Las altas tasas de abandono en ensayos de obesidad retrasan las aprobaciones y elevan los costes de desarrollo

Un documento de Fierce Pharma señala que, a diferencia de los estudios de otras patologías, donde la mejoría puede ser visible en semanas, en los ensayos sobre obesidad el proceso se desarrolla durante meses

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Los ensayos clínicos representan una esperanza de tratamientos que cambian la vida para cualquier patología. Sin embargo, los que se realizan en obesidad se enfrentan a tasas de retención más bajas y a un mayor abandono cuando los participantes descubren que su condición requiere cambios en el estilo de vida y un progreso gradual. En este sentido, un documento elaborado por Fierce Pharma subraya que las altas tasas de abandono comprometen la potencia estadística y la integridad de los datos, al mismo tiempo que retrasan las presentaciones regulatorias y aumentan los costes de desarrollo.

A diferencia de los estudios para otras patologías, donde la mejoría puede ser visible en cuestión de semanas, en los ensayos sobre obesidad el proceso se desarrolla en meses, "a menudo con retrocesos que se sienten como fracasos". La duración de los estudios también es otro desafío importante a tener en cuenta, según el documento. En concreto, se extienden más de 12 meses y los pacientes experimentan desde fatiga motivacional a pérdida de entusiasmo.

"Aunque las mesetas en la pérdida de peso son clínicamente normales y esperadas por los investigadores, estos periodos pueden ser psicológicamente aplastantes para los participantes que entraron a los ensayos con grandes expectativas de mejora continua", abunda el documento. A continuación, precisa que "los participantes pueden concluir que si el tratamiento no funciona ahora, nunca lo hará, sin darse cuenta de que las mesetas a menudo preceden a una nueva pérdida de peso".

Asimismo, el documento recoge que los participantes en estos ensayos clínicos deben gestionar simultáneamente restricciones dietéticas, regímenes de ejercicio, horarios de medicación y evaluaciones clínicas frecuentes, mientras enfrentan efectos adversos relacionados con la medicación como náuseas, vómitos, fatiga y trastornos gastrointestinales que pueden interrumpir significativamente las actividades diarias y el rendimiento laboral. "Esta carga multifacética puede sentirse como asumir un trabajo de tiempo completo mientras se mantienen todas las responsabilidades de la vida cotidiana", sostiene.

Por otra parte, alude a los extensos requisitos de documentación (seguimiento dietético, monitoreo de actividad, reporte de síntomas) a los que se someten los pacientes, admitiendo que pueden convertirse en fuentes de estrés diario en lugar de herramientas útiles, especialmente para los participantes no acostumbrados al automonitoreo exhaustivo o que carecen de confianza con la tecnología.

Otro aspecto destacado por el informe es la gestión de los participantes que no responden al tratamiento como se esperaba. En este punto, asegura que aunque algunos pueden no responder a la intervención principal del tratamiento, su participación continua sigue siendo científicamente necesaria para un análisis de datos integral y la evaluación regulatoria. Sin embargo, señala que mantener el compromiso entre los no respondedores requiere estrategias especializadas que aborden el profundo impacto psicológico del fracaso percibido del tratamiento.

Las agencias reguladoras requieren conjuntos de datos completos que incluyan tanto respondedores como no respondedores para evaluar plenamente los perfiles de tratamiento. Sin embargo, especifica que "pedirle a alguien que continúe participando en un estudio cuando lo percibe como un fracaso exige una sensibilidad y un apoyo extraordinarios".

Asegurar el acceso

Seguidamente, el documento señala que los ensayos sobre obesidad luchan por lograr una demografía adecuada porque las poblaciones desatendidas enfrentan barreras significativas para participar, incluidas el acceso limitado a la atención médica, restricciones socioeconómicas y una desconfianza arraigada hacia la investigación clínica. "Estas poblaciones pueden enfrentar dificultades prácticas como problemas de transporte, conflictos de horario laboral y distintos niveles de familiaridad con los procesos de investigación clínica, lo que requiere estrategias de participación especializadas y enfoques de reclutamiento culturalmente competentes", asegura.

Por esta razón, considera que la base de la retención exitosa de pacientes radica en crear conexiones genuinas entre los participantes y su equipo de atención. "La participación efectiva del paciente comienza con marcos de comunicación personalizados que ofrecen mensajes adaptados según las necesidades, el progreso y las preferencias individuales de cada participante", confirma.

Para concluir, el documento especifica que el éxito, además de tratamientos innovadores, demanda un enfoque integral centrado en el paciente, que atienda sus necesidades motivacionales, prácticas y emocionales.

Nuevos tratamientos

La obesidad ha sido uno de los mayores retos de la medicina moderna, representando una de las principales causas de muerte prematura y discapacidad en todo el mundo. A lo largo de las últimas décadas, la industria farmacéutica se ha enfrentado a numerosos fracasos en su intento por desarrollar tratamientos eficaces contra esta enfermedad. No obstante, en los últimos años, los avances han desencadenado una transformación en el tratamiento de la obesidad e impulsado una oleada de inversión en esta área por parte de las compañías. La aparición de los agonistas del receptor GLP-1 ha marcado un antes y un después en el abordaje terapéutico de la obesidad, ofreciendo nuevas esperanzas tanto a los pacientes como a los investigadores.

Los GLP-1, que fueron inicialmente desarrollados para el tratamiento de la diabetes tipo 2, han demostrado una eficacia notable en la reducción del peso corporal. Uno de los primeros medicamentos en esta clase fue Byetta (exenatida), aprobado en 2005 para la diabetes tipo 2, y que mostró efectos en la regulación del apetito. No obstante, fue en 2021 cuando la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) aprobó Wegovy (semaglutida, Novo Nordisk) para el tratamiento de la obesidad. Este fármaco demostró en ensayos clínicos que, cuando se combina con un cambio en el estilo de vida, puede llevar a una pérdida de peso media sostenida del 14,9%, con el 86% de los pacientes alcanzando al menos un 5% de pérdida de peso.

En un primer momento, el principio activo más potente para la pérdida de peso fue la semaglutida. Pero, con la llegada de Mounjaro, la situación cambió. Tanto es así que Lilly publicó el pasado mes de diciembre los resultados principales del primer ensayo clínico aleatorizado abierto de Fase IIIb SURMOUNT-5 que comparaba a Mounjaro con Wegovy. En ellos se muestra que Mounjaro proporcionó una pérdida de peso relativa un 47% mayor en comparación con Wegovy (semaglutida). “A las 72 semanas, Mounjaro superó a Wegovy tanto en el criterio de valoración principal como en los cinco criterios de valoración secundarios clave en este ensayo de adultos con obesidad o sobrepeso con al menos un problema médico relacionado con el peso y sin diabetes, logrando una pérdida media de peso del 20,2% frente al 13,7%”, confirmó la compañía a través de un comunicado.


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