Farmacéuticas rusas se se lanza a la semaglutida tras la salida de compañías internacionales del país

Las farmacéuticas occidentales pierden terreno en Rusia tras la legalización de copias de sus medicamentos patentados

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El mercado farmacéutico ruso ha experimentado una transformación significativa tras la retirada del popular medicamento Ozempic de Novo Nordisk. En un escenario donde la guerra en Ucrania ha acelerado la desvinculación de las compañías occidentales del mercado ruso, los fabricantes locales han capitalizado la ausencia de este medicamento, generando un auge en la producción de versiones genéricas. Tal y como informó el Financial Times, el gobierno ruso autorizó una serie de “licencias obligatorias” para permitir a los productores nacionales replicar la fórmula de Novo Nordisk sin su consentimiento.

Oportunidad de mercado

El Ozempic, un medicamento diseñado para tratar la diabetes tipo 2, ha ganado popularidad en los últimos años debido a su eficacia en la pérdida de peso. Esta demanda creciente no ha pasado desapercibida para las farmacéuticas rusas, que han aprovechado la oportunidad para lanzar sus propias versiones. Entre las compañías que han dominado este nicho está Geropharm, cuyo producto Semavic ha vendido más de un millón de paquetes en su primer año en el mercado.

En términos de precios, las versiones rusas de Ozempic son considerablemente más asequibles que las originales. Mientras que en Rusia un mes de tratamiento con Semavic cuesta aproximadamente 44 dólares, en Estados Unidos el mismo medicamento original puede superar los 1.000 dólares sin seguro. Este precio competitivo ha consolidado el dominio de los genéricos rusos en el mercado, reduciendo la presencia de Novo Nordisk a apenas un 0,2% del suministro de semaglutida en Rusia, según datos de Headway Company.

Turismo médico

Uno de los efectos colaterales de la proliferación de estos medicamentos es el aumento del "turismo médico inverso". De hecho, algunos consumidores rusos han comenzado a llevar estas versiones de Ozempic a la Unión Europea para su consumo personal, aprovechando la diferencia de precios y la disponibilidad en Rusia.

Además, los foros en línea han servido como plataforma para que los usuarios compartan experiencias y consejos sobre el uso de estos fármacos, en muchos casos incrementando la dosis recomendada para obtener resultados más rápidos. Este tipo de comportamiento, sumado a la venta sin receta de estos medicamentos en muchas farmacias rusas, ha generado preocupación en el sector de la salud.

Falta de regulación

La falta de regulación estricta en la venta de estos medicamentos plantea interrogantes sobre la seguridad y eficacia de los productos genéricos rusos. De hecho, como señala la bióloga molecular Irina Yakutenko en el Financial Times, la ausencia de estudios publicados en revistas científicas revisadas por pares y la falta de verificación de datos clínicos suponen un riesgo significativo.

Irina Yakutenko, bióloga molecular

Asimismo, la mayoría de los fabricantes rusos obtienen los ingredientes activos de China o India, lo que asegura su bioequivalencia teórica con el Ozempic original. Sin embargo, la escasa transparencia en los procesos de fabricación y aprobación suscita dudas sobre la verdadera seguridad de estos productos. Como señala Yakutenko, “este tipo de cosas normalmente funcionan hasta que ocurre la primera catástrofe”.

Impacto

El uso de licencias obligatorias en Rusia no es una novedad. Además, durante la pandemia, el gobierno permitió la producción local de Remdesivir, el antiviral desarrollado por Gilead Sciences. Sin embargo, el caso de Ozempic ilustra cómo estas medidas pueden desalentar a las grandes farmacéuticas de seguir invirtiendo en el mercado ruso. Como declaró Allan Gobbs, socio gerente de ATEM Capital, al Financial Times: “Si tu medicamento tiene éxito, pueden robarlo”.

Este precedente podría hacer que las compañías occidentales reconsideren sus estrategias en Rusia. La posibilidad de perder derechos sobre productos innovadores podría reducir la inversión en investigación y desarrollo dentro del país, impactando el acceso a tratamientos de última generación en el futuro.

El caso de Ozempic en Rusia es un reflejo de cómo las sanciones y la desvinculación de las compañías occidentales han creado un entorno propicio para la expansión de la industria farmacéutica local. De hecho, a corto plazo, los consumidores rusos han encontrado una alternativa más barata y accesible, pero a largo plazo, la falta de regulación y la inseguridad en la protección de patentes podrían afectar negativamente la innovación y la calidad de los tratamientos en el país.

El mercado farmacéutico global está observando con atención esta situación. La respuesta de las grandes farmacéuticas ante la pérdida de control sobre sus productos en Rusia podría marcar el futuro de la industria en mercados con regulaciones más flexibles y abrir un debate sobre la seguridad y eficacia de los medicamentos genéricos producidos sin la supervisión de sus creadores originales.


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