Crece la incertidumbre entre el personal
de la EMA por el lugar de la nueva ubicación

<p>Guido Rasi confirma que se han producido dimisiones y retirada de candidatos.</p>

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C.R. / M. G. Madrid | viernes, 18 de noviembre de 2016 h |

El Brexit ha provocado que las aguas ya bajen revueltas en el seno de la Agencia Europea del Medicamento (EMA). La incertidumbre empieza a hacer mella en el personal de la institución ante su futuro inmediato. Esa es una de las conclusiones que se extraen de la intervención del director ejecutivo de la EMA, Guido Rasi ante la Comisión de Medio Ambiente, Salud Pública y Seguridad Alimentaria (ENVI) en el Parlamento Europeo.

De hecho y en respuestas a preguntas de europarlamentarios de distintos orígenes geográficos y políticos, Rasi reconoció que “el primer impacto inmediato del Brexit es el clima de incertidumbre que estamos viviendo en la EMA y en segundo lugar su posible reubicación”.

Inmediatamente después el responsable de la EMA señaló una dimensión sobre los recursos humanos que hasta la fecha pocos especialistas han tenido en cuenta. “Estamos preocupados por la posibilidad de que la reubicación pueda incluir pérdida de personal, de expertos de la agencia, lo que puede crear muchos problemas a la hora de conectar con los 4.000 expertos con los que tenemos contacto y que nos permite tener un trabajo de calidad”.

Estas afirmaciones son una buena muestra de la honda preocupación que se tiene en el seno de esta organización compuesta por 900 trabajadores que reciben su salario de la Unión Europea (UE). “La incertidumbre está produciendo una bajada en la motivación de los colaboradores. Estamos preparando y ya tenemos en marcha medidas de apoyo al personal. Hemos empezado la tarea de cazatalentos”, señaló Rasi. El máximo responsable de la EMA detalló algunos de las principales complicaciones que ya están detectando: “Algunos están pensando en buscarse la vida si quieren quedarse a vivir en Reino Unido. Además, en pocos meses hemos tenido seis dimisiones, mientras que en los cinco años anteriores apenas hemos tenido ninguna”. Rasi continuó en esta misma línea al asegurar que “estamos siguiendo la tendencia de nuestros procesos de selección y vemos que algunos candidatos excelentes han retirado su candidatura. No sabemos si tiene que ver con el Brexit”, apunta el director ejecutivo de la EMA.

Más incertidumbre y marzo de 2019

Los europarlamentarios plantearon a Rasi otras cuestiones sobre cómo estaba viviendo la institución el baile de posibles candidaturas, que contribuyen a ampliar la incertidumbre en la EMA. Tonio Borg ex comisario europeo de Salud en la Comisión Europea se atrevió a fijar una fecha tope para iniciar el proceso y animó a acuciar al consejo para que tome una decisión. “Si partimos de la base de que el artículo 150 se va a invocar en marzo de 2019. Es poco tiempo para pensar en un traslado. Habría que apretar las tuercas al consejo para que tome una decisión, porque el día que se produzca la salida debería ser un día más en la vida de la EMA”.

En este sentido Rasi aseguró que la decisión del traslado no recae sobre la EMA, ni que la logística de la mudanza suponga un problema. “La EMA no pinta nada en términos de a dónde vamos a ir. El consejo es quién decide y son los jefes de Estado los competentes. El aspecto logístico y administrativo del Brexit no nos preocupa. Hace dos años ya nos mudamos de edificio y el tiempo de interrupción fue de una hora”. Aunque no escondió que el traslado a otro país es cuanto menos más complicado. “Claro que ir a otro país es harina de otro costal. No nos preocupa tanto a donde vamos a ir, sino a la viabilidad del destino”.

Ante esta circunstancia Rasi recordó a los europarlamentarios que la EMA recibe unos 40.000 personas al año por lo que la ubicación de la nueva sede debe contar con infraestructuras suficientes como aeropuerto internacional, transporte urbano, plazas hoteleras... En definitiva un emplazamiento con una gran conectividad.

Candidatos continentales

Es en este punto en que empiezan a aflorar a lo largo de todo el continente las ciudades candidatas. Más allá de las novias españolas que le han salido a la EMA, también se han postulado Copenhague en Dinamarca, Lyon en Francia, Estocolmo en Suecia o Budapest en Hungría. También hay una corriente en el seno de las instituciones europeas que exige que la EMA recaiga en un país que no cuenten en su territorio con una agencia reguladora europea, lo que reduciría el espectro de candidatos a Bulgaria, Croacia, Rumanía, Chipre y Eslovaquia. Incluso se empiezan a escuchar otras voces que abogan por trasladar la sede de la EMA a un país fuera de la eurozona para evitar susceptibilidades por el euro. Lo único que está claro es que va a ser un proceso complicado debido al complejo funcionamiento interno de la EMA.

Argumentos para que la EMA se quede en Londres

Una de las posibilidades que aún se barajan sobre la salida de la EMA de Londres reside en que las autoridades y la industria farmacéutica británica van a hacer todo lo posible para que la agencia se quede en la capital del Reino Unido. El principal argumento que esgrimen reside en que cerca de un 20 por ciento de los trabajadores de la EMA son oriundos del país y estos gestionan cerca de un tercio del proceso de regulación de la agencia, por lo que la presumible renuncia de este volumen de trabajadores (unos 180) afecte a la agencia y provoque dificultades operativas en un campo tan sensible como el de la regulación de medicamentos, que atañe a la salud pública. El propio Guido Rasi, director ejecutivo de la EMA ha respondido a esta posibilidad poniendo en marcha un centro de captación de expertos por toda Europa “lo más rápido posible”. A esta corriente se han sumado voces de la industria británica. El CEO de GSK, Andrew Witty, aseguró que el cambio de ubicación traería consigo “una pérdida de talento y la interrupción de la agencia y de las actividades de la industria, serían demasiado grandes como para justificar un movimiento”. Además argumentó que en el caso de que se trasladase de Londres los trabajadores estarán pendientes del cambio y no de sus actividades. “Este es un regulador que afecta a la salud de millones de europeos y nadie los quiere distraídos”, señaló. Incluso, George Freeman, miembro del Gobierno, reconoce que “tenemos que demostrar que no es del interés de Europa sacar la EMA de Londres”.