Los medicamentos “especiales” ya copan el 43,3 por ciento del mercado global en España, según los datos relativos a 2015 que ha ofrecido por Pere Troein, vicepresidente de Strategic Alliances de IMS Health, en el 57 congreso anual de la patronal europea de la distribución que se está celebrando del 6 al 7 de junio en Noordwijk (Holanda). Este porcentaje es mayor que la media europea (35 por ciento) y solo superada por un país en el viejo continente. Precisamente Holanda, donde este tipo de fármacos suponen ya el 47 por ciento de su mercado global.
Este crecimiento no parece tener techo, analizando su evolución. En 2010, la media europea se situaba en el 26 por ciento (un incremento de casi diez puntos porcentuales en un lustro).
Huelga decir que la catalogación de “medicamento especial” (specialty drugs) tiene más arraigo en la comunidad internacional que en España, donde no suele emplearse este término. En esta categoría entrarían aquellos medicamentos que reúnan una o varias características como: su alto precio, ‘biotech’, inyectables, de suministro limitado, especiales condiciones de conservación (termolábiles), que requieran monitorización o seguimiento, etc.
A nivel nacional, la plana mayor de medicamentos de Diagnóstico Hospitalario y/o innovaciones (salvo excepciones) podrían adoptar esa consideración internacional de “medicamento especial”. Es por ello de suma importancia los datos ofrecidos por el vicepresidente de Strategic Alliance de IMS Health, dado la actual tendencia en España a la dispensación de este tipo de medicamentos en el canal hospitalario frente al canal farmacia. Extrapolando los datos, la botica tendría cerrado actualmente el ‘acceso’, entendiéndose por acceso su dispensación, al 43 por ciento de los medicamentos que conforman el mercado global.
Para el representante de IMS, son tres las razones que llevan a las Administraciones a apostar por su dispensación en hospitales: conseguir mejores precios, controlar el número de prescripciones de los mismos y ahorrarse el margen de distribuidores y farmacias. Para Troein, “ninguna de las tres son buenas razones”.