La realidad de la Farmacia en Atención Primaria: marginación, poco reconocimiento e infrautilización

El Informe de Situación Global de la Farmacia de la FIP pone de manifiesto que la falta de conocimiento entre los políticos sobre las funciones de los farmacéuticos es clave para la lenta expansión de los servicios farmacéuticos y su integración en la AP

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En la actualidad, según los datos que maneja la Federación Farmacéutica Internacional (FIP), más de 7% de la fuerza laboral farmacéutica mundial trabaja en entornos comunitarios. Los farmacéuticos son cada vez más reconocidos como contribuyentes esenciales a la cobertura sanitaria universal, ampliando el acceso a los servicios esenciales, medicamentos y servicios de atención primaria (AP).

A lo largo de los años, se ha demostrado que la plena integración de los farmacéuticos en la AP mejora la atención preventiva, el manejo de enfermedades crónicas y la optimización de la medicación. De hecho, la evidencia mundial demuestra que las intervenciones realizadas por farmacéuticos, como la vacunación, mejoran los resultados de salud y reducen la carga de trabajo de otros sanitarios. Sobre ello han ahondado en el Informe de Situación Global de la Farmacia (GSRP), presentado en el marco del 83º Congreso Mundial de Farmacia y Ciencias Farmacéuticas de la FIP.

Un papel poco reconocido e infrautilizado

Pese a que en los últimos años, ha habido un compromiso mundial sin precedentes para lograr la cobertura sanitaria universal para 2030, aún hay una serie de barreras que superar. En el informe de la FIP ponen sobre la mesa que el acceso a medicamentos esenciales sigue siendo desigual, especialmente en entornos de bajos recursos. Muchos sistemas de salud se enfrentan a cadenas de suministro fragmentadas, escasez de personal y una deficiente integración entre los niveles de servicio, lo que resulta en una disponibilidad inestable y crecientes disparidades, especialmente en zonas rurales o desatendidas.

Como puntos a abordar, señalan que el papel de los farmacéuticos en la atención primaria sigue siendo poco reconocido e infrautilizado en muchas estrategias nacionales. Además, sacan a colación que en la práctica la AP sigue estando infrafinanciada y fragmentada en muchos países. "Los sistemas de salud suelen centrarse en hospitales y médicos, con un enfoque político o un apoyo presupuestario limitados para la AP". Asimismo, inciden en que la farmacia comunitaria suele verse "marginada" o "abandonada a su suerte" en el sector privado, con escasas regulaciones. De hecho, denuncian que, en algunos entornos, las restricciones regulatorias y la falta de remuneración limitan la labor de los farmacéuticos, incluso cuando sus contribuciones podrían fortalecer la prestación de la atención primaria.

Además, mencionan que la forma en que la farmacia se refleja en las estrategias nacionales de salud varía considerablemente. "Algunos países cuentan con políticas integrales de atención farmacéutica integradas en la planificación de la AP, mientras que otros la excluyen por completo de sus planes de cobertura sanitaria universal". "Abordar estas deficiencias es esencial para lograr un progreso inclusivo y sostenible hacia la salud para todos", añaden.

Según indican, una barrera obsoleta pero persistente para la integración de la farmacia en la atención primaria es la clasificación errónea histórica y el poco reconocimiento de los farmacéuticos en el desarrollo de políticas de salud. Al respecto, lamentan que, tradicionalmente, los farmacéuticos han sido vistos como proveedores “complementarios” o simplemente como dispensadores de medicamentos, en lugar de ser considerados idealmente como proveedores de atención primaria. "Esta obsolescencia ha contribuido a una legislación restrictiva y a la omisión de la farmacia en la planificación de la APS en muchos países", afirman.

Desincentivos financieros a la prestación de servicios

Otra de las cuestiones que agrava la situación es la ausencia de condición de proveedor en muchas jurisdicciones. "En algunos países, los farmacéuticos no están legalmente reconocidos como proveedores de atención médica, lo que significa que no pueden facturar consultas o intervenciones clínicas", infoman desde la FIP. "Esto crea un desincentivo financiero y práctico para la prestación de servicios más allá de la dispensación", garantizan. "Un farmacéutico que dedica tiempo adicional al control de la presión arterial de un paciente puede no recibir compensación, lo que hace insostenible la prestación de dicho servicio", relatan.

A nivel de políticas, los farmacéuticos a veces han sido agrupados en categorías ambiguas como "profesionales de la salud aliados" o incluso "proveedores de nivel medio". En este sentido, indican que el término “nivel medio” en sí mismo es "controvertido". La Organización Mundial de la Salud (OMS) define a los proveedores de nivel medio como aquellos con 2 a 3 años de capacitación, capaces de realizar tareas básicas de diagnóstico y tratamiento; esto no refleja los 4 a 6 años de educación académica y clínica que normalmente se requieren para los farmacéuticos. "Esta falta de reconocimiento no solo desperdicia un valioso recurso sanitario, sino que también transfiere cargas evitables a los médicos", mencionan. "Tareas que los farmacéuticos están bien capacitados para gestionar -como la revisión de medicamentos, la educación del paciente y la atención preventiva- a menudo se dejan en manos de los médicos, lo que contribuye al exceso de trabajo, el agotamiento y los largos tiempos de espera de los pacientes", añaden.

Hasta hace poco, pocos países medían sistemáticamente indicadores como las intervenciones farmacéuticas per cápita o las tasas de revisión de medicamentos en atención primaria. "Lo que no se mide, a menudo, no se gestiona ni se valora", subrayan. "Superar la clasificación errónea de las farmacias comunitarias implica esencialmente cambiar mentalidades y defender la formulación de políticas basadas en evidencia: reconocer a los farmacéuticos como participantes esenciales en la prestación de servicios de atención primaria y permitir un mayor acceso público a conocimientos directos e impactantes sobre medicamentos con una regulación inteligente".

Llamada a la acción

Según establece el informe de la FIP, tanto los gobiernos como los ministerios de sanidad deben reconocer e integrar formalmente a los farmacéuticos en las estrategias nacionales de cobertura sanitaria universal y de atención primaria, incluso mediante reformas legislativas y ámbitos de práctica ampliados. Además, deben garantizar modelos de financiación y remuneración sostenibles para los servicios dirigidos por farmacéuticos, como la gestión de medicamentos, las vacunaciones, la atención de enfermedades crónicas y las intervenciones preventivas e integrar indicadores específicos de las farmacias en los marcos nacionales de información sanitaria y de seguimiento de la cobertura sanitaria universal para seguir el progreso y orientar las reformas de políticas utilizando datos mensurables.

Con respecto a los organismos reguladores y las responsabilidades de los políticos, mencionan que se deben modernizar los marcos regulatorios para reflejar las capacidades clínicas de los farmacéuticos, yendo más allá del rol de dispensación para permitir contribuciones más amplias a la atención primaria, incluida la prescripción y los servicios de salud pública. A su vez, apelan porque las instituciones educativas y los profesiones revisen los programas de estudio de farmacia para alinearlos con las prioridades de la cobertura sanitaria universal y la atención primaria de salud, incorporando competencias en prevención, promoción de la salud y gestión de enfermedades crónicas. También inciden en que deben fortalecer el desarrollo profesional continuo para apoyar la adaptabilidad de la fuerza laboral y la ampliación de la práctica, en particular en entornos desfavorecidos.

Inclusión y liderazgo

Poniendo el foco en las asociaciones profesionales y el liderazgo farmacéutico, hacen hincapié en que se apueste por la inclusión de los farmacéuticos en las políticas nacionales de salud, las estrategias de fuerza laboral y los esquemas de financiamiento de atención primaria. Además, sostienen que se debe liderar la promoción basada en datos recopilando y mostrando el impacto de la farmacia en los resultados de la cobertura sanitaria universal, incluidos estudios de casos, indicadores de la fuerza laboral y utilización del servicio.

Sobre ello, también corroboran que la falta de conocimiento entre los responsables políticos sobre las posibles funciones que pueden asumir los farmacéuticos sigue siendo una razón clave para la lenta expansión de los servicios farmacéuticos y su integración en la AP. "El resultado de estas lagunas políticas puede describirse como una infrautilización de funciones: si bien los farmacéuticos están capacitados y son capaces de prestar una gama mucho más amplia de servicios de AP, a menudo no están autorizados ni remunerados para hacerlo", recriminan. "Por ejemplo, a pesar de la sólida evidencia que demuestra que el manejo de la hipertensión o la diabetes dirigido por farmacéuticos mejora los resultados clínicos, a muchos farmacéuticos aún se les prohíbe realizar revisiones de medicamentos, ajustar terapias o brindar intervenciones de atención estructurada", enfatizan.


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