La IFPMA sitúa la vacunación en adultos como clave para el crecimiento económico y la sostenibilidad de los sistemas sanitarios

Un análisis de la patronal de la industria farmacéutica mundial destaca que "no solo ayuda a reducir hospitalizaciones y visitas a urgencias, sino que también contribuye a proteger la productividad laboral y el funcionamiento general de la economía"

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El envejecimiento de la población y el aumento de las enfermedades no transmisibles en prácticamente todos los grupos de edad están cambiando de paulatinamente la presión sobre los sistemas sanitarios y también sobre las economías. En este contexto, la vacunación del adulto se plantea como una herramienta de gran impacto para reforzar la resiliencia social y el crecimiento económico, con un retorno medio estimado de 19 a 1. Así lo recoge un análisis realizado por la patronal de la industria farmacéutica mundial, IFPMA, donde destaca que los beneficios económicos generados superan ampliamente la inversión realizada.

Según el documento, el crecimiento de la productividad se ha frenado, situándose por debajo del 1%, en parte por el envejecimiento de la fuerza laboral. Al mismo tiempo, destaca que el gasto sanitario y el gasto en pensiones siguen aumentando, lo que tensiona cada vez más los presupuestos públicos. A esto se suma, subraya, el impacto del crecimiento de las enfermedades no transmisibles y la multimorbilidad en edades avanzadas, que incrementan la necesidad de recursos sanitarios en un contexto en el que los ingresos públicos crecen más lentamente.

En paralelo, recuerda que las personas adultas, especialmente las de mayor edad, son más vulnerables a enfermedades prevenibles mediante vacunación, sobre todo infecciones respiratorias. A continuación, el documento destaca un dato especialmente relevante: "las personas con enfermedades cardiovasculares pueden tener hasta diez veces más riesgo de sufrir un infarto si contraen la gripe". El impacto económico también es notable. En la Unión Europea (UE), por ejemplo, las enfermedades neumocócicas en adultos suponen alrededor de 13.000 millones de euros al año, de los cuales unos 4.750 millones están relacionados con pérdida de productividad.

A pesar de esta carga, el informe menciona que la vacunación del adulto sigue estando infravalorada en muchas políticas públicas. "Esto implica una oportunidad perdida, ya que la falta de inversión expone a los sistemas económicos a costes evitables, a una mayor volatilidad fiscal y a pérdidas de producción", defiende. También aumenta la probabilidad de picos de gasto sanitario imprevistos, especialmente durante temporadas de alta incidencia de infecciones respiratorias o ante brotes puntuales, lo que complica la planificación presupuestaria y la estabilidad fiscal.

Frente a este escenario, argumenta que la vacunación del adulto se presenta como una solución con efectos en varias direcciones, puesto que "no solo ayuda a reducir hospitalizaciones y visitas a urgencias, sino que también contribuye a proteger la productividad laboral, la base de contribuyentes y el funcionamiento general de la economía". A ello se suman beneficios en términos de equidad en salud y de preparación ante futuras amenazas sanitarias. Todo esto en un contexto en el que el gasto en prevención e vacunación sigue siendo relativamente bajo dentro de los presupuestos sanitarios de los países de la OCDE.

Por otro lado, determina que el impacto económico de las enfermedades respiratorias prevenibles es considerable a escala internacional. El documento recoge cifras como los miles de millones de dólares en EEUU, los costes en miles de millones de libras en Reino Unido o los más de 2.000 millones de dólares australianos en Australia, lo que da una idea de la magnitud del problema en distintas economías desarrolladas.

En este marco, la IFPMA describe la vacunación del adulto como una inversión que genera beneficios sanitarios, económicos y fiscales al mismo tiempo. "Reduce el gasto sanitario, ayuda a sostener la recaudación pública y contribuye a mantener la actividad económica", certifica. Por ello, la patronal propone tratarla como una inversión estratégica, integrarla en las políticas económicas y sanitarias, y evaluarla no solo por su coste, sino también por su impacto en productividad, estabilidad fiscal y resiliencia social.


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