece lógica para los economistas porque, tal y como está diseñado, el modelo crea incentivos para que el gasto crezca. Llegado el momento de la verdad, “no caben —según Oteo— derechos adquiridos o históricos sobre supuestas rúbricas presupuestarias”. Es decir, las concesiones se tienen que acabar. Sanidad no puede seguir gozando de un privilegio que atenta contra la lógica presupuestaria de no gastar más de lo que se tiene.
Es lo que Francisco Cabrillo, catedrático de Economía Aplicada y presidente del CES de Madrid, denominó el “yo gasto y ya veré cuando lo pago”. Gracias a esta estrategia, las comunidades incurren desde hace años en una serie de gastos que ahora es muy difícil desmontar. Y no se hará, a su juicio, si no se diseñan los incentivos y las restricciones adecuadas. “Los políticos están a la espera de una situación similar a la que había antes para volver a hacer lo mismo. No veo mentalidad a nivel político y sin ella no importa las estrategias que se planteen. Ninguna servirá de nada”, dijo.
Por su parte, el ex ministro y economista Julián García Vargas, comparte esta opinión. “El miedo a actuar en sanidad ha provocado cierto inmovilismo”, aseguró. Un buen ejemplo ha sido precisamente la supuesta defensa (posteriormente desmentida) del presidente de Murcia sobre el copago sanitario.
A ese miedo a actuar en Sanidad se unen dos agravantes. Por un lado, que la crisis ha desbancado a la sanidad como prioridad política en beneficio de los gastos por desempleo y la mejora de la balanza comercial. Por otro, que a nivel institucional tampoco existe un órgano de toma de decisiones en el SNS. Para García Vargas, “el Interterritorial ha perdido papel”. Ni siquiera el pleno del 18 de marzo de 2010 abordó, a su juicio, cuestiones polémicas. El foro más relevante, la Conferencia de Presidentes sobre financiación sanitaria de 2006, también fue bajo su punto de vista “un fracaso”.
Pero la situación obliga a un cambio, porque aunque desde 2007 la crisis ha llevado al gasto sanitario a cotas más bajas de crecimiento, también se ha ampliado la brecha con respecto al PIB.
Agenda consensuada
Más del 50 por ciento de las propuestas que conforman la agenda reformista para afrontar la sostenibilidad y solvencia del SNS convergen: las alternativas a inyectar más dinero en el sistema pasan por remodelar la arquitectura del sistema y fomentar el buen gobierno mediante la evaluación económica, la cohesión, la eficiencia (compartiendo servicios de tecnología avanzada entre comunidades, priorizando compras centralizadas o revisando el listado de prestaciones) o el fortalecimiento de la sociedad civil para frenar una demanda ilimitada.
Deben quedar fuera, para los expertos, el gasto farmacéutico y otras medidas poco acordes a los tiempos que corren. “Lo malo, cuando se inaugura un hospital, es que luego hay que dotarlo. Deben posponerse o ponerse en marcha de forma parcial”, dijo García Vargas. Quizá tras las elecciones...