Hace unos días, la patronal de la industria farmacéutica europea, EFPIA, situó a Japón como un ejemplo de cómo integrar la innovación farmacéutica en la estrategia económica de un país e instó a la UE a adoptar un enfoque similar para reforzar su competitividad global. Así lo defendió Thomas Gelin, director ejecutivo de Asuntos Internacionales de la EFPIA, en un análisis publicado por la propia organización.
Gelin tomó como referencia la reciente aprobación en Japón de la Política Básica sobre Gestión y Reforma Económica y Fiscal 2026 (Honebuto), un documento que fija las principales prioridades del Gobierno y que sitúa a las ciencias de la vida como un activo económico estratégico, más allá de su papel dentro del sistema sanitario.
Según explicó, el Honebuto compromete al Ejecutivo japonés a fortalecer el ecosistema de las ciencias de la vida mediante inversiones sostenidas en investigación y desarrollo (I+D), fabricación e innovación. Además, recogió el objetivo de impulsar el mercado de medicamentos innovadores protegidos por patente —incluidos los first-in-class y best-in-class— hasta alcanzar un crecimiento similar al promedio del 9,6% registrado en el resto de países del G7.
El documento también contempla seguir analizando medidas para mejorar la remuneración de la innovación, reforzando la fijación de precios de los medicamentos patentados en el momento de su incorporación al Seguro Nacional de Salud (NHI) y preservando unos niveles de precio adecuados durante todo el periodo de vigencia de la patente.
Para conocer el alcance de la propuesta, David Cantarero, catedrático de la Universidad de Cantabria y responsable del Grupo de Economía de la Salud del Instituto de Investigación Sanitaria Valdecilla (IDIVAL), explica a El GlobalFarma que "merece una valoración positiva, aunque con muchos matices".
Según Cantarero, "el principal acierto del enfoque japonés no reside solo en mejorar la remuneración de los medicamentos innovadores, sino en considerar todo lo relacionado con la salud como un activo estratégico de política industrial y de competitividad". Para el experto, "en un contexto de creciente competencia global por atraer inversión, ensayos clínicos, fabricación e I+D, disponer de un marco regulatorio estable, predecible y alineado con una estrategia industrial resulta clave". En este sentido, considera que "la propuesta de crear una European Pharmaceutical Taskforce para coordinar las políticas sanitaria, industrial y comercial es una iniciativa de interés para reforzar la posición europea".
No obstante, señala que "la competitividad no puede basarse solo en mantener precios más elevados" y que "el verdadero reto consiste en remunerar la innovación en función del valor terapéutico aportado, combinando incentivos adecuados para la I+D con evaluaciones basadas en el valor, acceso temprano a los pacientes y sostenibilidad financiera de los sistemas sanitarios".
Por todo ello, Cantarero concluye que "más que replicar el modelo japonés, Europa debe construir un modelo propio que integre innovación, competitividad, autonomía estratégica y equidad en el acceso a los medicamentos". "Ese equilibrio será la verdadera clave para fortalecer un cada vez más necesario liderazgo europeo ante su debilidad actual", determina.