El mérito de la industria farmacéutica innovadora crece por momentos. Si ya de por sí es compleja la labor que se han encomendado, es decir, la investigación y el desarrollo de novedades terapéuticas, más lo es aún si se atiende a la evolución de algunos factores que determinan la mayor o menor rentabilidad que obtienen los laboratorios. Uno de esos factores es el coste de desarrollo de los medicamentos, que, tal y como señala el informe The R&D cost of a Medicine, realizado por Jorge Mestre-Ferrándiz, Jon Sussex y Adrian Towse de la Office of Health Economics (OHE), podría haberse incrementado en los últimos años.
Así, según este estudio, en el que se analizan los trabajos de varios expertos en la última década, el precio medio que tienen que pagar actualmente las farmacéuticas para lanzar un nuevo producto al mercado rondaría los 1.500 millones de dólares, casi el doble de lo que costaba a principios de década, unos 800 millones. Además, dentro de ese incremento, los expertos encargados de realizar el informe han detectado cuáles son los conceptos que más inciden en dicho comportamiento.
En este sentido, destacan los costes relacionados con el aumento del tiempo que emplean las empresas en desarrollar los medicamentos, producido en buena parte por las exigencias crecientes de las autoridades regulatorias, así como por la propia complejidad de las investigaciones en marcha, debido a que las compañías tienen puesto el foco en enfermedades muy exigentes y a la nueva tendencia consistente en la personalización de las terapias. El aumento de los tiempos, además, redunda en un aumento de los costes de capital, que según el estudio vienen a representar actualmente sobre el 11 por ciento del gasto total que las compañías realizan para poner en el mercado nuevos medicamentos.
También tienen una repercusión importante en el incremento de los costes los gastos extraordinarios (out-of-pocket), que en la actualidad suelen rondar los 215 ó 220 millones de dólares, así como la reducción de la tasa de éxito en las investigaciones. Las estimaciones realizadas en el estudio de la OHE apuntan unos ratios de entre el 49 y el 75 por ciento en fase I; entre el 30 y el 48 por ciento en fase II; y entre el 50 y el 71 por ciento en fase III.
Según los expertos, son las fases II y III en la que más se ha notado esta evolución, y lo explican con la aversión de las autoridades regulatorias al riesgo, así como a la celeridad con la que las compañías avanzan hacia las fases superiores, en las que posteriormente se ven obligadas a renunciar a sus proyectos. Por este motivo, los expertos aconsejan a los laboratorios que dediquen más tiempo a las fases primarias.
Todas estas complejidades están afectando a la rentabilidad que obtienen las compañías de sus inversiones. Así lo indica el informe Measuring the return of innovation, realizado por Deloitte y Thompson Reuters con datos de Pfizer, Roche, Novartis, Sanofi, GlaxoSmithKline, Johnson & Johnson, AstraZeneca, Merck & Co., Eli Lilly, Bristol-Myers Squibb, Takeda y Amgen.
Según el análisis, el retorno cayó del 11,8 por ciento en 2010 al 8,4 por ciento en 2011, una disminución que en términos reales alcanza el 28,8 por ciento. Se achaca este comportamiento a que la tasa de fracasos en las fases más avanzadas de las investigaciones sigue siendo bastante alta y los productos que alcanzan el éxito no consiguen compensar, al menos de momento, el alto coste de los fracasos. Eso sí, hay cierto optimismo con respecto al futuro, ya que se espera que la mejor selección de los productos que alcanzan las fases superiores y el aumento de los costes de desarrollo pueden estar relacionados con un aumento de la tasa de éxito a largo plazo.