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La industria europea busca hacerse un hueco en el desarrollo de la evaluación económica

Las patronales europeas trasladan un mensaje unitario sobre el valor que pueden aportar en la implantación de esta herramienta.

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Redacción Madrid | viernes, 16 de diciembre de 2011 h |

Los modelos actuales
de evaluación económica no son apropiados
para todas las tecnologías sanitarias

Los ejemplos más avanzados inciden en que la metodología sea lo más estandarizada y transparente posible

Acercar la evaluación económica a la toma de decisiones sanitarias ha sido hasta ahora un discurso casi exclusivo de gestores, políticos o expertos en economía de la salud. La necesidad de que esta herramienta sea independiente ha dejado a la industria fuera de juego. Hasta ahora. Las patronales europeas del sector sanitario han decidido trasladar un mensaje unitario sobre el valor que pueden aportar en la implantación de esta herramienta. ¿El objetivo? No quedarse fuera de una acción que está llamada a cobrar un protagonismo radical en la reducción de costes y la generación de un gasto eficiente a nivel nacional e internacional.

A medida que la presión de los mercados cercena los presupuestos sanitarios y hay menos recorrido para estrategias cortoplacistas centradas en las reducciones de precio, la apuesta pasa ahora por estrategias de largo alcance. Siendo una de las más antiguas reivindicaciones, la evaluación económica continúa siendo una de las más demandadas, por los potenciales beneficios que pueden extraerse para las arcas públicas.

El valor de la industria

Sin perder la premisa de que las agencias de evaluación deben mantener su independencia, la industria está segura de poder ser un aliado en un proceso de implantación generalizada y consensuada. Esta premisa ha reunido por primera vez a las patronales europeas de la industria innovadora (Efpia), biomédica (EuropaBio), de genéricos (EGA) y del autocuidado (Aesgp), además de la distribución farmacéutica (GIRP), con otras tres patronales vinculadas a la tecnología sanitaria: Cocir, EDMA y Eucomed.

Todas se alinean con la preocupación general por la sostenibilidad de los sistemas nacionales de salud. Sin embargo, reconocen que los modelos actuales de evaluación económica “no son apropiados para todas las tecnologías sanitarias”, de ahí que la industria reclame su papel para ayudar a desarrollarla correctamente. El documento “El valor de la implicación de la industria en la evaluación económica” ofrece razones para no obviar su participación.

Para empezar, a lo largo del tiempo la industria ha desarrollado una gran capacidad de evaluación económica ‘intramuros’: conocer a la perfección los procesos regulatorios y de reembolso les le ha permitido disponer de un personal con amplia experiencia y un conocimiento exhaustivo de los sistemas que puede resultar muy útil en el desarrollo de las políticas y metodologías comunes.

Además de poder compartir la información extraída de los distintos modelos, la industria produce e interpreta la gran mayoría de la evidencia clínica disponible de los objetos sometidos a la evaluación económica. Como productores, creen que esto les otorga un rol fundamental a la hora de proveer la evidencia médica, social, económica y ética en la que se basa cualquier ejercicio de evaluación económica. Es más, ese conocimiento no solo se genera durante el proceso de investigación y desarrollo, sino que se sigue acumulando durante todo el proceso de comercialización del producto.

Las compañías innovadoras añaden un punto más a la lista. Ser responsables de uno de los mayores esfuerzos innovadores del sector industrial mundial les sitúa, a su juicio, en una posición única para dar a conocer los factores que deberían ser tenidos en consideración a la hora de asegurar el valor añadido que aporta una tecnología innovadora.

Transparencia

Más allá de estos puntos de partida, el documento de consenso subraya que la colaboración de la industria puede ser de utilidad en varias etapas de la evaluación económica. En primer lugar, en el establecimiento del proceso la industria puede contribuir a definir el papel y objetivo de la evaluación económica, ayudando a definir los criterios para seleccionar las tecnologías que deban ser sometidas a examen.

Algunos sistemas emergentes, como el suizo o el estadounidense, ya dan a la industria la oportunidad de involucrarse en esta etapa. Otros con una trayectoria mayor, como el canadiense, el escocés o el inglés, tienen ya asegurada una comunicación regular entre la agencia evaluadora y la industria en los campos relativos al proceso de evaluación, la gobernanza del sistema y la metodología a seguir.

Una vez establecidas las bases, la participación industrial puede ser de mucha utilidad en la evaluación de tecnologías específicas, bien a la hora de presentar propuestas de evaluación (caso de Suecia), permitiendo a los fabricantes discutir el diseño de los estudios y los modelos de evaluación más oportunos (Australia o Reino Unido) y añadiendo toda nueva evidencia disponible.

Con el NICE inglés a la cabeza, los ejemplos más avanzados que hoy actúan como referencia en el terreno de la evaluación económica inciden en lo importante que es que la metodología del proceso sea lo más estandarizada y transparente posible. El sector retoma el mensaje para defender su participación. Es consciente de que un marco robusto y abierto a todos no sólo ayudará a colocar los recursos disponibles de manera más eficiente y mejorará el acceso de los pacientes a los tratamientos, sino que también liberará recursos para seguir innovando.