El farmacéutico puede intervenir de manera proactiva en aspectos clave del cumplimiento terapéutico

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La labor de la oficina de farmacia es fundamental para la educación sanitaria del paciente y su empoderamiento, con el objetivo de alcanzar los mejores resultados terapéuticos en el abordaje de su enfermedad. La correcta adherencia, la respuesta esperada o el manejo de los efectos secundarios son aspectos clave en los que el farmacéutico puede intervenir de manera proactiva.

Por ello, los especialistas insisten en la importancia de la formación continua sobre las innovaciones terapéuticas de enfermedades tan prevalentes como la hipercolesterolemia, el asma grave o la migraña. Patologías que cuando son atendidas en el servicio de farmacia hospitalaria es porque, por lo general, han fracasado “a varias líneas de tratamiento previas”.

Así se ha destacado en la mesa ‘Últimas novedades terapéuticas: ¿Qué se puede hacer desde la oficina de farmacia?’, que se ha celebrado en la 34ª edición del Congreso Europeo de Farmacia y Salón de Medicamentos y Parafarmacia (INFARMA).

La hipercolesterolemia es el principal factor de riesgo de la enfermedad cardiovascular, siendo esta última la principal causa de muerte en la sociedad. El control de las mediciones histamínicas en la farmacia es clave para cualquier cambio en los niveles de colesterol, tal y como ha recordado Marta Moreno, profesional del Servicio de Farmacia Hospitalaria del Hospital Universitario La Paz de Madrid.

Por su parte, en el caso del asma grave, “existe una necesidad de precisar el tratamiento y la dosis”. En el asma grave no controlada los síntomas persisten pese a recibir tratamiento con una combinación de CGI/LABA/LAMA a dosis elevadas en el último año, o bien glucocorticoides orales durante al menos seis meses del mismo periodo.

“Actualmente han llegado al mercado numerosos fármacos biológicos para el abordaje de esta enfermedad. En este sentido, la oficina de farmacia es clave para controlar la correcta adherencia; si el paciente está tomando el fármaco o si la técnica de administración de inhaladores es la adecuada”, ha puntualizado.

Asimismo, la especialista ha recordado la importancia de identificar el fenotipo de la enfermedad en función del mecanismo fisiopatológico subyacente y de la presencia o ausencia de distintos marcadores inflamatorios para administrar el fármaco correcto.

De la misma forma, la migraña ha experimentado la aprobación de numerosas innovaciones en los últimos años, tanto para su tratamiento como para su prevención. “Es importante explicar al paciente las diferencias entre un tratamiento preventivo y un tratamiento agudo. En el caso de la migraña, la terapia preventiva ayudará a disminuir la frecuencia, severidad y duración de las crisis, así como a mejorar la respuesta al tratamiento agudo”, ha subrayado.

En esta misma línea, Moreno ha enfatizado que hay que detenerse a explicar a los pacientes que los beneficos pueden llegar a tardar “tres-cuatro meses en notarse”. Y que, en cambio, es habitual que "lo primero que sientan sean los efectos secundarios".

Medicina de precisión: farmacogenética

La farmacogenética es la disciplina que estudia el efecto de las variaciones en el ADN de un individuo en su respuesta a determinados fármacos. “La práctica de la farmacogenética ya es una realidad necesaria para individualizar el tratamiento y optimizar la respuesta en base a la genética del paciente”, ha explicado Irene Taladriz, del Servicio de Farmacia Hospitalaria del Hospital Universitario Gregorio Marañón.

La respuesta a los fármacos va a depender de numerosas cuestiones. Por ejemplo, si el paciente tiene una variación genética en las enzimas metabolizadoras, la farmacocinética del fármaco puede estar alterada. En cambio, si presenta alteraciones en la diana terapéutica, puede impactar en la farmacodinámica del medicamento. En cualquier caso, va a presentar variabilidad en eficacia y toxicidad”, ha incidido.

Si se observan los datos, el 25-50 por ciento de las respuestas inapropiadas a los fármacos pueden estar relacionadas con factores genéticos. Por otro lado, un estudio de los 10-15 genes más frecuentes cubre prácticamente el 70 por ciento de toda la medicación habitualmente prescrita. “Por tanto, llevar la farmacogenética a la práctica clínica es una estrategia proactiva de seguridad del paciente”, ha resaltado la especialista

Respecto al papel del farmacéutico en este ámbito, el ASHP Statement on the Pharmacist’s Role in Clinical Pharmacogenomics ya declaró que el profesional debe ser capaz de “recomendar la realización de test farmacogenéticos para facilitar la selección y dosificación de los tratamientos, diseñar regímenes individualizados basados en el perfil farmacogenético del paciente, educar a los pacientes y otros profesionales y comunicar las recomendaciones farmacogenéticas específicas al equipo sanitario”; ha concluido.