La EFPIA defiende implantar chequeos cardiometabólicos para reducir la carga cardiovascular en Europa

Según apuntan desde la patronal europea, estos programas permitirían mejorar la detección precoz de los factores de riesgo, favorecer la prevención y contribuir a la sostenibilidad de los sistemas sanitarios

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Las responsables de la Plataforma de Salud Cardiovascular de la Federación Europea de la Industria Farmacéutica (EFPIA, por sus siglas en inglés), Victoria Tzouma (presidenta) y Radka Lang (vicepresidenta), defienden la implantación de chequeos cardiometabólicos vinculados a rutas asistenciales como una herramienta para reducir la carga de la enfermedad cardiovascular en Europa. En un artículo publicado por la patronal de la industria farmacéutica europea, ambas sostienen que estos programas permitirían mejorar la detección precoz de los factores de riesgo, favorecer la prevención y contribuir a la sostenibilidad de los sistemas sanitarios.

Tanto Tzouma como Lang enmarcan esta propuesta en el Plan Safe Hearts de la Unión Europea, publicado en diciembre de 2025, que tiene como objetivo reforzar la prevención cardiovascular en la región. En su opinión, el plan supone una oportunidad para avanzar hacia un modelo sanitario más orientado a la prevención y respaldan su objetivo de reducir un 25% la mortalidad cardiovascular prematura para 2035.

En el artículo recuerdan que las enfermedades cardiovasculares continúan siendo la principal causa de muerte en Europa, con 1,7 millones de fallecimientos al año. Además, señalan que alrededor de 60 millones de personas conviven con estas patologías y que su impacto económico supera los 282.000 millones de euros anuales.

La futura recomendación europea sobre chequeos cardiovasculares

Uno de los elementos que destacan del Safe Hearts Plan es la propuesta de una futura Recomendación del Consejo que establezca un protocolo europeo de chequeos cardiovasculares con el objetivo de mejorar la detección temprana de las enfermedades cardiovasculares, la diabetes y la obesidad.

No obstante, Tzouma y Lang subrayan que disponer de protocolos comunes no será suficiente si estos no se traducen en una implantación efectiva. En este sentido, consideran necesarios mecanismos de apoyo a la implementación y proyectos piloto que favorezcan una mayor participación de la población y permitan a los sistemas sanitarios evolucionar desde un modelo centrado en el tratamiento hacia otro basado en la prevención. Las autoras recuerdan que hasta el 80% de los casos de enfermedad cardiovascular podrían prevenirse mediante la detección precoz y un mejor control de los factores de riesgo. Sin embargo, insisten en que el valor de los chequeos no reside únicamente en identificar un problema de salud, sino en garantizar que los pacientes accedan posteriormente al seguimiento clínico, al tratamiento cuando sea necesario y a estrategias de control del riesgo cardiovascular a largo plazo.

Asimismo, defienden que este enfoque supone un cambio de paradigma al centrarse en proporcionar a los ciudadanos información, herramientas y acceso a la atención sanitaria para comprender y gestionar su riesgo cardiovascular, en lugar de responsabilizarlos del desarrollo de la enfermedad.

Para respaldar esta posición, las autoras hacen referencia a un estudio independiente encargado por la Plataforma de Salud Cardiovascular de la EFPIA a PwC, en el que se analiza el valor clínico, económico y social de los chequeos cardiovasculares a partir de la literatura científica y de la experiencia de programas ya implantados. Según recogen, el informe concluye que estos programas mejoran el diagnóstico de la hipertensión, la dislipidemia, la diabetes, la obesidad y la enfermedad renal crónica, lo que se traduce en mejores resultados para los pacientes. Como ejemplo, citan el programa NHS Health Check del Reino Unido, asociado a una reducción del 15% en la incidencia de infarto de miocardio y del 23% en la mortalidad.

El documento también pone de relieve el potencial de la detección precoz para identificar patologías hereditarias como la hipercolesterolemia familiar, cuyo diagnóstico temprano permite iniciar antes el tratamiento y realizar cribados entre familiares para prevenir eventos cardiovasculares.

Las autoras sostienen que la evidencia disponible también apunta a un retorno económico positivo de estos programas cuando se implantan de forma adecuada. Según el estudio de PwC, el ahorro sanitario se produce de manera progresiva conforme disminuyen los eventos cardiovasculares y, con ello, la utilización de recursos asistenciales. En el caso del programa británico NHS Health Check, el informe estima que el retorno de la inversión será positivo en 2040, con un beneficio de 2,93 libras por cada libra invertida en comparación con un escenario sin este programa.

Experiencias en Grecia, Polonia e Irlanda

El artículo recoge además varios ejemplos de programas de chequeos cardiovasculares ya implantados en distintos países europeos. En Grecia, el programa Prevent (Prolamvano) invita digitalmente a personas de entre 30 y 70 años a participar en revisiones de salud y contempla su derivación a centros especializados cuando es necesario. Según las autoras, más de 2,5 millones de personas han sido evaluadas y se han realizado más de 30.000 derivaciones para estudios de enfermedad coronaria.

En Polonia, el programa My Health (Moje Zdrowie) ofrece chequeos a toda la población adulta, con una periodicidad de cinco años entre los 20 y los 49 años y de tres años a partir de los 50. Durante sus primeros cien días de funcionamiento se completaron más de un millón de cuestionarios y el 87% de los participantes continuó con las pruebas diagnósticas.

Por su parte, el Structured Chronic Disease Management Programme de Irlanda, liderado desde atención primaria para la prevención y el manejo de enfermedades crónicas, cuenta con la participación del 97% de los médicos y alcanza una cobertura del 80% de la población destinataria. Según el artículo, los participantes registraron un 30% menos de visitas a urgencias y un 26% menos de ingresos hospitalarios, además de mejoras en la presión arterial, el colesterol y la glucemia.

Conocer el riesgo cardiovascular a partir de los 35 años

Como propuesta de futuro, Tzouma y Lang consideran que la próxima Recomendación del Consejo debería establecer un nuevo estándar para la prevención cardiovascular en Europa, de manera que todos los ciudadanos conozcan sus principales indicadores de riesgo antes de los 35 años mediante una evaluación cardiometabólica integral, seguida de revisiones periódicas a lo largo de la vida.

En su opinión, "estos chequeos deberían incluir el perfil lipídico, la presión arterial, la glucosa en sangre, indicadores de obesidad, el consumo de tabaco, los antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular prematura, la determinación de lipoproteína(a) una vez en la vida y el estado de vacunación frente a infecciones respiratorias relevantes".

Las autoras concluyen que "los chequeos deben ir acompañados de circuitos claros de derivación y seguimiento para garantizar que los resultados obtenidos se traduzcan en un acceso adecuado al tratamiento, a la atención especializada cuando sea necesaria y al control continuado del riesgo cardiovascular".


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