Las enfermedades cardiovasculares continúan siendo la principal causa de mortalidad en Europa y uno de los mayores retos para los sistemas sanitarios. Según datos de la Federación Europea de Asociaciones de la Industria Farmacéutica (EFPIA), este grupo de patologías provoca alrededor de 1,7 millones de muertes cada año en la Unión Europea (UE), afecta a unas 62 millones de personas y supone un impacto económico superior a los 282.000 millones de euros anuales.
La Comisión Europea lanzó en diciembre de 2025 el 'Plan Corazones Seguros', el primer plan europeo específicamente centrado en la salud cardiovascular con el objetivo de avanzar hacia un modelo más preventivo y homogéneo entre los Estados miembro.
En paralelo a esta estrategia comunitaria, que valoró positivamente la EFPIA, la patronal de la industria farmacéutica europea ha publicado su posicionamiento sobre los chequeos de salud cardiovascular en un documento en el que plantea cómo deberían estructurarse los futuros programas de cribado y seguimiento en la UE. En este sentido, considera que "la prevención y la detección precoz deben entenderse como inversiones a largo plazo para garantizar la sostenibilidad de los sistemas sanitarios".
A continuación, el documento recuerda que existe evidencia consolidada sobre el impacto que tiene el control de factores de riesgo modificables —como la hipertensión arterial, el colesterol LDL elevado, la diabetes, el tabaquismo o la obesidad— en la reducción de eventos cardiovasculares graves como el infarto de miocardio, el ictus o la mortalidad cardiovascular.
Evaluación cardiometabólica completa antes de los 35 años
Uno de los principales ejes de la propuesta de la EFPIA es la implantación de una evaluación cardiometabólica completa antes de los 35 años. La iniciativa, resumida bajo el lema 'Know Your Numbers by 35', plantea que todos los ciudadanos tengan acceso a una revisión estructurada en atención primaria que permita identificar de forma temprana posibles factores de riesgo.
Según el documento, esta evaluación básica debería incluir, como mínimo, un perfil lipídico con colesterol LDL, medición de la presión arterial, glucosa o HbA1c, índice de masa corporal y perímetro abdominal, además de información sobre tabaquismo, hábitos de vida y antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular prematura.
La EFPIA también propone incluir la determinación de lipoproteína(a) al menos una vez en la vida adulta, siguiendo las recomendaciones de las guías europeas más recientes sobre dislipemias. El posicionamiento añade además la importancia de revisar el estado de vacunación frente a determinadas infecciones respiratorias como parte del perfil global de riesgo cardiovascular.
La organización considera que este conjunto de parámetros representa la base mínima que debería poder evaluarse en cualquier consulta de atención primaria. Asimismo, sostiene que cualquier resultado fuera de los umbrales recomendados debería activar automáticamente un plan de seguimiento y control.
Estratificación del riesgo y herramientas comunes
Otro de los aspectos destacados del documento es la necesidad de avanzar hacia una evaluación más integral del riesgo cardiometabólico. En este sentido, la EFPIA defiende el uso de herramientas europeas validadas, como SCORE2 o SCORE2-OP, para estratificar el riesgo cardiovascular y orientar la intensidad del seguimiento y de las intervenciones.
La propuesta también contempla la incorporación de otras evaluaciones complementarias para afinar la detección precoz. Entre ellas se incluyen la valoración de palpitaciones y alteraciones del ritmo cardiaco, biomarcadores como NT-proBNP para identificar riesgo de insuficiencia cardiaca, pruebas de función renal y marcadores inflamatorios como la proteína C reactiva ultrasensible.
Según el documento, el objetivo es abandonar un enfoque centrado únicamente en parámetros aislados y avanzar hacia una evaluación más global que tenga en cuenta la interacción entre factores cardiovasculares, renales y metabólicos.
Identificación de grupos de alto riesgo
El posicionamiento de la EFPIA insiste en que los programas de chequeos no deben limitarse a una estrategia uniforme para toda la población. Por ello, plantea que los futuros protocolos europeos identifiquen claramente qué grupos necesitan controles más precoces o frecuentes.
Entre los colectivos considerados de alto riesgo figuran las personas con antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular prematura, hipercolesterolemia familiar, lipoproteína(a) elevada o miocardiopatías hereditarias. También se incluyen pacientes con hipertensión, diabetes, obesidad, enfermedad renal crónica, antecedentes de ictus o enfermedades inflamatorias crónicas.
El documento hace referencia además a otros perfiles con mayor vulnerabilidad cardiovascular, como las personas con VIH, mujeres con antecedentes de diabetes gestacional, pacientes con riesgo de cardiotoxicidad derivada de tratamientos oncológicos y colectivos socialmente vulnerables o con menor acceso a programas preventivos.
En el caso de la hipercolesterolemia familiar, lq EFPIA plantea que los Estados miembro desarrollen estrategias sistemáticas de detección precoz y programas específicos orientados a la identificación y tratamiento desde la infancia.
Más allá del cribado: seguimiento y derivación
Asimismo, la EFPIA subraya que el cribado y la detección precoz, por sí solos, no son suficientes para reducir la carga cardiovascular si no van acompañados de vías asistenciales claras.
Por ello, el documento plantea que el futuro protocolo europeo incluya mecanismos definidos para el seguimiento de resultados anómalos, derivación a especialistas y educación del paciente. Entre las posibles derivaciones se mencionan unidades de lípidos, servicios especializados en hipertensión, diabetología, endocrinología, nefrología, neurología o cardiología.
La organización también defiende la incorporación de estrategias específicas para mejorar la adherencia terapéutica y garantizar que los pacientes mantengan los tratamientos y objetivos recomendados en las guías clínicas.
En este sentido, la EFPIA propone que los Estados miembros utilicen como referencia las guías europeas de prevención cardiovascular de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC, por sus siglas en inglés), integrando un enfoque basado en objetivos terapéuticos y seguimiento estructurado.
El documento apuesta por un modelo combinado que integre programas estructurados de cribado poblacional junto con chequeos oportunistas durante contactos rutinarios con el sistema sanitario. La propuesta contempla, por un lado, programas sistemáticos dirigidos a determinados grupos de edad mediante invitaciones periódicas y protocolos homogéneos. Por otro, plantea aprovechar consultas habituales en atención primaria, análisis de sangre u otras interacciones sanitarias como oportunidades adicionales para realizar controles cardiovasculares.
Según la EFPIA, este modelo mixto permitiría aumentar la cobertura y favorecer una detección más temprana de factores de riesgo en diferentes grupos poblacionales.
Reducir desigualdades en prevención cardiovascular
El 'Plan Corazones Seguros' también pone el foco en las desigualdades existentes entre países y dentro de las propias poblaciones europeas. La EFPIA recoge esta preocupación y plantea que los programas de chequeos incluyan estrategias específicas para llegar a colectivos con menor acceso a servicios preventivos.
Entre las medidas propuestas figuran programas comunitarios, unidades móviles, servicios adaptados culturalmente y actuaciones dirigidas a población rural, migrante o en situación de vulnerabilidad socioeconómica. El documento también señala la necesidad de reforzar la capacidad de atención primaria para gestionar de forma más eficiente a pacientes con riesgo cardiovascular, minimizando la necesidad de derivaciones innecesarias.
Objetivos europeos para 2035
Por último, el 'Plan Corazones Seguros' fija objetivos concretos para la próxima década en materia de control de factores de riesgo cardiovascular. Entre ellos destaca que, para 2035, al menos el 75% de las personas de entre 25 y 64 años se midan la presión arterial una vez al año, porcentaje que ascendería al 90% en mayores de 65 años.
Además, el plan europeo plantea incrementar de forma significativa los controles periódicos de colesterol y glucosa en sangre tanto en población adulta como en personas mayores. La Comisión Europea prevé presentar en 2026 una Recomendación del Consejo sobre chequeos cardiovasculares y desarrollar un protocolo común que sirva de referencia para los Estados miembros.
La EFPIA considera que la puesta en marcha rápida de estas medidas será clave para reducir la mortalidad cardiovascular prematura y avanzar hacia un modelo preventivo más homogéneo en toda la UE.