La industria farmacéutica europea alerta de que mantener el modelo sanitario actual llevará a un “declive progresivo”

Thomas Allvin (EFPIA) defiende la necesidad urgente de reformar la forma en que Europa financia y organiza la sanidad y advierte que “gestionar el statu quo no es una opción”

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La sostenibilidad del modelo sanitario europeo se ha convertido en una prioridad creciente en un contexto marcado por el aumento de las enfermedades no transmisibles (ENT), el envejecimiento de la población y la presión sobre los presupuestos públicos. Sin embargo, persisten importantes retos en materia de financiación, prevención, organización asistencial y coordinación entre políticas sanitarias, sociales y económicas.

En este contexto, Thomas Allvin, director ejecutivo de Estrategia y Sistemas Sanitarios de la patronal de la industria farmacéutica europea, EFPIA, ha subrayado la necesidad urgente de reformar la forma en que Europa financia y organiza la sanidad. En su análisis, Allvin advierte de que “gestionar el statu quo no es una opción” y defiende un cambio estructural del modelo sanitario europeo, ya que llevará a un "declive progresivo".

En primer lugar, Allvin destaca que las enfermedades no transmisibles —como las enfermedades cardiovasculares, la diabetes, la obesidad y el Alzheimer— representan entre el 88% y el 90% de todas las muertes en Europa. Además, menciona que "casi una de cada tres personas mayores de 50 años convive con dos o más enfermedades crónicas, lo que incrementa la demanda de atención sanitaria, cuidados de larga duración y prestaciones sociales".

Según los datos expuestos por Allvin, solo cinco ENT importantes generan un coste estimado de 530.000 millones de euros al año en la Unión Europea, lo que equivale a más del 3% del PIB. A esta cifra se suma el impacto 'invisible' de los cuidados informales, que en el caso del Alzheimer se estimó en más de 200.000 millones de dólares en 2019 para la región europea.

En esta línea, Allvin advierte que "esta tendencia está generando una presión creciente sobre los presupuestos públicos de sanidad y protección social en toda Europa". Según la Comisión Europea, el gasto sanitario público podría aumentar del 6,6% del PIB en 2024 al 7,7% en 2070. Otro de los puntos clave del análisis del experto es el envejecimiento de la población. Allvin señala que, para 2050, habrá solo dos personas en edad de trabajar por cada persona mayor, frente a tres en la actualidad. "Aunque algunos países han optado por retrasar la edad de jubilación, el impacto de esta medida dependerá del estado de salud de la población", argumenta.

A continuación, precisa que "la mala salud actúa como un freno estructural al crecimiento económico europeo". Sin crecimiento, añade que "será difícil financiar el aumento del gasto en defensa, la transición verde y digital o el propio estado del bienestar". Por otro lado, Allvin señala que "uno de los principales problemas estructurales es que el modelo sanitario europeo está diseñados para un modelo del pasado, centrado en el hospital, la atención aguda y el tratamiento de enfermedades de forma aislada".

A ello se suma la fragmentación entre sanidad, servicios sociales y cuidados de larga duración, gestionados en muchos casos por distintos niveles de gobierno y presupuestos separados. Según el análisis realizado por Allvin, "esta estructura resulta inadecuada para una población envejecida con múltiples patologías crónicas que requieren seguimiento continuo y apoyo en la vida diaria".

Prevención continua

Otro de los elementos centrales identificados por el experto de la EFPIA es el papel de la prevención. Aunque existe un creciente interés en la prevención primaria —como la promoción de hábitos saludables—, Allvin subraya que la prevención secundaria sigue infradesarrollada en Europa. Esta incluye la detección precoz de enfermedades como el cáncer de mama o colorrectal, el control de factores de riesgo como el colesterol o la glucosa, o el uso de tratamientos preventivos como estatinas en pacientes con antecedentes cardiovasculares.

Según Allvin, "una mejor identificación de personas en riesgo o en fases tempranas de enfermedad supondría un cambio estructural, ya que permitiría evitar hospitalizaciones costosas y mantener a más personas activas en el mercado laboral". También destaca la importancia de los programas de inmunización, especialmente en personas con enfermedades crónicas.

Asimismo, Allvin subraya que la prevención no debe entenderse como una intervención puntual, sino como un proceso continuo. El tratamiento de la obesidad, por ejemplo —mediante cambios en el estilo de vida, cirugía o medicamentos— reduce el riesgo de diabetes, enfermedades cardiovasculares y cáncer. En este sentido, el coste de no actuar suele ser mayor que el de intervenir de forma temprana.

Por otro lado, el experto destaca además el fuerte retorno económico de las intervenciones preventivas. La detección precoz del cáncer colorrectal puede aumentar la supervivencia del 10% al 90% en fases tempranas y reducir los costes en 2,6 veces. En este sentido, menciona que los "programas de cribado en el País Vasco han mostrado reducciones del 16% en incidencia y del 26% en mortalidad, con ahorros de 93 millones de euros" y que "la expansión de estos programas en la UE y el Reino Unido podría generar 331.000 años de vida saludable adicionales al año y 9.900 millones de euros en ahorros".

Asimismo, considera que la ampliación de intervenciones en enfermedades cardiovasculares, diabetes y cáncer de mama podría generar retornos de entre 1,1 y 4,9 euros por cada euro invertido. En el caso de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), el experto añade que "la implementación de programas de gestión en todos los Estados miembro de la UE y el Reino Unido podría generar entre 690,2 millones y 2.100 millones de euros en ahorros por reducción de hospitalizaciones".

A pesar de esta evidencia, Allvin advierte que el presupuesto sanitario no suele reflejar los beneficios a largo plazo de la prevención. "Habitualmente, el presupuesto anual se basa en el del año anterior, menos un objetivo de ahorro fijado por los ministerios de finanzas, que se distribuye de forma lineal entre partidas", señala. Esto, según la EFPIA, genera un ciclo de recortes que impide realizar inversiones estratégicas en prevención y reformas estructurales, incluso cuando estas mejorarían tanto la salud como la sostenibilidad económica.

Para revertir esta situación, Allvin propone tres líneas de actuación principales. En primer lugar, una planificación conjunta entre sanidad, finanzas y protección social basada en una visión plurianual que permita evaluar inversiones con retorno sanitario y económico. En segundo lugar, la integración de presupuestos entre distintos sectores para superar la fragmentación actual del sistema y fomentar una visión global del paciente. En tercer lugar, la exploración de modelos de financiación innovadores como los bonos de impacto social, que permitan atraer inversión privada vinculada a resultados en salud.


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