Sergio Alonso es redactor jefe de ‘La Razón’
Al igual que el hombre, el Ministerio de Sanidad es el único animal, en este caso político, que tropieza dos veces con la misma piedra. Durante meses y meses ignoró las quejas plañideras de las comunidades autónomas con respecto a su angustia financiera y el resultado es hoy el que es: las autonomías han terminado ignorándole y legislando por su cuenta y riesgo para recaudar unos miles de euros con los que llenar sus depauperadas arcas públicas. Ahora, el departamento de Leire Pajín vuelve a hacer lo mismo al descolgarse por enésima vez con el ridículo proyecto de unidosis, con el único y exclusivo fin de provocar ruido mediático y hacer ver como que hace cuando en realidad no hace nada de nada. ¿Pero no quedamos en que el ‘colosal’ proyecto que Elena Salgado tumbó cuando llegó a Sanidad por el mero hecho de que antes lo había anunciado Ana Pastor iba a entrar en vigor en enero? ¿Pero no iba a afectar, al menos, a cuatro principios activos en una primera fase? ¿De verdad cree el Ministerio de Sanidad que el nuevo anuncio cuela y que servirá para aplacar los ánimos de las consejerías? ¿Es posible que el Ministerio de Sanidad no tenga a estas alturas en su mano iniciativas más efectivas para atajar el gasto y contener el ímpetu de Economía, en previsión de que Salgado llegue con un nuevo ‘tijeretazo’ verdaderamente punzante para el sector? El Ministerio de Sanidad sigue enrocado en su grave error estratégico de mirar hacia otro lado mientras la bola de nieve de la bancarrota crece y crece a su alrededor. Craso error. Como craso error el de todos aquellos que confían en su supuesta proximidad con Pajín y sus lugartenientes para amortiguar los golpes. En este Gobierno que se desmorona, Sanidad pinta más bien poco, por no decir nada, y sus altos cargos son considerados meros fontaneros a ojos de Moncloa. ¿Ha caído alguien en la cuenta de que aquí los que tienen la sartén por el mango son Salgado y Miguel Sebastián, y no Pajín?
En su ánimo de hacer ver que aquí no pasa nada cuando en realidad está pasando de todo, el Ministerio de Sanidad llega incluso a sacar pecho de su eficacia y muestra para ello las facturas del gasto farmacéutico. Lo que ocurre es que Economía no es tonta, y las antaño adormecidas autonomías se han desperezado al desaparecer el efecto letárgico que causaba Trinidad Jiménez. Por fin han caído ya en la cuenta de que las estadísticas que vende el Ministerio de Sanidad no son ciertas. Como bien apunta Pastor, el gasto farmacéutico de los hospitales, ese que inexplicablemente no figura aún en las cifras oficiales con las que mes a mes nos obsequia el Ministerio de Sanidad, se ha disparado en la mayor parte de las comunidades autónomas. En algunas, hasta el 50 por ciento. Buena culpa de ello la tiene la salida de la contabilidad de las farmacias de los productos dietoterápicos que decretó Alfonso Jiménez, en una operación de maquillaje sin precedentes. También los cientos de productos que han salido de las boticas con dirección al hospital. Se integre donde se integre, el gasto sin embargo crece, y el Ministerio de Sanidad ya no engaña a nadie.
¿Qué laboratorio farmacéutico está siendo el más activo en la redacción del código periodístico de Farmaindustria, que prohibe informar de las medicamentos de prescripción en las redes sociales?
¿Qué patronal ha confeccionado un argumentario en el que, esquemáticamente, se describen los valores y las aportaciones de las empresas a las que representa?
¿Qué consejero de Sanidad socialista está que arde por la subida de su gasto hospitalario en 2010?
¿Qué alto cargo del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad está en el disparadero de muchas autonomías socialistas por sus coqueteos con un sector sanitario?