Empieza a ser habitual que sea Santander la ciudad donde se de por iniciado ‘oficiosamente’ cada curso farmacéutico. Con la vuelta a la actividad tras el parón estival, son diversos los encuentros y seminarios que, organizados por entidades del sector y en colaboración con la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, se suceden en la capital cántabra en septiembre. Uno de esos eventos ya “clásicos” es el curso del Instituto de Formación Cofares (IFC). Los próximos días 12 y 13 cumplirá su novena edición. En esta ocasión, bajo el lema “Atención Domiciliaria: continuidad asistencial”. La presidenta de IFC desgrana con EG los objetivos de la cita.
Pregunta. ¿Qué supone para IFC que este encuentro se haya consolidado como referente de la agenda del sector cada año?
Respuesta. Una enorme satisfacción y un reconocimiento a la inquietud que nos mueve. Son ya nueve ediciones, y en cada una de ellas hemos planteado un tema de reflexión y debate de relevancia para el sector. El IFC tiene entre sus objetivos, desarrollar actividades que promuevan la visibilidad de los farmacéuticos comunitarios como agentes de salud, en primera línea para los pacientes. Estos encuentros son una manifestación clara de nuestra implicación y la de Cofares.
P. Respecto a esta edición, el programa se centra en la Atención Domiciliaria. ¿Qué se pretende y a qué motivos responde con la elección de esta temática?
R. La atención domiciliaria y la continuidad asistencial son una necesidad ineludible. El cambio demográfico es un éxito sanitario y un reto social. Los más de 500.000 ciudadanos con más de 80 años, que en su mayoría desean vivir en su domicilio, necesitan nuevos servicios sanitarios y profesionales capaces de hacerlos llegar donde los necesitan: su domicilio. Entre ellos, la continuidad de la atención farmacéutica es un eslabón esencial. Los farmacéuticos comunitarios son los profesionales que más veces ven a los pacientes, los más accesibles, y debemos posicionar nuestro conocimiento al servicio del sistema sanitario para abordar los cambios que ya son una realidad.
P. ¿No puede entenderse una Atención Domiciliaria “eficiente” si no se cuenta en este proceso con los farmacéuticos como expertos en el medicamento?
R. Así es, y este es uno de los retos que tenemos que abordar como profesionales y que el encuentro quiere someter a debate y reflexión. La longevidad es un hecho, y con ella el aumento de las enfermedades crónicas y la polimedicación. En este sentido, la farmacia comunitaria aporta seguridad y confianza a los pacientes, y los farmacéuticos comunitarios cuentan con el conocimiento de la situación de salud y personal. Hoy, toda esta información se queda en la relación “farmacéutico/paciente” y no tenemos la posibilidad de comunicarnos con sus médicos. Hay que poner fin a este aislamiento para un sistema eficiente.
P. Usted, como farmacéutica, ¿entiende los recelos de otros colectivos, o sus instituciones, respecto a la participación de las farmacias en esta Atencion Domiciliaria?
R. Los recelos se resuelven con el conocimiento y respeto al otro. La sanidad hoy necesita de profesionales que se entiendan y sepan compartir conocimientos y actuaciones.
P. En este Encuentro se analizarán algunas de las iniciativas y proyectos ya puestos en marcha en algunas CC.AA., ¿no?
R. Así es, vamos a conocer el desarrollo en el País Vasco y Castilla y León, que son dos conceptos de nuevos desarrollos que están avanzando para construir el espacio sociosanitario. Son dos ejemplos de iniciativas en marcha. Es importante señalar la reciente noticia del nuevo proyecto de Ley de Farmacia de la Comunidad de Madrid, que supone también un paso adelante al abordar la atención farmacéutica domiciliaria.
P. ¿Qué importancia tiene la comunicación con el entorno del dependiente, y conocer también sus inquietudes y necesidades?
R. La importancia es total. ¿Quién recibe las inquietudes, dudas de los cuidadores y familiares de un mayor dependiente? ¿Quién es el profesional sanitario más cercano en el día a día del paciente? El farmacéutico comunitario. Podemos imaginar un nuevo escenario: Un farmacéutico comunitario con información sobre servicios sociales de su zona, asociaciones de pacientes, residencias, etc. Con capacidad de ver la historia clínica del paciente y poder dejar en ella sus observaciones. Con las herramientas tecnológicas necesarias pueda estar en contacto con el paciente, el médico y el familiar. Un farmacéutico que realice un seguimiento activo del paciente y lo visite cuando lo considere necesario y siempre dejando “huella” de su intervención para su médico o enfermero. Todo esto es posible hoy, tan solo hay que creer en ello y empezar a implementar las decisiones para hacerlo realidad. Las necesidades existen y tienen cara y ojos, debemos empezar a trabajar para darles solución y los farmacéuticos estamos dispuestos a ello.