Algo muy extraño, y contrario a la lógica habitual, está pasando en el mercado farmacéutico español, al menos en un caso paradigmático: el de las estatinas. Durante 2010, simvastatina ha sido uno de los medicamentos que más ha crecido en número de unidades: un 14 por ciento. Y lo hace de manera importante en todas y cada una de las comunidades autónomas. Una circunstancia muy significativa ya que estamos hablando de un producto con más de 25 años en el mercado, con una fuerte presencia de genéricos y del que no ha habido ninguna novedad clínica que justifique una masificación de su uso.
Este caso es todavía más significativo en algunas comunidades autónomas, como Andalucía y Cataluña, en las que el incremento de unidades vendidas en 2010 con respecto a 2009 ha sido del 34,6 y el 27,19 por ciento respectivamente, según datos de IMS Health.
Simultáneamente, las ventas de unidades de atorvastatina en muchas autonomías han caído de manera importante. Así, en Andalucía se dispensaron en 2010 un 12,1 por ciento menos unidades que en 2009 y en Castilla La Mancha se redujo en un 6,06 por ciento.
Estos datos, especialmente los referidos a atorvastatina hablan muy mal de las políticas de promoción de los genéricos de muchas de las comunidades autónomas. Si la salida de los genéricos de un excelente producto como es la atorvastatina, no supone que muchos más pacientes se beneficien de ella, algo se está haciendo mal. Pero además de hacerse mal, se hace de forma descoordinada entre las diferentes autonomías. ¿Cómo es posible que en Galicia hayan subido las prescripciones de atorvastatina un 12,7 por ciento y que en Andalucía, por el contrario, hayan caído un 12,1?
Cuando un medicamento muy antiguo y, por tanto, barato es capaz de reemplazar el papel de un excelente medicamento, que aunque sea algo más caro tiene incluso genéricos, es que la razón del coste ha ganado sobre la asistencial. Y eso es muy peligroso y caro a largo plazo.