La distribución farmacéutica saca músculo en situaciones de crisis

Tragedias como la pandemia de la COVID-19 o la DANA que asoló los alrededores de Valencia han demostrado la importancia de la distribución para garantizar el suministro de medicamentos en momentos de crisis

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Era una de las pocas excepciones, en aquellos primeros e inciertos días del confinamiento, que permitían salir de casa, aunque fuera con miedo. Todo el mundo podía ir a la farmacia a recoger su medicación prescrita, incluso en los albores de la pandemia de la COVID-19, allá por marzo de 2020. Las oficinas de farmacia permanecieron abiertas, cuidando, a pie de calle, a sus pacientes, y dispensándoles los tratamientos que necesitaban.

Los pacientes buscaban la hogareña luz verde que indica que una farmacia está abierta para poder seguir sus tratamientos habituales y para buscar consejo, consuelo e información sobre la situación, que atemorizaba a todos por el peligro de un contexto que nadie había vivido antes.

Pero la medicación de los pacientes no podía llegar a las farmacias sin las empresas de distribución. Gracias a su capacidad de alcance y logística, el sector facilitó que a los afectados por enfermedades crónicas, por ejemplo, no les faltara su terapia, que las zonas rurales, con población también mayor y polimedicada, no quedaran desabastecidas y previno la falta de suministro de medicamentos que podía haberse dado.

El informe “La aportación de valor de la distribución farmacéutica de gama completa en España”, de la Federación de Distribuidores Farmacéuticos (FEDIFAR) señala que la distribución farmacéutica gestiona cada día 280.000 pedidos a través de sus casi 150 almacenes de toda España, y los reparte en más de 4.000 rutas hacia las más de 22.000 oficinas de farmacia que se despliegan por toda nuestra geografía.

Y también a los hospitales. Aunque no es su principal cometido, la distribución farmacéutica también hace llegar tratamientos a los centros hospitalarios, según este mismo documento.

Por lo tanto, el sector distribuidor fue clave y parte esencial de la Sanidad durante la crisis de la COVID-19, por su papel como garante de la equidad de acceso a los medicamentos y del suministro, así como de facilitador de la adherencia de los pacientes a sus tratamientos. Precisamente en unos meses en los que nadie sabía qué iba a pasar la sociedad tuvo la certeza, al acercarse a su farmacia de confianza, de que iba a disponer de sus medicamentos.

No ha sido esta, por desgracia, la única crisis que se ha vivido en los últimos años. Estos días se cumple el triste aniversario de la DANA que arrasó los alrededores de Valencia. La riada dejó cientos de muertos, calles inundadas de barro y escenas que parecían sacadas de escenarios bélicos. Pero era la realidad que vivieron miles de personas, algunas de ellas, pacientes que, igualmente, necesitaban sus tratamientos de forma regular o atención urgente.

La misma FIP alabó la rápida movilización que llevaron a cabo los farmacéuticos para asegurar el suministro de medicamentos. Hubo algunas que no pudieron reabrir por la gravedad de las consecuencias de la riada, no obstante, se gestionó, en la medida de lo posible y en función de la coyuntura, la situación para atender las necesidades de los pacientes y de la ciudadanía en general.

Esta reacción puso, una vez más, de manifiesto el papel de los farmacéuticos como agentes de salud y como pilares de la comunidad durante emergencias.

Y, para resaltar, precisamente, la labor crucial que tuvo la distribución farmacéutica en este contexto, el pasado 16 de octubre Cofares y la Real Academia Nacional de Farmacia de España organizaron una mesa de debate denominada Crisis climáticas y resiliencia farmacéutica: análisis del impacto de la DANA. Durante este encuentro se concluyó que la Farmacia Comunitaria y la distribución farmacéutica cooperativa constituyen un binomio eficaz y resiliente, capaz de mantenerse al lado del paciente incluso en los momentos más críticos.

Durante esta sesión, Unai García Ariz, director de Tecnología de Cofares, explicó el plan de contingencia que desplegó la cooperativa para apoyar a las farmacias sociales y asegurar el acceso a los fármacos en los días que siguieron a la DANA. Una de las medidas que se adoptaron entonces fue la implantación de una partida extraordinaria de 12 millones de euros para los socios más afectados. Se reforzó, además, la logística operativa para mantener en funcionamiento los almacenes y, así, asegurar el stock de productos esenciales y críticos. Por otra parte, se aumentó la flota y el personal y se establecieron rutas que contaban con la escolta de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

Asimismo, se pusieron en marcha canales de comunicación alternativos, por ejemplo, vía satélite, y, mediante la Fundación Cofares, se gestionaron donaciones de productos de primeros auxilios e higiene en las zonas más afectadas.

La distribución farmacéutica genera riqueza y empleo, cuida el medio ambiente, facilita la adherencia terapéutica, ofrece asesoramiento a las farmacias y garantiza la trazabilidad, la calidad y la seguridad de los medicamentos. Son todo elementos importantes y que convierten al sector en un agente fundamental para la Salud Pública. Sin embargo, destaca, también, por eficaz e importante, su labor en las situaciones de crisis y emergencias sanitarias.

En la actualidad vivimos en un contexto sanitario de envejecimiento poblacional, cronicidad y polimedicación, con lo que la accesibilidad equitativa a los medicamentos en todo el país es crucial, pero nos encontramos, asimismo, en una coyuntura mundial en la que cada vez son más frecuentes, y graves, catástrofes medioambientales y en un mundo interconectado que facilita la propagación de enfermedades con el potencial de causar una emergencia.

Es aquí donde la distribución se destapa como elemento vital para la Salud Pública, ya que, por mucho que la sociedad se paralice, los distribuidores no pueden detenerse. Su capacidad de llegada, incluso en las peores circunstancias a los rincones más inaccesibles, es imprescindible para el sistema sanitario y, en última instancia, para los pacientes.


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