“El mejor sistema de retribución para las oficinas de farmacia es el que se basa en un margen sobre el producto”. Así lo reitera el último Observatorio del Medicamento hecho público por la patronal estatal de oficinas de farmacia, FEFE, que en base a las conclusiones del estudio sobre los sistemas de retribución en Europa y en el mundo realizado por Vinces Consulting, presentado recientemente, indica que es el modelo de margen sobre el producto es el que presenta más beneficios frente a los basados en la dispensación o los de carácter mixto.
A este respecto, el análisis del sistema de retribución por dispensación conduce a afirmar, tal y como destaca el observatorio, que es “inviable y perjudicial para nuestro sistema sanitario”. Y es que, reiteran, que una vez observada la experiencia de otros países como Irlanda, Noruega, Holanda o Estados Unidos, “el sistema depende de la obtención de bonificaciones de los fabricantes, que en España están prohibidas por la ley”. Igualmente, estima que es inviable “porque se basa en la sustitución de medicamentos de más valor por otros de menor valor para favorecer el ahorro en el gasto público farmacéutico, cuando en España el sistema actual de precio mínimo ya produce este efecto sustitución”.
Igualmente, el observatorio incide en su inviabilidad al resaltar que “se trata de un modelo muy inestable al ir acompañado de bonificaciones de los fabricantes y obligar a que el gasto público farmacéutico dependa del número de prescripciones, lo que es más ‘volátil’ que el precio de los medicamentos”. Así, según dicen, “obligaría a aumentar el copago como consecuencia de la necesidad de aplicar medidas de estabilidad presupuestaria”.
Del mismo modo, reiteran que afectaría negativamente a la distribución: el menor tamaño de los pedidos aumentaría el número de los mismos, provocando una reducción en el margen de beneficio y un incremento de los costes logísticos. Por otro lado, perjudicaría la labor asistencial de las farmacias y la gestión del inventario: la reducción de la retribución fomentaría el incremento del tiempo dedicado a la dispensación de medicamentos frente a otros servicios mientras que, al aumentar el coste de aprovisionamiento para la oficina de farmacia, obligaría a reducir los niveles de inventario medios para los medicamentos de mayor valor.