En la reunión de la comisión SANT del Parlamento Europeo se ha debatido hoy el nuevo 'Marco para fortalecer la disponibilidad y seguridad del suministro de medicamentos críticos, así como la disponibilidad y accesibilidad de medicamentos de interés común'. El objetivo de la propuesta es claro: reforzar la seguridad del suministro dentro de la Unión Europea y mejorar la disponibilidad y accesibilidad de fármacos allí donde el mercado, por sí solo, no garantiza el acceso de los pacientes. Se plantea como Reglamento y se tramitará por procedimiento legislativo ordinario, con el Parlamento en pie de igualdad con el Consejo.
El contexto apremia. Pese al músculo del sector farmacéutico europeo, con alrededor de 800.000 empleos directos, en los últimos años han proliferado las escaseces de medicamentos, incluidas las que suponen riesgo grave para los pacientes. Detrás hay cadenas de suministro frágiles, dependencias de pocos proveedores globales y insuficiente capacidad para producir en la UE determinados principios activos o materias primas. La receta que se propone: diversificar fuentes, invertir en producción local y fomentar la agregación de la demanda entre países europeos.
El borrador en discusión articula herramientas concretas: proyectos estratégicos para aumentar o modernizar capacidad industrial; incentivos financieros priorizados a partir de evaluaciones de vulnerabilidad; requisitos de contratación que vayan más allá del precio e incluyan criterios de resiliencia y fabricación en la UE cuando proceda; adquisiciones colaborativas voluntarias entre países; creación de un Grupo de Coordinación de Medicamentos Críticos y un capítulo de cooperación internacional para tejer asociaciones estratégicas que reduzcan dependencias.
El ponente, Tomislav Sokol (Grupo del Partido Popular Europeo (Demócrata-Cristianos)), defendió que la iniciativa responde al nuevo entorno geopolítico: "Las actividades que hemos visto hace poco en el comercio internacional (las relaciones entre los Estados Unidos y la UE), nos han demostrado que es importantísimo ser competitivos y que reforcemos la autonomía estratégica, porque lo que hemos visto hace poco es que hemos mostrado que no tenemos que ser dependientes ni siquiera de aliados o países amigos". A su juicio, el Reglamento pretende que Europa "dependa muchísimo menos de esas fuentes externas de producción y disponibilidad de medicinas".
Sokol subrayó objetivos operativos: "Hay que reforzar la competitividad de la industria farmacéutica europea y reforzar la autonomía estratégica", garantizar la simultaneidad en el acceso y evitar "gente de primera y de segunda" dentro de la UE. Defendió ampliar el ámbito para incluir medicinas de investigación en crisis, fijar definiciones claras de medicamentos "de interés común", incluidos los antimicrobianos, identificar dependencias estratégicas y asegurar que los proyectos estratégicos con apoyo público sirvan al mercado europeo, con condiciones y sanciones si no se cumplen.
El debate reveló apoyos y cautelas. Viktória Ferenc (Grupo Patriotas por Europa) calificó la ley como "piedra angular de la resiliencia sanitaria", pero reclamó claridad jurídica: definir con precisión qué productos serán esenciales, cómo aplicarán los nuevos criterios de compra "más allá del precio" y evitar duplicidades con otras normas. "La ambición tiene que ir de la mano de los recursos", pidió, defendiendo flexibilidad en ayudas de Estado y un calendario realista para entregar resultados concretos a los pacientes.
Desde la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas en el Parlamento Europeo, Tiemo Wölken apoyó evitar duplicidades y pidió prudencia con los fast tracks regulatorios: acelerar sí, pero sin comprometer calidad ni seguridad y con tiempo parlamentario suficiente, tras lamentar la falta del documento técnico de la Comisión y un calendario comprimido por el verano. Aurelijus Veryga (Grupo de los Conservadores y Reformistas Europeos) respaldó traer producción de sustancias activas a Europa, advirtió sobre el impacto presupuestario de nuevos criterios de compra y defendió las adquisiciones conjuntas como garantía para que "nadie se quede atrás" en los países pequeños.
Voces de Renew Europe y del Grupo de Los Verdes/Alianza Libre Europea reclamaron más ambición coordinada. Vlad Vasile-Voiculescu (Renew Europe) aplaudió un mecanismo europeo con opción de reserva común como "último recurso" y un enfoque centrado en pacientes para lograr acceso universal a medicamentos hasta 2030. Tilly Metz (Grupo de Los Verdes/Alianza Libre Europea) pidió priorizar proyectos que ataquen las mayores dependencias, criterios europeos claros para gestión de escasez, sanciones a quienes reciban financiación y no garanticen suministro, y rebajar umbrales de contratación pública para usar mejor las compras a nivel UE.
En nombre de la Comisión Europea, Bruno Gautrais (jefe de la Unidad de Productos Médicos de Seguridad, Política e Innovación) agradeció la prioridad del Parlamento y recordó el carácter urgente de asegurar que "las medicinas esenciales estén a disposición de todos los ciudadanos en la Unión Europea siempre". Respaldó los objetivos del texto, pero advirtió de las implicaciones prácticas de medidas como la supervisión de existencias y la redistribución entre Estados, en un universo de cientos de productos con mercados muy dispares y bajo el principio de subsidiariedad.
Gautrais precisó que el documento técnico pendiente "no va a ser una evaluación de impacto", sino una recapitulación de la base utilizada por la Comisión, e insistió en la dificultad para obtener datos comparables y cuantificables sobre escaseces y dependencias. Pidió prudencia en las expectativas, dada la complejidad y la heterogeneidad entre países y productos.
En la réplica final, Sokol celebró que el debate bajara "a cosas concretas" y abordó la competitividad industrial y los márgenes en genéricos y antimicrobianos. Ligó el contexto transatlántico a la política industrial: "Trump está presionando mucho a las empresas para que se invierta en Estados Unidos en lugar de la Unión Europea", recordó, y defendió ayudas focalizadas para sostener segmentos con márgenes reducidos. Reivindicó, además, un mecanismo de solidaridad de último recurso para redistribuir fármacos, como medida proporcional compatible con la subsidiariedad.
Sobre burocracia y coordinación, sostuvo que la Comisión gestionaría el mecanismo y la recogida de información bajo “un solo paraguas” para simplificar y no añadir capas. Abogó por financiación europea más clara en el próximo Marco Financiero Plurianual, por evitar duplicidades industriales entre países y por agrupar evaluaciones para no perder tiempo. Como gesto práctico, anunció ampliar cuatro días el plazo de enmiendas "sin poner en peligro el calendario", y cerró con el mensaje de fondo: en un entorno "brutal y cínico", Europa debe proteger su autonomía farmacéutica sin comprometer la sostenibilidad de sus sistemas públicos de salud.