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La industria tiene el reto de poner al paciente en el centro del SNS y recuperar la confianza social

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Miguel A. Tovar Barcelona | miércoles, 19 de marzo de 2014 h |

“Tras la década de la duda... ¿cuál es el futuro de la industria farmacéutica?”, fue la pregunta que Nigel Brooksby, presidente de Life Sciences Strategy Board, lanzó a los más de 800 delegados asistentes a la jornada inaugural del congreso organizado por Eyeforpharma en Barcelona. Una década (2000-2010) que destruyó más de 550 mil millones de dólares en términos de capitalización bursátil, redujo la productividad de la I+D y dejó unos pipelines muy empobrecidos. De este modo muchas compañías se han visto obligadas a transformarse para volver a crear valor y recuperar la confianza de los públicos de interés.

Mirando hacia el futuro, parte de la agenda de la industria es restablecer la confianza perdida y crear valor añadido para los pagadores y los pacientes, opinó Brooksby. Y, citando un informe de A.T. Kearney, añadió que la industria europea debe idear un modelo radicalmente diferente, organizado alrededor de clientes, en lugar de productos, si quiere recuperar niveles atractivos de crecimiento y competir con los mercados emergentes.

Y puso especial énfasis en que “no podemos olvidar a los pacientes, pues son la razón de ser de la industria”, subrayando la necesidad de que todas las partes interesadas trabajen de forma más estrecha para alcanzar mejores resultados en salud a un menor coste. Esta necesidad de colaboración en la creación de valor fue también uno de los aspectos destacados por Jane Griffiths, presidenta de Janssen para EMEA.

Citando datos de la Efpia, Griffiths recordó que durante los últimos 60 años la esperanza de vida ha crecido entre un 14 y un 17 por ciento. Y detalló que el 73 por ciento de ese incremento es atribuible a la innovación farmacéutica. Una población sana y productiva es una prioridad crítica en la que los medicamentos han jugado y pueden seguir jugando un papel importante, explicó.

Y continuó su análisis observando que en toda Europa el crecimiento del gasto farmacéutico va por detrás del crecimiento del gasto sanitario y representa un porcentaje cada vez menor de éste. “Como industria debemos demostrar que esa es tal vez una decisión errónea y que si se emplean medicamentos innovadores se puede ahorrar gastos en el sistema sanitario”. Y se mostró autocrítica al reconocer que quizá no se ha realizado un trabajo suficiente bueno para demostrar esto a gobiernos y pagadores.

Griffiths fue más allá al reflexionar que el valor tiene distinto significado para cada uno de los actores y que la industria debe conocer cuáles son las necesidades de cada uno, y especialmente averiguar las expectativas de los pacientes. “No basta con ofrecer medicamentos, sino que debemos asegurar que se utilizan correctamente, pues de poco sirve asegurar el acceso y el reembolso si los pacientes no utilizan sus medicinas de manera adecuada o ni siquiera las toman”, afirmó.

También lamentó que no se reconozca suficientemente la importante contribución de la industria farmacéutica a la sociedad y la desconfianza generalizada que aún persiste. Para ilustrarlo ofreció un dato: “según el informe Patient View 2014 sólo un 34 por ciento de los grupos de pacientes confía en la industria”.

Antes de finalizar su intervención Griffiths aseguró que recuperar la confianza y establecer colaboraciones fructíferas pasa también por la transparencia, tanto en lo que respecta a los datos de los ensayos clínicos, compartiendo de manera apropiada todos los datos disponibles, como en lo concerniente a los pagos a profesionales sanitarios.