La tecnología CRISPR tiene el potencial de modificar permanentemente genes que causan enfermedades en los pacientes. El desarrollo de técnicas que permitan editar o corregir con precisión y eficiencia el genoma de células vivas es uno de los objetivos principales de la investigación biomédica. La accesibilidad y el enorme potencial de esta tecnología han dado lugar a una revolución casi sin precedentes en las ciencias biomédicas y representan un gran avance en el campo de la terapia génica.
La herramienta saltó a la fama hace más de una década, cuando en 2012 se publicó en la revista Science la investigación sobre edición de genes ganadora del Premio Nobel. A raíz del descubrimiento, un gran número de compañías de biotecnología se han interesado en ella. Según BioPharma Dive, a la vanguardia de esta revolución se encuentra CRISPR-Cas9, una técnica innovadora que utiliza un ARN guía para dirigir la enzima Cas9 hacia una secuencia específica de ADN. Allí, crea un corte preciso que permite la inserción, eliminación o modificación de genes, abriendo la puerta a avances médicos transformadores.
Otras técnicas de edición genética incluyen:
- Nucleasas tipo TALEN (Transcription Activator-Like Effector Nucleases) y nucleasas de dedos de zinc (ZFNs): métodos establecidos que utilizan enzimas de restricción diseñadas para atacar secuencias específicas de ADN.
- Edición de bases y edición prime (Base Editing y Prime Editing): estrategias avanzadas que utilizan proteínas de fusión formadas por una Cas9 modificada y ARN guía, combinadas con una desaminasa (para la edición de bases) o una transcriptasa reversa (para la edición prime), permitiendo modificaciones precisas sin generar rupturas de doble cadena en el ADN.
Lluis Montoliu, investigador del Centro Nacional de Biotecnología (CNB) del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) explicó hace unos meses a El GlobalFarma que “la tecnología CRISPR está avanzando rápidamente, con 109 ensayos clínicos en curso para tratar enfermedades congénitas como la amiloidosis por transtiretina o el angioedema congénito“. Aunque, admitió que “el grueso de estas investigaciones está liderado por pequeñas compañías biotecnológicas, no por grandes farmacéuticas”.
Sin embargo, los expertos consideran que la eficiencia de la edición genética puede verse limitada por el tipo de célula, especialmente en células primarias o células madre pluripotentes inducidas (iPSCs), donde puede caer por debajo del 5%. "Las técnicas tradicionales, como la secuenciación Sanger y los métodos basados en gel, simplemente no ofrecen la sensibilidad necesaria para identificar estos eventos de edición en poblaciones celulares diversas", precisa el análisis de BioPharma Dive.
Por otro lado, la secuenciación de próxima generación (NGS) ofrece una alternativa prometedora, pero presenta desafíos significativos relacionados tanto con el costo como con el flujo de trabajo. Además, los procesos de preparación para NGS pueden introducir sesgos que afectan la detección de alelos editados, lo que podría distorsionar los resultados. Para aprovechar plenamente el potencial de la edición genética, es crucial abordar estos desafíos.
Hace casi un año, Estados Unidos marcó un hito al aprobar, a través de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés), la primera terapia génica que utiliza la tecnología CRISPR para tratar a pacientes con anemia falciforme. Poco antes, la Agencia Reguladora de Medicamento y Productos Sanitarios de Reino Unido (MHRA, por sus siglas en inglés) hizo lo propio. El pasado mes de febrero, fue la Agencia Europea de Medicamentos (EMA, por sus siglas en inglés) la que la aprobó, tras la opinión positiva de su Comité de Medicamentos de Uso Humano (CHMP, por sus siglas en inglés)