Los Colegios Oficiales de Farmacéuticos y Veterinarios de Vizcaya han alertado del “crecimiento exponencial” que viene experimentando en los últimos años la demanda de medicamentos para su uso en animales de compañía, por lo que instan a sus colegiados que aboguen por su correcta prescripción, dispensación y utilización. Según destacan ambas corporaciones, este uso “indiscriminado” también se ha producido en las prescripciones de medicamentos de uso humano para su empleo en animales. De hecho, Álvaro Mateos, secretario del Colegio Oficial de Veterinarios de Vizcaya y representante de España y de la Federación de Veterinarios Europeos (FVE) en el Parlamento Europeo, explica que en las clínicas veterinarias se detecta, sobre todo, “el uso de antiinflamatorios del tipo del ácido acetil salicílico, paracetamol e ibuprofeno contraindicados en el 99 por ciento de los casos y con elevada toxicidad sobre todo en los gatos”.
En la mayor parte de las ocasiones, asegura, “el propietario del animal administra este tipo de fármacos, que el utiliza habitualmente, directamente a sus mascotas. El razonamiento que le lleva a su utilización suele ser que como a ellos les ha resuelto algún tipo de patología lo consideran igualmente apropiado para su mascota”. En casos extremos, tal y como narra Mateos, se ha llegado incluso a la Administración de sedantes que tenía prescrito el dueño por detectar un “estado de nerviosismo en el animal”.
Las consecuencias de este mal uso de fármacos en animales pueden ser muy peligrosas, tal y como expone Mateos. “En casos extremos el mal uso de medicamentos puede llegar a producir la muerte del animal por un fallo multiorgánico”. En la mayoría de los casos, apunta, la administración de este tipo de fármacos directamente por los dueños suele ir asociada a una incorrecta dosificación del mismo. A su manera de ver, la falta de información es uno de los principales problemas de este mal uso de medicamentos de uso humano en animales de compañía”, además del “boca a boca” entre los propietarios de las mascotas. A esto hay que añadir el acceso que actualmente existe a los medicamentos de uso humano, puntualiza.
En este sentido, recuerda que para adquirir medicamentos de uso humano que vayan destinados a animales es imprescindible la receta veterinaria. De este modo explica que esta receta “es un elemento de comunicación entre ambos profesionales y, por ello, se pretende concienciar de que su uso no solo es conveniente sino que además es obligatorio”. Además, en ella, dice, se incluyen datos muy importantes de dosificación o duración de tratamiento “que permiten, también al farmacéutico, conocer las particularidades de la tratamiento pautado al paciente (animal) en particular y, con ello, ayudar a que el propietario a que lo realice de forma adecuada”. También se permite identificar al veterinario que ha hecho la prescripción y asegura la trazabilidad del fármaco.
En cuanto a la posible colaboración que puede realizar el farmacéutico en esta materia, Mateos cree que este debe solicitar siempre la receta normalizada e informar a los dueños de las mascotas de que, tanto las prescripciones como las dosificaciones tienen que ir acompañadas del dictamen del único profesional con capacidad de pautarlo que es el veterinario.
Además, señala, es preciso concienciar al consumidor de que otros cauces de compras de medicamentos como por ejemplo Internet o las recomendaciones de tratamientos (antiparasitarios internos y externos, vacunaciones, dietas de prescripción, vitaminas...) en tiendas de animales, tiendas de alimentación, cooperativas ganaderas, peluquerías “además de ir en contra de la legislación sobre medicamentos veterinarios (Real Decreto 109/1995) pueden acarrear un importante riesgo añadido para el animal”.