Retos y reivindicaciones de la Farmacia en el entorno rural: «El día que nos jubilemos, no va a venir otro farmacéutico»

Sostenibilidad, falta de recursos y despoblación son algunos de los problemas que afrontan las oficinas de farmacia que se encuentran situadas en municipios pequeños en toda España

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En España hay más de 4.400 oficinas de farmacia en el entorno rural, según los datos del informe “La aportación de valor del modelo de farmacia a la cohesión territorial y al reto demográfico”, de la consultora Afi y el Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos (CGCOF). Estas atienden a alrededor de 5,6 millones de personas, es decir, a algo menos del 10% de la población total española.

Los pacientes que acuden a estas farmacias tienen los mismos problemas que aquellos que viven en zonas urbanas o densamente pobladas, y el contexto de salud pública, en el sentido de cronicidad o envejecimiento poblacional, es, igualmente, similar. La diferencia es que la Farmacia Rural se enfrenta, además, al problema de la despoblación de su ámbito y al de la sostenibilidad económica de su modelo.

No obstante, la supervivencia de las farmacias rurales es vital más allá de la mera dispensación de medicamentos y el consejo sanitario basado en la evidencia. Las oficinas actúan como elementos dinamizadores del tejido económico de los pueblos. Según el informe, “se posiciona como una infraestructura sanitaria que, además de generar empleo de calidad, contribuye a frenar la despoblación de los territorios, y a potenciar su desarrollo socioeconómico. Las estimaciones econométricas realizadas en este trabajo así lo han demostrado: los municipios rurales con farmacia registraron una menor pérdida de población en edad de trabajar y población femenina respecto a aquellos sin farmacia, así como un mejor comportamiento del mercado laboral”.

Y su pervivencia también repercute en el terreno social. Así lo destaca José Luis Sotillo, farmacéutico rural en Saelices de la Sal (Guadalajara). El farmacéutico rural, para la población, “es la persona más cercana que tienen de todo el cuerpo sanitario y entonces escuchas, porque muchos viven solos, con lo cual no tiene muchas personas a las que hablar y a las que contarles sus problemas”.

“Estas personas básicamente no hablan con nadie en todo el día. Y cuando ya los pueblos son muy pequeños tampoco hay un bar o un centro social, es decir, que las personas no se suelen ver. Entonces haces una labor de escuchar, de estar con ellos un tiempo y que te cuenten las cosas que les pasan”.

“La Farmacia Rural es parte de la comunidad y contribuye a reforzar sus vínculos”, destaca Raquel Martínez, secretaria general del CGCOF. Desde la Comunitaria “cuidamos de la salud de todos los grupos de población y de la salud pública en su conjunto.  He tenido la oportunidad de vivir esta realidad en mi etapa como farmacéutica rural, en especial durante los momentos más difíciles de la pandemia. Fueron días muy duros en los que se demostró que la farmacia no es solo el establecimiento sanitario que garantiza la dispensación de los medicamentos, sino que es un refugio para los vecinos, un lugar de encuentro y confianza ante la incertidumbre”.

Las personas, amplía Martínez, firme conocedora de la situación, pues empezó su carrera en una farmacia en Tardelcuende (Soria), a menudo comparten sus miedos ante la enfermedad con los farmacéuticos, “su preocupación por un hijo enfermo o su angustia por una soledad que no dicen pero que vemos en sus ojos.  Por eso, ofrecemos apoyo, escucha y cuidado, incluso, somos la razón que los anima a seguir en su hogar, en ese lugar que los ha visto nacer y envejecer”. 

Desde el Consejo General, señala, “somos sensibles a todo el valor que aporta la Farmacia Rural y por ello hemos impulsado sucesivas iniciativas ante la opinión pública. Quiero destacar el informe ‘Aportación de valor del modelo de Farmacia a la cohesión social y el reto demográfico’”, que, según la experta, confirmó que “los municipios rurales con farmacia pierden menos población y presentan mejores datos de empleo. De esta forma, continúa, la farmacia es un establecimiento sanitario “con un marcado perfil social, porque muchas veces una necesidad sanitaria va acompañada de un problema en el entorno, retos a los que la profesión farmacéutica quiere y puede dar respuesta”.

Martínez enfatiza que España dispone de una red de 22.231 farmacias comunitarias que “por su cercanía y accesibilidad constituyen un potente radar social capaz de detectar y combatir problemas como la soledad, la violencia de género o la exclusión social. Por todo ello, estamos trabajando para fortalecer y dar visibilidad a ese lado social de la profesión, a su entrega y solidaridad para acompañar a los colectivos más vulnerables, muchas veces desatendidos en los núcleos más pequeños”.

Un día en la vida de un farmacéutico rural

La rutina de un farmacéutico rural depende del día, destaca Sotillo. “Hay días que estoy solamente en la farmacia propiamente dicha, y ahí atiendes a los pacientes que vienen, como una farmacia normal. Pero hay otros días que tengo que ir a botiquines y a llevar medicamentos a pueblos de alrededor”.

El farmacéutico rural José Luis Sotillo.

A estos botiquines Sotillo lleva los fármacos, “en ocasiones porque lo ha solicitado el ayuntamiento y otras veces porque se ha cerrado una farmacia que no ha podido seguir adelante porque la población había disminuido bastante”. El farmacéutico rural acerca los medicamentos para los habitantes de esas zonas y que, de otra forma, no tendrían fácil acceso a sus tratamientos.

La mayoría de los pacientes a los que atiende Sotillo son mayores con enfermedades crónicas. “Agosto es el único mes en el que la gente de todas las edades se desplaza a los pueblos, el resto de los meses prácticamente no hay personas jóvenes, con lo cual es paciente mayor jubilado y que vive ahí en el pueblo”.

Por tanto, amplía Sotillo, sus pacientes tienen “problemas de personas mayores, es decir, tensión, azúcar, problemas de artrosis, artritis… Lo que presentan las personas en geriatría; van fallando los órganos, los músculos, los huesos…”.

Este farmacéutico rural señala a EGF que la despoblación es uno de los principales problemas. “Cada año empeora. La situación es bastante triste, porque cada vez te encuentras a menos personas, y más desvinculadas unas de otras”. Por ello, según su punto de vista, se complica la labor socialmente dinamizadora de la Farmacia Rural en pueblos más pequeños. “Los que quedan en los pueblos cuando pasa el verano viven allí todo el año y realmente son muy pocos, y cada año menos. Entonces, estamos llegando ahora a un fenómeno en el mundo rural que es lo que llaman extrema despoblación, en que ya es muy difícil hacer cosas nuevas. Tengo una sensación de que es el final de muchas cosas que ha habido antes y que ahora se han perdido”.

El grito de auxilio de los farmacéuticos rurales

Según Sotillo, en diez años se ha perdido el 70% de la población. “Quitando algunas personas jóvenes que vienen, que sí que están, pero se tienen que relacionar con personas jóvenes de pueblos en 50 kilómetros a la redonda, porque prácticamente la pareja que ha venido a vivir al pueblo y es joven y demás, está sola. Dinamizar la zona ahora mismo es muy complicado, y las personas mayores ya están muy cansadas de todo”.

Y lo que se puede hacer desde la Farmacia es “mantener, por lo menos, el servicio farmacéutico”. No obstante, esto tiene sus obstáculos porque “se están cerrando farmacias en zonas despobladas, no porque el farmacéutico que ya se jubila o porque le han dado otra farmacia en otro núcleo más grande quiera, sino porque no tenemos sustitutos”.

Los jóvenes, incide este farmacéutico rural “no quieren venir ahora a los pueblos, entre otras cosas porque la vida que tenemos aquí para ellos es mucho más dura”. Sotillo habla del elevado número de guardias, de que apenas hay vacaciones, de que el sueldo es menor… “En el sector farmacéutico no hay paro, es decir, hay demanda de farmacéuticos, con lo cual venir a un pueblo es la última opción de las muchas que tienen”, concluye.

“El día que nosotros nos jubilemos”, continúa, “no va a venir otro farmacéutico a estos pueblos. Ahora mismo mantenemos este servicio, que es muy importante para la gente mayor de los pueblos, pero es que existen leyes de despoblación, que dicen que no se cerrará ninguna farmacia en zonas de extrema despoblación. Sin embargo, se están cerrando porque solo lo han dejado por escrito, pero no hacen nada ni dan ningún incentivo para que un farmacéutico venga aquí a trabajar en los pueblos. Es muy complicado”, argumenta. Y si este este servicio acaba desapareciendo, Sotillo enfatiza que más personas mayores se van a ir a vivir a la ciudad.

Escuchar y atender

A pesar de toda esta coyuntura, el servicio, de momento, sigue. Y los farmacéuticos, como es habitual, no solo dan medicación; también, a veces, hay que decirle al paciente “‘no te preocupes’, o si conoces a alguien que le pueda ayudar en algo, en algunos problemas, le pones en contacto. Y la gente normalmente es muy amable, siempre”, prosigue Sotillo.

En zonas rurales también hay consultas, “lo que pasa es que cada vez se va disminuyendo más el número de consultas. Porque con el nuevo sistema de receta electrónica, solo van los médicos o las enfermeras cuando hay una necesidad. No es como antes, que abría dos o tres veces por semana el consultorio”.

Se ha reducido, por tanto, “el contacto con el personal sanitario. La farmacia tiene que a veces está ahí haciendo una labor de escuchar y atender y también dar consejos sobre sus problemas”.

Sotillo lleva 38 años trabajando, en el pueblo tiene su casa y su mujer trabaja en la zona. “Ya no me voy a ir, sé que estoy haciendo una labor muy importante y estaré aquí hasta que me jubile, pero que venga alguien de fuera que no tiene ni casa, ni vinculación con el pueblo, es decir, que todo van a ser inconvenientes, y encima va a estar mejor remunerado y con mejores posibilidades de ocio, de tener vacaciones, de una serie de cosas que sobre todo la gente joven quiere, pues va a ser muy difícil. En Castilla-La Mancha lo que se está haciendo es que donde cada farmacia que cierra, se va a poner un botiquín que va a atender la oficina más cercana o la de la zona farmacéutica que tenga la farmacia en el municipio más pequeño”.

Este farmacéutico rural está atendiendo a unos 15 pueblos, y cuando su oficina cierre, “con un botiquín no se atiende a todos. Un farmacéutico puede atender el botiquín donde está mi farmacia, pero va a ser complicado llegar a los otros pueblos. El servicio farmacéutico de la zona rural, que es fundamental, se está desmantelando. Y perder eso va a hacer que se pierda más población”.

La sostenibilidad de la Farmacia Rural

Una de las conclusiones del informe del CGCOF es que “la supervivencia del modelo de farmacia en los municipios rurales está comprometida”. Según los datos del Consejo, el 83,4% de las farmacias en Viabilidad Económica Comprometida “se encuentran en municipios rurales de pequeño tamaño, mientras que este porcentaje es del 76,0% en los micromunicipios rurales. Esto supone que una de cada tres farmacias ubicadas en micromunicipios rurales” se encuentra en peligro.

Martínez, en este sentido, asume que la sostenibilidad, es el principal reto de las farmacias rurales. La experta insiste en el dato de que en 2024 672 oficinas se declararon VEC, “pero son muchas más las que están al límite y realizan una labor fundamental. Si queremos garantizar esta fortaleza que ofrecen las farmacias rurales deberíamos empezar por poner en marcha nuevas soluciones”.

Raquel Martínez.

La secretaria general del Consejo explica que, para ello, es necesario crear incentivos fiscales, promover la remuneración de los Servicios Profesionales, además del margen de dispensación, y retribuir los servicios de guardia particularmente urgente en las farmacias de municipios más pequeños. “Si contamos con las farmacias y reconocemos toda su aportación podremos responder más eficazmente a muchos de los retos a los que se enfrenta el sistema sanitario, una respuesta que permitiría dotar de sostenibilidad a las farmacias más pequeñas contribuyendo, así, a combatir la despoblación”.

Sin embargo, Sotillo no sabe por dónde pasa la solución. Lo mejor sería “que la gente volviera a los pueblos”, argumenta. Después de la pandemia de la COVID-19, mucha gente “pasó por primera vez en toda su vida un invierno aquí, o incluso dos”. Y se dieron cuenta de que “tampoco se está tan mal. La gente se adaptó y decían ‘qué bien se está y qué bien vivís en el pueblo’. Pero se acabó el miedo a la pandemia y desapareció todo el mundo”.

Este farmacéutico cuenta que, en la actualidad, la gente en va un mes a los pueblos y pasa 11 meses fuera, “desaparece todo el mundo”; antes, estaba tres meses fuera y nueve en el pueblo. “Eso se ha acabado, con lo cual no le veo una salida fácil, porque no podemos competir. Solo pudimos competir durante la pandemia, porque este era un lugar más seguro, bastante más seguro, y podrías moverte de otra forma. Entonces todo el mundo se quería venir al pueblo, pero en la situación actual no es fácil que la gente se venga”.

Sotillo y otros compañeros “hemos luchado muchos años por el mundo rural. También soy alcalde del pueblo. Hemos hecho muchas cosas para intentar que no se pierda población y que venga gente a los pueblos, pero llega un momento que ves que es muy complicado. De momento, intentamos mantener lo que tenemos”.


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