Mayores y polimedicados: así intervienen los farmacéuticos para evitar errores de tratamiento

Según los datos del Ministerio de Sanidad, el 45% de la población entre 85 y 94 años está polimedicada; en mayores de 65, el porcentaje es del 30%

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A mediados de enero, el Ministerio de Sanidad publicó los resultados del informe “Utilización de fármacos crónicos en personas polimedicadas de 65 y más años”. Una de las principales conclusiones del estudio es la elevada prevalencia de la polimedicación en personas mayores, así como el vínculo de esta situación con la pluripatología. Los datos del documento revelan, de forma general, que casi el 30% de los mayores de 65 años en España presenta polimedicación.

No obstante, las cifras aumentan con la edad: en el grupo de 65 a 74 años, el porcentaje es del 20,5%; en el de 75 a 84 años, del 36,8%; y entre los 85 y 94, del 44,7%. Además, en el grupo de más de 95 años, la polimedicación se sitúa en el 30,8%. Entre los fármacos de uso más frecuente, destacan, se encuentran los antiulcerosos (más del 70% en todos los grupos), los antihipertensivos (entre el 55 y el 70% según edad) y las estatinas, aunque su uso disminuye significativamente a partir de los 95 años.

En cuanto a la Salud Pública, el documento de Sanidad incide en que las personas con polimedicación presentan prevalencias mucho mayores de enfermedades crónicas respecto a la población no polimedicada. “Por ejemplo, la insuficiencia cardiaca es siete veces más frecuente, la cardiopatía isquémica, casi cinco veces más y la diabetes mellitus, tres veces más”, destaca el ministerio.

Asimismo, se ha expuesto una relación directa entre edad y consumo de ciertos tipos de fármacos. Sanidad ejemplifica con los fármacos antidemencia, que se utilizan hasta 4,5 veces más en los mayores de 95 años que en el grupo de 65 a 74. Lo mismo ocurre con los diuréticos, antianémicos y anticoagulantes.

“Estos hallazgos refuerzan la necesidad de avanzar en estrategias de uso racional del medicamento en personas mayores, integrando el enfoque de género y edad. La identificación de patrones de prescripción no justificados por la morbilidad real permite planificar intervenciones más eficaces, centradas en la seguridad del paciente, la prevención de interacciones y la mejora de la calidad de vida en las etapas más avanzadas”, concluye el informe.

Los farmacéuticos alertan

En este sentido, el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Zaragoza publicó un comunicado, a raíz del informe del Ministerio de Sanidad, en el que alertó sobre el impacto de la polimedicación sobre la salud y la seguridad de las personas mayores. El COF de la provincia aragonesa destacó que entre el 12% y el 19% de los ingresos hospitalarios en España están relacionados con problemas derivados de la medicación, y que aproximadamente la mitad de ellos podrían ser evitables. “El riesgo aumenta cuando el paciente vive solo, gestiona tratamientos complejos sin apoyo o presenta dificultades para organizar correctamente sus tomas”, inciden.

“A veces basta un olvido, una dosis duplicada o la confusión ante un cambio de pauta para desencadenar un problema de salud serio”, explica Raquel García Fuentes, presidenta del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Zaragoza.

Por ello, el Colegio asevera que es fundamental avanzar en una mayor coordinación entre los servicios de salud y las farmacias comunitarias para reforzar la seguridad del paciente, puesto que la red de farmacias “es uno de los recursos sanitarios más accesibles y cercanos para las personas mayores y sus cuidadores”.

En el caso concreto de Zaragoza, hay unas 500 farmacias, de las que una quinta parte se ubica en poblaciones de menos de 1.500 habitantes. “Esta capilaridad sitúa a la farmacia comunitaria en una posición estratégica para contribuir a las políticas de atención a las personas mayores, especialmente en zonas rurales y en barrios con población envejecida”, concluyen.

Por ello, desde el COF de Zaragoza se subraya la importancia de servicios profesionales como los SPD, que contribuye a disminuir los problemas relacionados con la medicación y a mejorar parámetros clínicos en pacientes crónicos y polimedicados. Para García Fuentes, este sistema “va mucho más allá de organizar la medicación en un blíster semanal. Comienza con una entrevista personalizada en la que el farmacéutico revisa toda la medicación, detecta duplicidades, aclara dudas y, cuando es necesario, coordina la información con el médico de Atención Primaria. Cada revisión es una oportunidad para reforzar la seguridad del paciente”.

¿Deprescribir?

Ante este problema, la Universidad de Australia Occidental publicó una guía de recomendaciones titulada Deprescribiendo en personas mayores: una guía clínica práctica. El objetivo del centro universitario es ofrecer a los sanitarios un recurso para “orientar la deprescripción de medicamentos de uso frecuente en la atención clínica habitual. Proporciona información para ayudar a los profesionales sanitarios a determinar si la deprescripción es adecuada para clases de fármacos específicas, e incluye información general sobre la deprescripción en el contexto de la polifarmacia o el uso de múltiples clases de fármacos”.

La guía pone a disposición, de esta forma, recomendaciones sobre la forma de deprescribir y a los pacientes a los que puede ir dirigida esta medida, “con un proceso de toma de decisiones compartido que involucra a las personas, sus familiares, cuidadores o personas de apoyo para garantizar que las decisiones se ajusten a los objetivos, valores y preferencias de salud individuales”.

Un ejemplo de recomendación práctica que usa esta guía clínica son los analgésicos. De este tipo de medicación, se recomienda la deprescripción en “personas mayores que toman analgésicos opioides o no opioides sin indicación o beneficios continuos (por ejemplo, opioides a largo plazo para el dolor crónico no oncológico con pocos beneficios en el alivio del dolor o la mejora de la función, dolor relacionado con una lesión aguda que se ha curado o dolor crónico que se controla con medidas no farmacológicas)”, o en el caso de que “los efectos adversos o las interacciones superan los posibles beneficios (por ejemplo, presencia de contraindicaciones evidentes, como caídas recurrentes, interacciones farmacológicas significativas, deterioro cognitivo, sedación, depresión respiratoria, caídas, osteoporosis, estreñimiento e inmunosupresión)”.

Con todo, se especifica que “si la deprescripción no tiene éxito a pesar de múltiples intentos, sugerimos mantener la dosis eficaz más baja; sin embargo, sugerimos reevaluar la necesidad de un tratamiento a largo plazo al menos una vez al año. Sugerimos que se consideren y ofrezcan terapias no farmacológicas adecuadas y/o alternativas más seguras”.


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