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Sergio Alonso es redactor jefe de ‘La Razón’ El PP va a tener que sudar tinta china para enderezar la errática e improvisada política farmacéutica desplegada por el Ministerio de Sanidad a lo largo de los siete años y medio de gobierno socialista. El escenario que va a encontrarse el partido de Mariano Rajoy es tan desolador como el que dejaba Atila cada vez que transitaba con sus ejércitos por los Urales. Por un lado, las farmacias agonizan víctimas de la bancarrota autonómica y de la ausencia de créditos bancarios, mientras ven como los productos caros, que eran los que les daban margen suficiente para capear el temporal, se expiden ahora desde los hospitales, empobreciendo a las propias administraciones que han de pagarles. Por otro, los laboratorios innovadores, los que realmente acometen ensayos clínicos y sostienen las endebles redes de investigación de los centros sanitarios españoles, languidecen víctimas de parches administrativos con forma de decreto, adoptados cada vez que Europa presionaba a España por la deuda pública, y del impago por sus productos. Entre medias, se encuentran los pobres médicos, a los que se les ha vetado el poder de prescripción, algo sagrado hasta ahora, en medio del silencio cómplice y a la vez elocuente de varias de las organizaciones que dicen representarles. No hace falta repetir de nuevo aquí los datos que prueban el daño que están sufriendo las farmacias en medio país. Ellas fueron las primeras víctimas de una herencia envenenada en forma de un déficit que alcanza cotas tan vergonzosas como el -4,84 por ciento del PIB en Castilla-La Mancha, o el -3,03 por ciento en la Región de Murcia. Por primera vez en la historia reciente de la sanidad española, tener una botica empieza a ser una rémora, y mantenerla en zonas poco pobladas, un milagro. Los perjudicados serán, una vez más, los pacientes. Más novedosas, en cambio, las estadísticas sobre el mercado de prescripción y sobre los efectos que las políticas socialistas están teniendo sobre la industria innovadora, es decir la que sostiene la I+D+i en biomedicina y la que, a la postre, crea empleo tanto investigador como productor. Los valores registrados por IMS de este mercado a PVL en el mes de octubre, muestran caídas siderales de las ventas de los grandes. Pfizer, por ejemplo, lo hacía un 26,8 por ciento; Novartis, un 16,3 por ciento; Sanofi, un 23,2 por ciento; AstraZeneca, un 20,7 y Roche, un 32,7 por ciento. El acumulado de todo el año también es terrible: Roche se desploma un 23,9 por ciento; Sanofi lo hace un 20,1 por ciento y Almirall, un 17,3. El daño devastador afecta por igual a americanos y a europeos, a grandes multinacionales y a laboratorios españoles, lo que ha empezado a traducirse en un goteo de despidos y reestructuraciones, y en cribas irreversibles a las ayudas para la asistencia a congresos y cursos por parte de los médicos. Mientras esto ocurre, IMS muestra que las copias fructifican: los fabricantes de genéricos disparan sus ventas, destacando los casos de Cinfa, que registra un aumento del 46 por ciento, Teva, que contabiliza una subida del 30,2 por ciento, o Normon, cuyas ventas acumuladas crecen un 47,6 por ciento. | viernes, 09 de diciembre de 2011 h |

Las farmacias agonizan por la bancarrota autonómica y la industria languidecen a golpe de RDL

¿Qué laboratorio de genéricos ha sido el más agraciado con las políticas socialistas tendentes a restar peso a las marcas de fármacos?

¿Qué laboratorio innovador ha sufrido un duro golpe de ventas, pese a que su cartera está configurada básicamente por productos hospitalarios?

¿Qué macro hospital en ciernes es considerado desmesurado hasta por los propios arquitectos que lo han confeccionado?

¿Qué consejero de Sanidad se cree un líder mundial y va impartiendo clases magistrales que, en realidad, son un ladrillo, en las que repite siempre la misma cantinela vacua?