En un entorno político marcado por la crispación y el enfrentamiento ideológico en España, hay un oasis en el ámbito sanitario que se mantiene como un espacio de cierto consenso en las comisiones de sanidad del Congreso de los Diputados y del Senado. En el Congreso de los diputados, el Gobierno ha perdido ya 75 votaciones en esta legislatura, y en el último día de pleno 20 propuestas han sido rechazadas por una mayoría de diputados y diputadas. No son buenos tiempos para legislar, pero es preciso aparcar el debate ideológico cuando es posible hacerlo. Y la sanidad puede ser ese espacio donde el acuerdo priorice sobre otras cuestiones.
Debate ideológico
Temas como el impuesto a la banca, la regulación de los alquileres o la reforma fiscal generan intensos debates y el Gobierno pierde las votaciones por la falta de apoyos. En este contexto, la sanidad es una excepción destacable con distintas iniciativas parlamentarias desde las dos comisiones de sanidad del Senado y Congreso. ¿Qué hace que la política sanitaria logre acuerdos amplios incluso entre partidos con posiciones ideológicas opuestas?
Sin duda, entre las razones de que esto sea asi está el interés general. La sanidad es un derecho básico que afecta a toda la ciudadanía, sin distinciones ideológicas. La presión social para que los representantes políticos resuelvan cuestiones sanitarias de manera efectiva minimiza el margen para enfrentamientos partidistas. Además, la base científica de las propuestas suele estar respaldada por evidencia científica, instituciones de prestigio y por recomendaciones de expertos, lo que limita su interpretación ideológica y facilita el acuerdo técnico.
Por otro lado, la presión social y mediática facilita que ciudadanos, pacientes y profesionales del sector demanden resultados inmediatos en cuestiones como atención sanitaria, prevención, necesidades de colectivos o acceso a tratamientos. Esto fuerza a los partidos a dejar de lado sus diferencias para ofrecer respuestas rápidas. Pero otra explicación es también una sensibilidad especial de los parlamentarios sanitarios que muestran empatía, conocimiento y capacidad de identificar cuando es preciso resolver con consenso cuestiones cruciales.
Acuerdos sanitarios
En los últimos meses, se han registrado numerosos acuerdos parlamentarios que destacan por su amplia aceptación como la Estrategia Nacional de Salud Mental, las campañas de vacunación (aunque en el CISNS hubo desacuerdos puntuales), varias iniciativas en relación al cáncer y al VIH (entre otros asuntos, votadas por mayorías en ambas Cámaras) o la sanidad en zonas rurales, por mencionar unas pocas.
A pesar del clima general de cooperación en sanidad, existen temas en los que las diferencias afloran y se transforman en debates más ideológicos. Entre estos, el eterno debate entre la sanidad pública y la privada o la financiación autonómica, asuntos que sí suscitan enfrentamientos.
Futuros marcos normativos
El consenso en materia sanitaria muestra que es posible hacer política constructiva incluso en un entorno polarizado. La sanidad funciona parlamentariamente como un ejemplo de política eficaz, donde el interés común y el bienestar ciudadano están por encima de las diferencias ideológicas. Sin embargo, para que este consenso se mantenga, es crucial que los partidos sigan priorizando los aspectos técnicos, la evidencia científica y el factor humano de la política sanitaria frente a sus intereses partidistas.
Esto podría ser de especial relevancia con aquellas iniciativas que pueden facilitar muchas de las propuestas (PNL, mociones, o preguntas parlamentarias) que han suscitado el interés y el apoyo de la mayoría de los grupos en estos pocos meses. Porque en breve se van a revisar Reales Decretos y otros marcos normativos que son cruciales para la sociedad y para el sector sanitario. La salud es, al fin y al cabo, el terreno donde los desacuerdos deberían convertirse siempre en soluciones comunes.