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| viernes, 13 de julio de 2012 h |

El siglo XXI no le ha sentado nada bien a la farmacia. Una farmacia que se encuentra inmersa en una crisis desde muchos antes de la caída de Lehman Brothers. Su particular calvario se inició en 2000 con el Real Decreto-ley 5/2000 y ha tenido reiteradas malas noticias en forma de textos legales a lo largo de todos estos años. Decisiones que han llevado a estar cerca de la ruina a un buen número de farmacia.

En la actualidad nos encontramos con que el margen neto promedio de las farmacias se encuentra en niveles de hace nueve años. Durante 2011, el margen de las farmacias fue de aproximadamente 51.928 euros, mientras que en 2003 alcanzó los 51.466 euros. Con una notable diferencia. Ese rendimiento se obtuvo en 2003 con un promedio de 34.712 recetas, mientras que en 2011 fueron necesarias 45.418 para conseguir el mismo beneficio, 10.706 recetas más. Es decir, un 30 por ciento más de actividad, lo que implica mayores costes de gestión y personal para asumir ese incremento de actividad. Y me refiero simplemente a conseguir el mismo dinero en términos corrientes, es decir que en realidad, en estos años, la farmacia ha tenido que trabajar un 30 por ciento más para ganar un 27,3 por ciento menos (que es lo que ha crecido el IPC entre enero de 2003 y diciembre de 2011).

La situación de la farmacia debe cambiar radicalmente. Debe dar un giro a la profesión y a la actividad. Se debe profundizar en la creación de nuevos servicios (especialmente pagados de forma privada), nuevas formas de retribución, más importancia de la venta libre en la factura de la farmacia, mejor gestión... Pero lo que no se puede quedar es quieta. Si lo hiciera, estaríamos ante la crónica de una muerte anunciada.

@JoseMLAlemany en Twitter