El cuidado de los hijos, de personas mayores y el equilibrio con la vida personal son algunos de los principales problemas a los que se enfrentan las mujeres farmacéuticas en su lugar de trabajo. La Federación Farmacéutica Internacional (FIP, por sus siglas en inglés) ha publicado los resultados preliminares de su encuesta sobre las profesionales de Farmacia en sus puestos, y la conciliación se ha revelado como uno de los temas que más dificultad acarrean.
Se trata de un problema estructural, dado que, según los datos de esta misma institución, el 70% del personal sanitario y asistencial del mundo es mujer. Y, no obstante, las profesionales “siguen estando infrarrepresentadas en los puestos de liderazgo, ya que solo ocupan alrededor del 25% de los puestos de alta responsabilidad”. Además, la FIP destaca que “se enfrentan a una brecha salarial de género media de aproximadamente el 28%”.
El caso de la Farmacia es paradigmático. La información de la FIP indica que el 65% de los profesionales farmacéuticos del mundo son mujeres, “y se prevé que esta proporción siga aumentando hasta 2030”, cuando el rango oscilará entre el 69 y el 72%.
Aparte de la conciliación, el informe de la FIP destaca que la seguridad en el lugar de trabajo, las desigualdades de remuneración y ascensos y las barreras al liderazgo femenino y las diferencias entre políticas de maternidad y paternidad y los permisos son otras de las cuestiones urgentes que han señalado las profesionales. Y, para la institución, abordarlas es “esencial para fomentar una fuerza laboral resiliente, motivada y equitativa”.
Satisfacción profesional y personal, pero con matices
Los resultados preliminares de la encuesta realizada por la FIP apuntan, a pesar de los problemas, a un alto grado de satisfacción personal y profesional. Sin embargo, las cuestiones urgentes anteriormente señaladas emergen como un problema a la hora de ejercer la profesión.
Sobre la seguridad en el trabajo, casi el 50% de las participantes en el estudio afirmó haber experimentado “comportamientos amenazantes o violencia. Este hallazgo pone de relieve la urgente necesidad de adoptar medidas específicas y aplicar políticas para mejorar la seguridad y el bienestar en el lugar de trabajo”.
La mayoría de las participantes en la investigación creían, por otro lado, en la igualdad de género en cuanto a remuneración y oportunidades, aunque “persistían las preocupaciones sobre la transparencia en los ascensos, la equidad en los sistemas de recompensa y el reconocimiento de la igualdad de valor. La mayoría reconocía el acceso a la formación continua y al desarrollo profesional, pero eran comunes las barreras como la carga de trabajo, las limitaciones financieras y la falta de tutoría”.
Y, en este sentido, era frecuente señalar las limitaciones en las oportunidades de liderazgo, “con disparidades de género y barreras culturales en el lugar de trabajo. Sin embargo, el interés por desempeñar funciones de liderazgo era elevado”. Y, así, las participantes incidieron en la importancia de las tutorías, las políticas de apoyo y los entornos que facilitaran la conciliación “para facilitar el acceso de las mujeres a puestos de liderazgo. Las encuestadas identificaron los cambios normativos, el apoyo a la salud mental y las medidas contra la violencia de género como elementos esenciales para lograr entornos de trabajo más seguros”.
De hecho, la primera recomendación de la FIP para mejorar los lugares de trabajo de las farmacéuticas es que los responsables políticos y organismos decisores refuercen las condiciones de empleo para “equilibrar las políticas de conciliación”. Otra de las propuestas de la institución es que los empleadores y directivos recopilen datos periódicos sobre la satisfacción y la seguridad y la equidad de sus trabajadores para efectuar un seguimiento de las mejoras. Y, también, hace un llamamiento para que los profesionales compartan buenas prácticas para “reducir las disparidades y promover el aprendizaje global”.