Juventino Jiménez Piqueras se presenta como una opción de “renovación desde dentro” en las elecciones al Muy Ilustre Colegio Oficial de Farmacéuticos de Valencia (MICOF) del próximo 10 de mayo. Actual vicepresidente de la institución y vocal desde 1998, cuenta con una larga trayectoria en la estructura colegial y en la gestión interna, lo que refuerza su perfil continuista pero con vocación de cambio. Su candidatura surge tras la decisión del actual presidente, Jaime Francisco Giner Martínez, de no concurrir a la reelección.
En estos comicios, Jiménez Piqueras compite con Santiago Riaza (Avanza MICOF) y Sergio Marco Peiró (Voz Farmacéutica), en un escenario con tres proyectos que representan visiones distintas sobre el futuro del colegio profesional. En este contexto, el candidato de Impulso Farmacéutico responde al cuestionario común planteado por El GlobalFarma al conjunto de aspirantes.
Pregunta. ¿Cuáles son los principales ejes de su programa electoral y qué prioridades marcarán su mandato?
Respuesta. La transparencia económica es uno de los principales: que las cuentas sean accesibles siempre para todos los colegiados y no se permita remuneración a los cargos colegiales. La comunicación fluida y eficaz es otro punto a abordar de inmediato: que el colegiado vuelva a sentirse representado y amparado y cuando llame al colegio alguien le responda. También es primordial que el farmacéutico gane peso en el sistema de salud y deje de ser el profesional sanitario más desaprovechado. Otro punto importante es representar a todas las especialidades de la profesión, no sólo a los titulares de farmacia comunitaria.
La defensa del Modelo Mediterráneo de farmacia, que nació aquí en Valencia y se extendió a toda España, es, en definitiva, el objetivo global.
P. Desde su punto de vista, ¿cuáles son los principales retos que afronta actualmente la profesión farmacéutica y cómo propone abordarlos?
R. A nivel de oficina de farmacia, poder disponer del historial farmacoterapéutico y clínico del paciente, para poder atenderlo de una manera mucho más eficaz.
A nivel de farmacéutico adjunto, conseguir un reconocimiento a su carrera profesional y asegurarle una retribución adecuada en la mesa de negociación del convenio, para que no haya fuga de talento en este colectivo tan importante.
A nivel de Salud Pública, conseguir un reconocimiento del nivel 22 como trabajador de la función pública y acabar con el agravio comparativo respecto a otros compañeros.
A nivel del laboratorio del MICOF, conseguir que su servicio de formulación magistral sea aún más eficiente de lo que ya es.
A nivel de colegiado, lograr que el colegio sea un punto de encuentro y de trabajo por la profesión.
Y a nivel laboral dentro del propio colegio, conseguir la paz social a base de escuchar y aplicar criterios comprensivos y justos.
P. ¿Qué iniciativas plantea para reforzar el papel del farmacéutico comunitario dentro del sistema sanitario?
R. Hay que establecer un nuevo convenio con la Conselleria, que sea ágil y adaptable a las necesidades reales y cambiantes de la praxis diaria. Que los políticos conozcan de primera mano las cosas que verdaderamente hay que mejorar para que el sistema funcione mejor, pensando, siempre, en que el gran beneficiado sea el paciente.
P. ¿Qué medidas impulsaría para mejorar la coordinación entre la farmacia y el resto del sistema sanitario?
R. Es urgente establecer un sistema de comunicación bilateral entre el centro de salud y el farmacéutico, para prevenir desabastecimientos, medicación crónica caducada, etc. La comunicación directa con el médico es imprescindible, igual que el acceso al historial clínico. El farmacéutico, que es un profesional sanitario de alta formación, debe ser la primera escala del usuario con dolencias de síntomas menores. Esto ayudará a descongestionar el sistema público, sobre todo en atención primaria, y el gran beneficiado, de nuevo, sería el paciente. No hay que perder de vista, nunca, que ése es el objetivo final.
P. ¿Qué acciones considera necesarias para reforzar la confianza de la ciudadanía en el farmacéutico como profesional sanitario?
R. La ciudadanía ya tiene una gran confianza en el farmacéutico. La frase que más escuchamos cuando alguien viene a la farmacia es aquella de "¿Qué me das para…?". La gente se fía de nuestras recomendaciones, pero ganaríamos más confianza y más peso si desde la Administración se promueve una participación mucho más activa de la farmacia en el sistema sanitario con todo lo que comentábamos antes: que se deleguen los tratamientos leves al farmacéutico y, si luego los síntomas no remiten, entonces ya se deriva al paciente al médico como preferente. Ganaría el sistema, se reforzaría la confianza en el farmacéutico y ganaría, de nuevo, el usuario final de la Sanidad.
P. Uno de los temas que están marcando la campaña es la remuneración de altos cargos colegiales. En este sentido, ¿cuál es su posición respecto a la posible remuneración de los cargos colegiales y qué criterios deberían regularla dentro de la institución?
R. Al colegio se viene a servir, no a servirse. O como reza alto y claro uno de los lemas de nuestra formación, Impulso Farmacéutico, "Venimos a trabajar, no a cobrar". En 1999, en el MICOF ya fuimos pioneros al celebrar una asamblea en que, por absoluta unanimidad, se aprobó la “percepción de ingresos cero” por parte de los altos cargos colegiales.
Sé que en otros colegios, como el de Castellón cuando Sergio Marco lo presidía, sí que se permitió esa posibilidad de remuneración. También el actual presidente del MICOF pretendió habilitar unos complementos económicos en los presupuestos, cosa a lo que otros miembros de la junta y yo, como vicepresidente, nos negamos.
La idea es clara: permitir que el colegio se convierta en un modo de vida puede ser muy peligroso. Al colegio se viene a trabajar por la profesión con vocación de servicio, nada más.
P. ¿Qué iniciativas impulsaría para mejorar la transparencia y la rendición de cuentas dentro de la institución colegial?
R. En nuestro programa hay medidas muy concretas: la primera será auditar las cuentas de los últimos ejercicios por parte de una entidad independiente; la segunda, hacer públicos los balances de ingresos y gastos del colegio periódicamente, pero no para que se puedan conocer en la junta de Gobierno, sino para que estén al alcance de todos los colegiados en cualquier momento; en tercer lugar, promoveremos que todo gasto superior a 5000 euros se haga con concurso público; también defendemos que los proveedores del colegio lo sean por un plazo máximo de dos años, para que las oportunidades circulen y no se creen vínculos opacos. Del mismo modo, los cargos colegiales tienen que tener un límite de ocho años de mandato, para garantizar la renovación constante y la implicación sucesiva de cuantos más colegiados mejor.
P. ¿Cómo valora la gestión y el trabajo desarrollado por el equipo anterior durante su mandato?
R. Yo entré con Jaime Giner en 2014 y ya llevo más de una década de vicepresidente. Creo que sus primeros cuatro años de mandato fueron ejemplares, con una gestión activa y efectiva. Su segundo mandato ya fue muy plano, se frenaron muchas iniciativas, se perpetuaron proveedores, se estancó la defensa del desarrollo profesional de nuestros colegiados.
En el último mandato, desde 2022 a la actualidad, me he visto obligado de ejercer la oposición interna, a rechazar presupuestos, porque he visto un declive muy notorio. Este último mandato ha sido presidencialista: Giner no ha sabido delegar y todo pasaba por él, con lo que los asuntos se amontonaban, las decisiones se posponían y la gestión del MICOF, en su conjunto, ha sido muy ineficaz.