La Asociación Nacional de Farmacia del Reino Unido (NPA, por sus siglas en inglés) ha publicado un comunicado en el que alertan de la falta, ya enquistada, de financiación. Esto, según la entidad, empuja a la escasez de medicamentos a los pacientes más vulnerables, ya que, según destacan, el NHS, el sistema sanitario público, únicamente cubre el 20% del coste de algunos fármacos de dispensación común, “lo que obligaba a las farmacias a cubrir el coste restante de su propio bolsillo”.
Según el análisis publicado por la NPA, algunos de esto medicamentos son analgésicos o antidepresivos o incluso para la presión arterial.
De esta forma, la asociación británica cifra en casi 6 millones de libras al mes las pérdidas que, de media, registran las farmacias comunitarias del Reino Unido al dispensar este tipo de medicamentos en situación de infrafinanciación. De hecho, la NPA ya advirtió de que “años de falta de financiación han dejado los suministros en riesgo y a las farmacias enfrentando una presión financiera inaceptable”.
Por ello, conminó al Gobierno de Reino Unido a “poner fin al escándalo de los propietarios de farmacias que subsidian la factura de los medicamentos del país”, y de que, sin una reforma urgente del contrato farmacéutico con el NHS, que está “fundamentalmente roto”, la escasez de medicamentos “solo empeorará y las farmacias podrían verse obligadas a dejar de prestar servicios” al sistema de salud.
Una encuesta de la NPA realizada este año reveló que dos tercios de las farmacias de Reino Unido registraron pérdidas en 2025 y que el 72% de los propietarios de farmacias había recurrido a sus ahorros personales o rehipotecado sus viviendas para mantener sus farmacias abiertas a los pacientes, destaca la entidad.
Por ejemplo, la Aspirina tiene un coste para las farmacias de 3,97 libras, de las que el NHS se hace cargo de 2,18, por lo que las oficinas asumen 1,79, de acuerdo con los datos de la NPA. “Las farmacias en Inglaterra compran medicamentos con receta a mayoristas y reciben el pago mediante un contrato central del NHS, que supuestamente les reembolsa el coste mediante una tarifa de medicamentos. Acuerdos similares rigen el suministro de medicamentos en Gales e Irlanda del Norte”, explican.
No obstante, debido a la fluctuación de los precios al por mayor, los recortes en la financiación pública y la variación en la prescripción médica, la financiación del NHS de Reino Unido a menudo es inferior a los precios de los medicamentos que deben pagar las farmacias, amplían. “Las farmacias han advertido de que el mecanismo de financiación pública está fundamentalmente roto y no apoya a las farmacias individuales, que podrían estar sufriendo enormes pérdidas al suministrar medicamentos del NHS sin tener la culpa”, señalan.
Además, las oficinas británicas han sufrido “enormes reducciones en su financiación en términos reales durante los últimos 10 años y, a pesar de los aumentos recientes, se enfrentan a una brecha de financiación de 2,6 mil millones de libras, según un análisis económico independiente encargado por NHS England a principios del año pasado”.
Sobre esto, Henry Gregg, director ejecutivo de la NPA, tachó de “escándalo” que, con “demasiada frecuencia, las farmacias subsidien el costo de los medicamentos del país. Esto las lleva al borde del cierre y agrava los problemas crónicos de suministro de medicamentos. El gobierno debe dejar de financiar a las farmacias por debajo del precio de costo de los medicamentos; ninguna otra parte del NHS toleraría esto. Al igual que los médicos de cabecera y los dentistas, las farmacias son una parte vital del NHS, pero se ven obligadas a lidiar con un contrato obsoleto y roto que necesita desesperadamente una reforma”.
“Queremos trabajar con el Gobierno para implementar la reforma y brindar atención más cercana a millones de personas, pero si esta situación continúa, existe un riesgo real de que cada vez más personas se vean obligadas a abandonar el NHS o tengan que cerrar por completo”, concluye el experto desde el Reino Unido.
La denuncia continuada de la precariedad de las farmacias inglesas y de Reino Unido
La NPA no es la única institución que ha recogido la situación crítica del sector farmacéutica. La asociación de Farmacia Comunitaria del país ya declaró el “verdadero peligro económico” al que se enfrenta el ámbito, recalcando que necesita con urgencia una hoja de ruta para la recuperación. La entidad dirigió una carta a Stephen Kinnock, ministro de Salud, relatando este contexto. En ella, Jannet Morrison, directora ejecutiva de la asociación farmacéutica, exhortaba al Gobierno británico a que se avanzara “rápidamente hacia la sostenibilidad en las próximas negociaciones del Marco Contractual de Farmacia Comunitaria”.
La petición de los farmacéuticos comunitarios ingleses a su Ejecutivo no se limitaba al corto plazo, sino que solicitan la sostenibilidad y un “plan de recuperación creíble” a largo plazo.
En la carta, Morrison describió la “creciente crisis del sector” y reclamó el acuerdo por la recuperación y la sostenibilidad. Y, advirtió, “si esto no se logra, el Departamento de Salud debe prepararse para mitigar los impactos negativos en el acceso de los pacientes a los servicios y al NHS”.
En un comunicado disponible en la web de la asociación, la Farmacia Comunitaria en Inglaterra exponía las pérdidas monetarias y la acumulación de deudas; “operativamente, las farmacias tienen dificultades para satisfacer la demanda constante de pacientes y del público”. En la carta destacaron asimismo que los cierres de oficinas se han mantenido, “incluso en las zonas más desfavorecidas”, y que se ha observado una reducción del horario de atención.
En la misiva se explica que las razones radican en que “las cuentas estatutarias siguen mostrando la peligrosa situación financiera en la que se encuentran muchas compañías farmacéuticas, generalmente con altos niveles de pérdidas, préstamos y pasivos corrientes netos”. Sin la intervención del Gobierno, advirtieron, “es probable que la disminución directa de la accesibilidad a los servicios continúe”, aseveraba Morrison, y añade que esto podría tener “consecuencias incalculables” para el acceso de los pacientes y el público a los servicios y al NHS.
En la carta remitida al Ministerio de Salud, se enfatizó que, por ejemplo, las farmacias comunitarias inglesas están “en peor situación que hace un año, a pesar del aumento de financiación de 2025, que se ha visto absorbido por la inflación, los cambios impositivos y las presiones operativas”. La red comunitaria de farmacias se enfrenta a déficit de financiación estructural que la asociación cifra en más de dos mil millones de libras, “lo que hace que muchas empresas pierdan dinero cada mes”.
Además, el horario de apertura “se ha reducido drásticamente, con 75.000 horas menos por semana desde mediados de 2023”, en el que destaca un 88% de la atención nocturna.
La entidad farmacéutica inglesa puso de manifiesto las prioridades de negociación para cerrar acuerdos en materias como un plan para subsanar la brecha de financiación, con una indexación adecuada a la actividad y a la inflación; una hoja de ruta a largo plazo; un reajuste de márgenes; avances en el servicio de prescripción de los farmacéuticos comunitarios; y reformas para mejorar la eficiencia y reducir la burocracia.
A este respecto, Morrison declaró que se buscarán “avances claros en estas áreas, y creemos que esto es necesario para mantener no solo la viabilidad de las farmacias, sino también el acceso a los medicamentos y servicios farmacéuticos de los que millones de pacientes, cuidadores y ciudadanos dependen a diario”.
“Si no se da pronto un segundo paso decisivo hacia la sostenibilidad y no se avanza en la hoja de ruta para el futuro, el Departamento de Salud podría tener que gestionar nuevos cambios en la red a lo largo del próximo año. Estos cambios tendrán un impacto directo y negativo en el acceso de los pacientes y del público a los servicios, además de poner en riesgo los planes y ambiciones más amplios del NHS. Hay mucho en juego. Las farmacias comunitarias tienen mucho que ofrecer a los pacientes, a sus comunidades y al sistema de salud en general, pero esto no será posible si no se avanza en la sostenibilidad y se permite que la red colapse”, concluyó Morrison en la carta.