La lucha contra el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) ha experimentado grandes progresos durante los últimos veinte años, gracias al impulso de la investigación científica, la colaboración internacional y una financiación dedicada de forma sostenida. Estos avances han permitido que, en la mayoría de los casos, la infección pueda manejarse como una enfermedad crónica mediante terapias antirretrovirales (ART), lo que posibilita que millones de personas vivan más tiempo y con mejor calidad de vida.
Sin embargo, pese a los logros alcanzados, el VIH sigue representando un desafío de salud pública, especialmente en regiones y colectivos con mayor vulnerabilidad. Un nuevo informe del IQVIA Institute for Human Data Science alerta de que aún existen importantes necesidades no cubiertas tanto en prevención como en tratamiento, lo que requiere un compromiso continuado por parte de todos los agentes implicados si se quiere avanzar hacia el fin de la epidemia.
El estudio, elaborado de manera independiente y financiado por Gilead, analiza los principales retos que enfrentan actualmente la investigación y el desarrollo (I+D) en VIH, junto con las tendencias de gasto y las políticas sanitarias que podrían condicionar el acceso futuro a nuevas terapias. Entre sus conclusiones, el informe subraya la necesidad de reforzar un entorno que favorezca la innovación y garantice la sostenibilidad del desarrollo de tratamientos.
Desigualdades persistentes
Aunque el acceso global al tratamiento antirretroviral supera los 31 millones de personas, las desigualdades sociales, económicas y sanitarias continúan afectando a la evolución de la epidemia. Problemas como la fragmentación de los sistemas de salud, el estigma y la discriminación dificultan el diagnóstico temprano y la adherencia terapéutica. Además, recoge que mujeres y personas migrantes representan una proporción creciente de nuevos diagnósticos y, según el informe, la oferta actual de tratamientos no siempre responde a sus necesidades específicas.
Por otro lado, sostiene que la falta de adherencia al tratamiento es uno de los factores que alimentan el riesgo de resistencia farmacológica, un fenómeno observado tanto en países de ingresos bajos y medios como en regiones de altos ingresos. En este contexto, se remarca la importancia de terapias más “permisivas” a la adherencia imperfecta, como los tratamientos de acción prolongada, así como la necesidad de innovaciones con nuevos mecanismos de acción y alta barrera genética a la resistencia.
Un enfoque hacia la cura y la vacuna
A pesar de que las terapias actuales logran suprimir eficazmente la carga viral, ninguna es capaz de erradicar el virus del organismo. El desarrollo de una vacuna y una cura funcional sigue siendo uno de los grandes objetivos de la comunidad científica, pero requiere abordar desafíos extremadamente complejos, como el control del reservorio viral. El informe recalca que avanzar en estas áreas dependerá de una inversión sostenida en investigación básica, clínica y traslacional.
El análisis también revela señales preocupantes para el ecosistema de innovación en VIH: tanto los inicios de ensayos clínicos como la actividad de acuerdos en I+D han permanecido estables o en retroceso durante la última década. A ello se suma la influencia de las políticas de gasto sanitario y la regulación, que pueden dificultar el desarrollo de terapias de nueva generación si no se adaptan a las necesidades actuales del sector.
El documento concluye con un llamamiento a todos los actores implicados, administraciones, industria, comunidad científica y organizaciones sociales, para abrir un diálogo que permita anticipar los desafíos y garantizar que los avances logrados no se frenen en los próximos años.