La Federación Farmacéutica Internacional (FIP, por sus siglas en inglés) ha publicado este mes una guía en la que facilita a los profesionales las habilidades y los conocimientos que se necesitan para, desde el sector, minimizar el impacto medioambiental que tienen los medicamentos, a lo largo de todo su ciclo de vida. Según este documento, los farmacéuticos cuentan con una “posición única para liderar los esfuerzos destinados a reducir el impacto medioambiental de los productos farmacéuticos y promover la sostenibilidad en los sistemas sanitarios”.
El informe medioambiental de la Federación incide en que, si bien “las investigaciones demuestran que los farmacéuticos reconocen el cambio climático como una amenaza significativa para la salud, muchos no tienen claro cuál es su papel específico a la hora de abordar estos retos”.
Por ello, en el documento se aglutinan tanto el trabajo por mitigar el impacto medioambiental reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero, previniendo la contaminación e implementando prácticas sostenibles, así como estrategias de adaptación “centradas en el desarrollo de servicios de salud resilientes al clima que mantengan la accesibilidad y la calidad a pesar de los retos medioambientales. Esta guía hace hincapié en los puntos de intersección entre la sostenibilidad medioambiental, la equidad en la salud, el desarrollo de la fuerza laboral y la accesibilidad a los recursos”.
Para ello, la guía ofrece una serie de consejos, a través de conocimientos, habilidades y actitudes, con los que los farmacéuticos pueden contribuir a la mitigación del impacto medioambiental en el ciclo de vida de los medicamentos.
Qué hay que saber y cómo actuar para reducir el impacto medioambiental de los medicamentos
El núcleo de la guía de la FIP contempla una serie de conocimientos, así como de habilidades y actitudes, que los profesionales de Farmacia pueden tener de cara a reducir la contaminación generada por los medicamentos, desde su elaboración hasta el fin de su ciclo de vida.
Para ello, en primer lugar, los farmacéuticos deben tener conocimientos sobre el impacto medioambiental de los medicamentos, así como de las tecnologías y las herramientas digitales. Además, la FIP recomienda saber sobre compra sostenible y regulación para prevenir, de esta forma, la contaminación y fomentar la eficiencia de recursos. Asimismo, estos conocimientos básicos incluyen los diferentes impactos que tienen las formulaciones y vías de administración en el medio ambiente, por ejemplo, los inhaladores.
Las habilidades que, para la mitigación del impacto medioambiental, tienen que tener los farmacéuticos para la Federación pasan por mejorar las cadenas de suministro para evitar sobrepoblación de stock y reducir los residuos, implementar medidas de eficiencia energética en oficinas de farmacia, poner en marcha programas de devolución o redistribución segura de fármacos, tanto en el ámbito hospitalario como el comunitario, o establecer conversaciones con compañeros y pacientes sobre responsabilidad ambiental y uso sostenible de medicamentos.
Así, sobre las actitudes de los farmacéuticos, la FIP incide en la proactividad y el compromiso con la sostenibilidad como parte de la calidad asistencial, en la formación continua y el trabajo en colaboración, la promoción de las compras éticas y la transparencia y en promover el papel de los pacientes en la minimización del impacto medioambiental.
Otro punto clave que, en el ámbito de la práctica general, señala esta entidad a este respecto es la adaptación, que se basa en preparar la labor farmacéutica para dar respuesta a los efectos del cambio climático. Para ello, los conocimientos clave que recomiendan desde la FIP son la forma en que el clima afecta a la eficacia de los medicamentos, su disponibilidad y el comportamiento del paciente, modificaciones en patrones de las dolencias y la vulnerabilidad de determinados colectivos, los puntos débiles de las cadenas de suministro ante emergencias climáticas o, por ejemplo, factores sociales que influyen en la Salud Pública y la adherencia al tratamiento.
Y para abordar estas problemáticas, se necesitan habilidades como adaptar el almacenamiento, la distribución y la compra de medicamentos a situaciones de emergencia, llevar a cabo cribados como método de cuidado ante la salud ambiental y formar parte de las investigaciones y las vigilancias sanitarias relativas al cambio climático.
Con estos objetivos, la FIP destaca actitudes como promover la accesibilidad a servicios y medicamentos, la capacidad de divulgación para bajar la información a recomendaciones prácticas o, por ejemplo, reconocer a la farmacia comunitaria como centro de resiliencia climática.
Práctica clínica, industria, academia y regulación
El informe especifica, por campos como la práctica clínica, la industria, la academia y la regulación, incidiendo en los mismos aspectos.
En cuanto a la práctica clínica, se recomienda conocer la optimización de rutas y la logística sostenible, como, por ejemplo, en lo que atañe a envíos compartidos, en la reducción de la polifarmacia y la deprescripción, sobre el impacto medioambiental de ciclos de vida de productos como los inhaladores o las prácticas seguras de desecho, además de la implicación del paciente y uso de tecnologías para mejorar la adherencia. Las habilidades pasan por una rotación eficiente del stock, la coordinación con otros profesionales o la evaluación de la redistribución de medicamentos siempre que sea seguro y legal. Y, para ello, se debe tener una actitud proactiva para minimizar los residuos, una visión multidisciplinar y la orientación a la personalización y el seguimiento.
Sobre la industria, la FIP hace hincapié en conocimientos como principios de química verde, digitalización para reducir desechos, la gestión sostenible del agua o sistemas de reciclaje de los embalajes, para lo que se han de tener habilidades como sustituir disolventes peligrosos por alternativas seguras, aplicar la química verde, reducir el uso de papel o ahorrar agua.
En el ámbito académico, la entidad aconseja integrar conocimientos sobre sostenibilidad medioambiental en la práctica farmacéutica dentro de los itinerarios de estudios, por ejemplo, para lo que es necesario diseñar los cursos con resultados de aprendizaje basados en dicha sostenibilidad, aplicar modelos de cambio para educación sanitaria y centrar la formación en el paciente.
Y, por último, en cuanto a la regulación, la Federación destaca la integración de evaluaciones de riesgo medioambiental al autorizar medicamentos o la disminución de emisiones relacionadas con desplazamientos sanitarios, con lo que se debería habilitar un marco de políticas nacionales para gestión de residuos o promover la economía circular en farmacia, además de poner en marcha plataformas en las que se compartan datos de impacto ambiental.