Elena Salgado
El optimismo tiene un límite, y ese límite a menudo suele ser la cruda realidad. El esfuerzo de la ministra de Economía y del resto del Ejecutivo por asegurar que los incrementos presupuestarios para el año 2010 continúan siendo sustanciosos es loable, pero no pueden competir con la frialdad de los datos del proyecto de presupuestos. Una frialdad que se traduce en políticas congeladas o minoradas. El gasto se reduce a costa de las inversiones públicas, lo que es especialmente escandaloso en el caso de la I+D. Se mire como se mire, los datos y los discursos no cuadran. A ver cómo convencen ahora a la opinión pública de que un motor al que se le racanea la gasolina puede convertirse en el nuevo eje de la recuperación económica.