Sigue faltando un abordaje farmacológico integral

<p>La <a rel="follow" href="/?s=oms">OMS</a> pide mayor coordinación y colaboración entre niveles asistenciales para reducir <a rel="follow" href="/?s=errores-de-medicacion">errores de medicación</a>.</p>

Añádenos en Google
J. Ruiz-Tagle Madrid | lunes, 16 de septiembre de 2019 h |

Las interacciones entre diferentes medicamentos pueden producir un empeoramiento general del paciente y la falta de comunicación entre niveles asistenciales (provocada en muchas ocasiones por las propias presiones laborales) están detrás de muchos casos. Según el primero de los tres informes técnicos que la OMS ha publicado en el marco de la última edición del Desafío Global de Seguridad del Paciente —Medication Safety in Transitions of Care—, no por repetido deja de tener sentido la reivindicación de ahondar en la coordinación.

Los pacientes crónicos visitan a menudo a diversos profesionales sanitarios. En muchas de estas visitas reciben un tratamiento farmacológico y el problema llega cuando el paciente llega a casa y, o bien no dispone de la información necesaria para obtener una adherencia correcta o, sobre todo, la falta de un abordaje integral hace que los tratamientos por separado no resulten tan beneficiosos. “La compleja combinación de procesos, tecnologías e interacciones humanas que constituye la prestación de asistencia sanitaria moderna puede traer beneficios significativos. Sin embargo, también implica un riesgo de daño al paciente que puede, y con demasiada frecuencia lo hace, resultar en daño real”, resaltan desde la OMS.

Una de las primeras conclusiones a las que llegan este informe es que nos enfrentamos al “complejo desafío de reducir el daño relacionado con la medicación que surge en las transiciones asistenciales”.

Uno de los primeros pasos a dar para atajar el problema que surge en las transiciones asistenciales ahonda en la coordinación y colaboración con la “formulación de metas, estrategias y inversión, tanto económica como de recursos humanos”. Con todo, la meta final que propone la OMS es reducir el problema actual (2,6 millones de muertes al año) en un 50 por ciento a nivel mundial en los próximos años.