El Consejo General de Colegios de Farmacéuticos (CGCOF) ha ofrecido hoy un webinar online en el que se ha abordado la labor de los farmacéuticos comunitarios con los pacientes con obesidad.
Con el patrocinio de Lilly y Novo Nordisk, el seminario ha contado con la participación de Raquel Varas, responsable de Campañas Sanitarias del Consejo, Federico Luis Moya, presidente de la Asociación Nacional de Personas que viven con Obesidad (ANPO) y vicepresidente de la Coalición Europea para las Personas que viven con Obesidad (ECPO) y Carmen del Campo, farmacéutica comunitaria y nutricionista en Ciudad Real y vocal nacional de Alimentación del CGCOF.
Varas ha sido la encargada de intervenir en primer lugar para presentar a los dos ponentes. Moya ha sido el primero en tomar la palabra para agradecer al Consejo que se aborde “una enfermedad con mayúsculas y que está estigmatizada”: la obesidad. Su asociación trabaja principalmente en España y su objetivo primordial es que se califique a la obesidad como una patología, además de dar apoyo e información a las personas que conviven con la dolencia.
Moya destaca que “hay estudios que afirman que hay más de 230 comorbilidades asociadas a la obesidad, además de las más conocidas, están el alzhéimer o la demencia”. “El paciente no ha decidido vivir con esta patología, la enfermedad le ha escogido. Para mejorar hay que cambiar hábitos de vida”, y para ello, resalta la importancia de la escucha por parte de los profesionales sanitarios.
La importancia de la cercanía y la accesibilidad
En cuanto a la labor de los farmacéuticos, el presidente de ANPO asegura que “no hay que recriminar nada, sino agradecer la cercanía”. Y, en este sentido, sobre este tema amplía Carmen del Campo al señalar que el farmacéutico comunitario, por la accesibilidad y la alta frecuencia de visita, tiene una “posición privilegiada, también con los pacientes que ya han sido diagnosticados” de obesidad.
La Farmacia Comunitaria, explica la vocal de Alimentación del CGCOF, facilita información personalizada sobre tratamientos que pueden seguir o que ya siguen los pacientes, y “ofrecemos consejo de medidas no farmacológicas y consejo sanitario para mejorar la adherencia”.
Dentro de la Farmacia Comunitaria, continúa, se encuentran los ámbitos de promoción de la salud y prevención. Y para conseguir una evaluación integral se puede emplear, por ejemplo, el registro de antecedentes, como de trastornos de la conducta alimentaria o de diabetes; información sobre los hábitos dietéticos; determinar el nivel de actividad física; determinar barreras que refieren para alimentarse mejor o hacer ejercicio…
Y hay que prestar un “especial interés al impacto psicosocial, cómo percibe su peso, si ha intentado perder peso, signos y síntomas de ansiedad y depresión que pueden obstaculizar el tratamiento…”. Esta labor comienza desde el servicio de dispensación, con o sin receta. “Se obtiene información, se evalúa, se interviene si es necesario y se registra el servicio prestado”, informa.
“Hay que saber si se trata de inicio o continuación de tratamiento. En el primer caso, es necesario precisar si conoce su medicación y la forma de consumo, hay que tender la mano al paciente para que él pueda plantear sus dudas”, incide. La información, de esta forma, se expone de forma sencilla, cuidando el lenguaje para que sea un punto de apoyo positivo.
En el segundo caso, se averigua si el tratamiento efectivo. “En la entrevista se verifica que se toma el fármaco de forma adecuada, si le han cambiado pauta, si hay problemas, si la dosis es adecuada, incidir en las reacciones adversas e interacciones con otros fármacos y con los alimentos…”.
A este respecto, e incidiendo en las interacciones, se ayuda a los pacientes a mejorar la adherencia. Del Campo destaca la labor de prevención de interacciones entre fármacos y con alimentos, para evitar fallos terapéuticos y la autosuspensión del tratamiento. Para ello, los farmacéuticos facilitan información personalizada sobre el tratamiento, ofrecen educación sanitaria y, en caso de ser necesario, se deriva a otros servicios farmacéuticos o sanitarios. Además, promueven otras modificaciones, como de hábitos de vida y se notifica a farmacovigilancia, llegado el caso.
Al concluir el webinar, ha dado lugar al turno de preguntas. Una de las cuestiones que se ha planteado ha sido la falta de información, en ocasiones, que adolecen los pacientes con obesidad que acaban de ser operados. Sobre esto, del Campo ha especificado que desde la Farmacia se puede ayudar a entender las pautas con las que los pacientes llegan del hospital tras una operación, también en lo que se refiere a la dieta.
Otra de las preguntas ha girado en torno a casos de pacientes con obesidad y depresión que se niegan a acudir a consulta. “Hay que reconocer síntomas y, de forma positiva, sugerir que se puede mejorar la calidad de vida. Hay que conocer al paciente y saber cuál es la mejor forma de iniciar el tratamiento”, ha concluido la vocal de Alimentación del CGCOF.